27 de septiembre de 2017 5:00 hs
Por Fabiana Culshaw, especial desde Colombia

Estaba todo previsto. Este miércoles, representantes del gobierno de Nicolás Maduro y la oposición debían reunirse otra vez en Santo Domingo en el marco de una nueva ronda de negociaciones para alcanzar una salida a la grave crisis institucional y política de Venezuela.

Pero la oposición pateó el tablero y anunció que no participará del encuentro, por entender que no existen las condiciones mínimas para ello. "No nos vamos a prestar para shows del gobierno", dijo el negociador Luis Florido.

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La razón de fondo no es precisamente nueva. Según la oposición, el gobierno no aceptó algunos de sus planteos para iniciar un verdadero diálogo.

Aunque su postura ya era conocida, la oposición sigue exigiendo la realización de elecciones presidenciales libres y transparentes en 2018 (como lo establece la Constitución), con un poder electoral nuevo, y garantías también para las elecciones regionales del próximo 15 de octubre.

Pero también reclama la liberación de los presos políticos, la restitución de las funciones de la Asamblea Nacional (que fue declarada en desacato por el Tribunal Supremo de Justicia) y la atención a la emergencia humanitaria.

A su vez, el gobierno –que niega la existencia de presos políticos– reclamó el reconocimiento de la Asamblea Nacional Constituyente, un organismo con suprapoderes, integrado solo por oficialistas y al que la oposición califica como "fraudulento".

Precisamente, este es uno de los puntos de fricción e irreconciliables, pues la oposición no transigirá en ese aspecto.

Sus dirigentes consideran que hacerlo implicaría renunciar a los valores democráticos y no está dispuesta a que eso pase.

La reunión hubiera dado continuidad al primer encuentro, realizado a mediados de mes, también en República Dominicana, a instancias de su presidente, Danilo Medina, con el apoyo de la ONU y del expresidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.

Ya en esa primera reunión no hubo avances y fueron evidentes las profundas diferencias entre las dos partes.

Por ejemplo, mientras el oficialismo manifestó que ese encuentro fue un diálogo "formal", la oposición aclaró que solo tuvo carácter "exploratorio" y que el "diálogo" solo será posible en caso de que se cumplan una serie de condiciones previas, algo que hasta el momento no sucedió.

La delegación del gobierno fue encabezada por Jorge Rodríguez –uno de los hombres fuertes del oficialismo–, mientras que la oposición estuvo liderada por el presidente de la Asamblea Nacional –llevada a su mínima expresión por la Asamblea Constituyente–, Julio Borges.

Pesimismo

El presidente del Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales, Kenneth Ramírez, reveló a El Observador que una mayoría de venezolanos expresa un "gran escepticismo" ante esta ronda de conversaciones.

En su opinión, "no es la primera vez que se da algún tipo de acercamiento sin ningún resultado".

Ramírez dijo que la desconfianza mutua entre el gobierno y la oposición no permite generar un clima de entendimiento, a pesar del interés de buena parte de la población y de la presión de la comunidad internacional para alcanzar una solución.

El analista consideró que el gobierno venezolano se expone a recibir nuevas sanciones económicas, sobre todo de parte de Estados Unidos y la Unión Europea, si fracasan las negociaciones.

"El oficialismo tiene que sopesar muy bien hasta qué punto continuará exponiéndose", señaló Ramírez.

Por otra parte, seis países estaban acompañando este nuevo intento de diálogo: Bolivia y Nicaragua (elegidos por el gobierno), además de México, Chile y Paraguay (escogidos por la oposición).

Unas 40 naciones de todo el mundo también estaban al tanto de la evolución de estos contactos, además de organismos internacionales como la OEA, cuyo presidente, el uruguayo Luis Almagro, se enfrentó al gobierno de Maduro y reclamó la plena vigencia de los derechos democráticos.

Ya hubo antes dos intentos frustrados

Esta es la tercera vez que las partes intentan acercarse desde 2014.

La primera fue luego de "La Salida", una campaña política opositora contra el gobierno, que terminó con la detención del líder opositor Leopoldo López.

La segunda vez ocurrió en 2016, cuando el papa Francisco ofreció que el Vaticano interviniera como facilitador en el conflicto venezolano, pero tampoco pudo ayudar.

En esta oportunidad, el diputado opositor Luis Florido dijo que la oposición ya aprendió "la lección con el gobierno" de Nicolás Maduro.

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