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Espectáculos y Cultura > CRÓNICA DEL SHOW

Patti Smith en Montevideo: gritos de libertad, un llamado a la acción y una fiesta punk

La artista tuvo su comunión con el público local en un show removedor y poderoso

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21 de noviembre de 2019 a las 11:07

¿Cómo le explico lo que pasó anoche en el Teatro de Verano? ¿Cómo describirlo? ¿Cómo puedo unir palabras de una forma elegante y certera después de haber visto y escuchado a una de las grandes poetas de la música? Puedo intentar enumerar una serie de características: fue un concierto de rock. Y uno excelente. Pero no alcanza.

Fue una visita de una de las grandes figuras del rock, y encima la de una de las pocas mujeres en ubicarse en el panteón de ese género. Pero Patti Smith no es solo una roquera, es también poeta, una premiada escritora y activista. Y lo de este miércoles tuvo también algo de eso. Fue un espectáculo de poesía y fue un acto. Una manifestación. Una proclama. En el que la oradora principal gritó desde el escenario que todos somos libres. Que tenemos el poder y lo usamos cada vez que votamos, cada vez que tomamos una decisión, cada vez que hacemos –o no hacemos– algo por cuidarnos a nosotros y al planeta. Y que la noche es nuestra. 

El show de Patti Smith fue una celebración. Una comunión entre un público que se notaba que la estaba esperando, y con los brazos abiertos. Que la ovacionó de principio a fin, le festejó todo. Había un montón de madres e hijas, de parejas y de grupos de amigas que peinaban solo canas y que, sin duda, hace tiempo querían ver a su referente desde cerca. Fue un acto de descarga, un acto de felicidad y de reconocimiento. ¿Cómo resumirlo? Fue un show de Patti Smith. Y fue hermoso.

Escupitajos, poemas y libertad

La noche no podía ser mejor. Calurosa, sí, pero con una brisa costera que hacía todo más llevadero y amable. Mientras que la bíblica tormenta que bañó el show de Nick Cave el año pasado le dio un toque de épica imborrable a esa presentación, esta vez el clima también hizo lo que había que hacer para el festival Primavera 0 y rodeó la noche de Smith y su banda con el ambiente perfecto. 

Sobre el escenario, la dupla Luciano Supervielle - Pedro Dalton ofreció un onírico e intenso preludio que dejó todo servido de la mejor forma para que la artista de 72 años emergiera, con el rostro envuelto en sus canas rebeldes, saco, chaleco y pantalón negro sobre una remera blanca, acompañada por sus músicos, y se llevara el primer baño de cariño de la noche. 

Con su pinta de abuela simpática y de anciana sabia, Smith demostró también que cada uno envejece como quiere –y como puede– y que a los 72 años se puede aguantar la intensidad de un show de rock sin problemas, cantando siempre con la misma calidez y potencia, moviéndose de acá para allá y sin perder nunca ni un ápice de energía. 

El de Smith es un show sin florituras ni excesos. No hay pantallas gigantescas, grandes despliegues escénicos, ni momentos de tribuneo o de agregados innecesarios. Si lo que importa son las canciones, y estas son buenas, ¿para qué más? Una hora y media de música bien tocada y listo. 

Otra cosa que demostró la estadounidense es que más que "madrina del punk" es más bien el "hada madrina del punk", porque todo lo que toca lo hace, justamente, punk. Ejemplos hubo dos: sus versiones de After the gold rush, de Neil Young, a piano y voz, y la transformación del hit roquero de los 80 Beds are burning en un himno de lucha contra el cambio climático y el calentamiento global.

Ese fue uno de los temas recurrentes en las interacciones con el público, y uno de los grandes llamados que Smith realizó en el Ramón Collazo. Incluso generó el momento incómodo de la noche, cuando alguien gritó "¡Fuera UPM, la puta que lo parió!" mientras la artista hablaba, y la hizo pensar que había dicho algo fuera de lugar. Como nadie le podía dar la larga aclaración necesaria, Smith cerró con un "cualquier cosa me mandas una carta", y siguió adelante con el show. 

A lo largo de la hora y media de espectáculo, en la que sonaron 13 canciones, los mensajes políticos, sociales y hasta las demostraciones de cariño al público local fueron mucho más creíbles y tenían una apariencia más genuina que las de otros visitantes recientes que han llevado el mismo tono (a usted lo estoy mirando, señor Roger Waters). A diferencia del británico, no mezcló charrúas con desaparecidos cuando sacó la remera de la organización con la inscripción "Todos somos familiares" antes de dedicarles My blakean year a ellos y "a las madres y padres que siguen esperándolos". 

También dedicó Redondo Beach a "las chicas", y Ghost dance a la audiencia en general, citando previamente a Isidore Ducasse, el Conde de Lautreamont, "que nació acá, en Uruguay, y dijo que la poesía debe ser hecha por todos. Esta es para ustedes, poetas". También le dejó lugar a su sólida y genial banda, liderada por el veterano Lenny Kaye, que se lució en una larga improvisación, y más adelante empezó en solitario los covers de I'm free de los Rolling Stones y Take a walk on the wild side de la Velvet Underground, para que luego se le sumara la cantante.

El final fue a todo hit. Because the night, Gloria: in excelsis Deo y, como bis, el himno People have the power fueron la tríada elegida por Smith para despedirse en su primera visita a Montevideo. El baile catártico, un nuevo llamado a luchar siempre por la libertad y a usarla bien, la furia punk que se resume en ese escupitajo que Smith tira cuando termina de cantar. 

Y un show que termina como debería terminar cualquier buen show de rock. Con el puño levantado. Apretado. Bien apretado. Hasta que se abren para aplaudir y agradecer el cachetazo que acaba de pegar Smith. Que no dice "soy vieja, tengo la verdad absoluta", sino que dice "escuchen a los jóvenes, que son los que se dieron cuenta de que hay que salvar al mundo". Que recuerda el poder que tiene la música y las canciones. Que el punk está vivo y que no se necesitan crestas ni tocar rápido para serlo. Lo de anoche fue un recital, un acto, un evento, una comunión. Fue todo eso y algo más, que no sabría decirlo. Seguro que ella podría. Vamos a dejarlo en esto: fue un show de Patti Smith. Y fue hermoso.

La despedida de Patti

La cantante tuvo un pase breve por Montevideo, ya que llegó en la noche del martes y se fue esta mañana, rumbo a Buenos Aires, donde toca este jueves. A su partida, sin embargo, agradeció a la ciudad con un poema publicado en su cuenta de Instagram, en la que repasó su estadía y el reconocimiento como Ciudadana Ilustre. 

El poema se traduce así: Esto es decirle adiós con la mano. A la gente. Al intendente que me dio las llaves de la ciudad. A los activistas. A los desaparecidos siempre recordados. A la poeta Inés. A aquellos que nos prepararon hermosas comidas. Al gran río que se siente como el mar. A mi chofer y a la ramita de jazmín de Montevideo. 

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