El presidente Luis Lacalle Pou, gracias más que nada a un sólido manejo de la pandemia, mantiene, a esta altura de su presidencia, porcentajes de popularidad mucho más elevados que los de sus predecesores.
El presidente Luis Lacalle Pou, gracias más que nada a un sólido manejo de la pandemia, mantiene, a esta altura de su presidencia, porcentajes de popularidad mucho más elevados que los de sus predecesores.
El Frente Amplio, por su lado, está atravesando una situación con graves visos de crisis. Si este panorama se mantuviera, es justificable pensar que quien suceda a Lacalle Pou en las próximas elecciones será alguien que también provenga del Partido Nacional. La clara ventaja competitiva de un partido político sobre una coalición de varios partidos puede perfectamente negar este resultado.
En un sistema parlamentario, si un socio minoritario en una coalición retira el apoyo, el gobierno puede caer y hacer necesario el llamado a nuevas elecciones. Esto obviamente no ocurre en un sistema presidencial. En el caso de Uruguay, que el Partido Colorado o Cabildo Abierto no voten proyectos de ley presentados por el gobierno no tiene otro efecto más allá de crear brechas en la coalición.
Las ambiciones presidenciales de Guido Manini Ríos lo llevarán a tratar de mostrar que cuenta con las condiciones necesarias para suceder a Lacalle Pou en el próximo período. La manera natural de lograr este objetivo será presentando y/o apoyando iniciativas que lo distingan, aún cuando estas no sean consistentes con el plan de gobierno promovido por el PN. El proyecto de Ley Forestal es un buen ejemplo. Es lógico asumir que a medida que se aproxime el 2024 este tipo de ejemplo se hará cada vez más frecuente y la brecha entre el PN y CA cada vez más profunda.
Algo similar seguramente sucederá con respecto al PC excepto que en este caso más que aspirar a la presidencia la motivación será mantener un mínimo nivel de relevancia política. A partir del fiasco de Ernesto Talvi, al partido le será difícil establecer un candidato a la presidencia que le permita preservar sus bancas en el Poder Legislativo. Isaac Alfie es el referente del PC con más peso dentro del gobierno. Si decidiera postularse a la presidencia, tendría que mostrar que sus propuestas son superiores a las que provengan del PN lo que también crearía una brecha en la coalición. Algo similar sucedería si Pedro Bordaberry decidiese volver a la política activa.
El PN, el PC y CA tendrán en junio del 2024 sus elecciones internas en las que se determinarán sus respectivos candidatos a la presidencia. Entre esa fecha y las elecciones de octubre, la coalición pasará a ser una mera ficción. Estos tres candidatos competirán entre ellos para determinar quien llegará segundo en esas elecciones y así obtener el derecho a enfrentar al FA en el balotaje.
El FA por su parte está cursando una difícil transición. Por las razones que todos conocemos, no contará en las próximas elecciones con ninguno de sus tres pilares: Tabaré Vázquez, José Mujica y Danilo Astori.
El partido está llevando a cabo una dura autocrítica tanto sobre su gestión gubernamental, como sobre la conducción de su última campaña electoral. Nuevos subgrupos han aparecido resaltando profundas divisiones internas. Sin embargo, el ser un partido y no una simple coalición le permitirá llegar a las próximas elecciones con una unidad que hoy quizás resulte difícil de vislumbrar. Al igual que los tres partidos mayoritarios en la coalición de gobierno, el FA también tendrá su elección interna en junio del 2024. De ella surgirá un único candidato. A partir de ese momento las divisiones internas, por profundas que sean, quedarán temporariamente sumergidas. Todos los grupos y subgrupos lucharán para que ese candidato maximice su caudal electoral ya que de éste resultará el número de senadores y diputados que obtendrá el partido en la primera vuelta. Esta actitud continuará hasta el balotaje dado que el objetivo de retomar el gobierno mantendrá unidos a todos los integrantes del partido.
Carolina Cosse, Yamandú Orsi y Mario Bergara son los nombres que más se mencionan como futuros líderes del FA. Si los dos primeros llevan a cabo buenas gestiones en sus respectivas intendencias, serán probablemente los favoritos en la elección interna del FA. Es perfectamente posible que ambos integraran la fórmula para presidente y vicepresidente en el orden que surgiera de esa elección.
Una vez superada la pandemia, el país deberá abocarse a la recuperación de la economía. Si esa recuperación no se logra en forma suficientemente rápida y robusta, es muy posible que, justa o injustamente, se genere un sentimiento de nostalgia por el equipo económico que manejo la economía durante los quince años de gobierno del FA. Esto le daría al FA la posibilidad de anunciar que, de ganar las elecciones, el Ministro de Economía sería Bergara quien cuenta con la credibilidad de haber ya ocupado con distinción, no solo ese cargo, sino también la presidencia del Banco Central.
Muchos argumentan que el balotaje hace innecesaria la fusión de distintos partidos con una orientación política similar. Al igual que en elecciones pasadas, las del 2019 mostraron que esto es una simple quimera.
Daniel Martínez obtuvo en la primera vuelta 949,376 votos y en el balotaje 1,152,271. O sea que más de cien mil votantes que el PC y CA le sacaron al FA en la primera vuelta volvieron a este en el balotaje.
Sería irónico que el balotaje, que fue inicialmente instituido en la Reforma de la Constitución del 1996 para dificultar la ascensión del FA al poder, terminara entregándoselo una vez más.