10 de agosto de 2011 18:21 hs

A veinte años de la creación del Mercosur, la integración de la producción cinematográfica entre Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay todavía no se concretó. ¿Y por qué esto no es bueno? Simplemente, porque de esa manera hay menos cine regional. Buscar maneras de fomentar esta cooperación audiovisual fue el objetivo del diálogo entre representantes de productoras privadas e institutos de cine regionales ocurrido durante el 39º Festival de Cine de Gramado.

“Las mayoría de las co producciones de Brasil y Argentina, que son los países con mayor capacidad de proyectos, están vinculadas a Europa: Brasil a Portugal y Argentina a España”, resumió el productor y guionista argentino Horacio Grinberg. Entre las siete películas extranjeras en carrera en Gramado, tres tuvieron costos y equipo compartidas por más de un país latino, y mayormente, España. Uno de estos casos es La lección de pintura, del director chileno Pablo Perelman, dividida entre su país, México y España.

“La verdad es que es una coproduccion bastante equilibrada: yo soy chileno, los roles protagónicos son interpretados por un actor mexicano y por una actriz española, el director de arte es mexicano, y la fotografía es de un español”, sintetizó Perelman.

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Creado en 1991, el bloque comercial entre naciones sudamericanas no fomentó el sector audiovisual como esperaban los cineastas.

Actualmente, además de Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, Venezuela está en proceso de adhesión al Mercosur, que además, tiene entre sus miembros asociados a Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú.

En sus dos décadas de existencia, las industrias cinematográficas se desarrollaron individualmente – sobre todo las de Argentina y Brasil– apoyadas más por los fondos europeos que por acciones de estimulo propias del continente.

Datos obtenidos por la investigadora argentina Marina Moguillansky muestran que hasta el año 2000, el promedio de realizaciones comunes entre los cuatro países miembros del bloque no llegó a una cinta al año, mientas que desde ahí hasta 2009 el número superó las tres películas coproducidas anuales.

El crecimiento de proyectos compartidos, sin embargo, es consecuencia de la apertura de la primera convocatoria del fondo iberoamericano de fomento al cine, el Ibermedia, que desde 1997 tiene una linea especifica para subsidiar coproducciones latinas.

“El cine uruguayo no sería el mismo sin Ibermedia. Pero este es un programa que favorece todavía más a los grandes países y a los grandes productores que a los chicos. No es fácil para un joven cineasta lograr un subsidio como este”, admitió el director de Instituto del Cine y el Audiovisual del Uruguay (ICAU), Martín Papich. Entre 1991 y 2009, la mitad de las 54 películas producidas por más de un miembro del Mercosur contaron con la participación de España, que aporta un 30% del presupuesto de este programa.

Falta de interés
Desde 2003, los gobiernos empezaron a buscar mecanismos públicos de fomento a los proyectos colectivos. Algunos acuerdos fueron firmados y resultaron en un incremento de las cooperaciones. Sólo en 2004, por ejemplo, 19 películas tuvieron la participación de más de un país del Mercosur; sin embargo, esa situación no se mantuvo en los años siguientes, que presentaron números muy irregulares, variando, por ejemplo, de dos películas comúnmente hechas en 2007, a nueve en 2008.

“La verdad es que nunca hubo realmente una coordinación de las políticas de fomento en términos regionales”, lamentó Grinberg,

Puntualmente, la razón para esta falta de interés por los vecinos puede ser justificada, en el caso de los dos grandes –Argentina y Brasil– por tratarse de países que ya poseen un mercado consolidado de producciones cinematográficas. A su vez, Uruguay y Paraguay, con insuficientes fondos propios, sólo pueden desarrollar proyectos si se asocian a países más experimentados, y nunca entre entre ambos.

“Para nosotros, que somos un país con menor grado de desarrollo, producir es un sinónimo de coproducir”, asumió el director del ICAU.

De hecho, la cooperación más frecuente en el sector del audiovisual se da entre Argentina y Uruguay.

Brasil empezó recientemente a invertir en los vecinos, lanzando dos fondos para fomentar la integración con Argentina y Uruguay en el sector audiovisual, en los que su aporte financiero es bastante más elevado que la contrapartida uruguaya.

“Tengo la impresión que Brasil siempre vio con desprecio posibles colaboraciones con el Mercosur, pero ahora la Agencia Nacional de Cinema (Ancine) está desarrollando una política meritoria”, ponderó el presidente del Sindicato de la Industria del Audiovisual del Río Grande del Sur (SIAV/RS), Beto Rodrigues.

Madre patria y celuloide
Entre los dos grandes, la barrera es la diferencia entre las formas de subsidiar un proyecto. Mientras que en Brasil la mayor parte de las películas son financiadas por inversiones de empresas privadas que pueden ser descontados del impuesto correspondiente, en Argentina el mecenazgo proviene a través de los fondos públicos, manejados por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, que impone estrictas reglas para aprobar proyectos.

La inversión española en las producciones latinas gana aún más destaque por tratarse de apoyo a proyectos en los que los realizadores mayoritarios no son del propio país.

España aporta recursos fundamentalmente en películas pensadas y ejecutadas por equipos de otras regiones. “Es una vía aún poco explorada entre los países sudamericanos”, apuntó el director del Instituto del Cine y el Audiovisual del Uruguay, Papich.

Muchos participantes de la mesa de debate coincidieron que es difícil que un productor latinoamericano acuda a los encuentros de negocios regionales con el propósito de asociarse a un proyecto.

“Cada uno busca apoyos para sus propias ideas; todavía no tenemos la cultura de asumir el riesgo y apostar en una producción minoritaria”, agregó Papich.

Crear redes para el debate y buscar desarrollar proyectos conjuntamente desde su inicio puede ser una alternativa para superar este problema, que para muchos de los realizadores que estaban en el seminario es una cuestión de confianza.

“Coproducir una película es un tremendo lío, porque involucra distintos intereses y exige adecuaciones al producto final. Si uno alcanza a producir una película solo, no hay razón para asociarse a otro”, admitió la productora brasileña Monica Schmiedt, que recaudó los recursos necesarios en dos películas compartidas: Anahy de las Misiones (1994) y Extremo Sur (2004), coproducidas respectivamente con Argentina y Chile.

“Quizás si creáramos fondos para desarrollar proyectos, esto evitaría la búsqueda de un co producor solamente para lograr acceder a la convocatoria”, completó la productora.

Un ejemplo de cómo los proyectos pueden convergir es el Foro entre Fronteras, que congrega productores del norte de Río Grande del Sur, nordeste de Argentina y sudeste de Paraguay, que en común tienen la localización geográfica en las divisiones de sus países.

Este grupo de realizadores empezó a reunirse hace cuatro años y en 2010 concluyó los primeros cuatro documentales producidos y ejecutados por equipos multinacionales, aunque llevan la firma de los países en los que originaron los argumentos: uno de Brasil, uno de Paraguay y dos de Argentina.

Para 2012, el plan es desarrollar otros seis relatos, con el mismo formato utilizado hasta ahora: desde las convocatorias hasta la ejecución de cada film, todas las etapas cuentan con personal de todos los países.

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