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Peluquero, electricista o periodista: los sueños de los rescatados por el buque Aquarius

Después de 45 días, están aprendiendo español y regularizando su situación

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31 de julio de 2018 a las 11:05

"Me gustaría aprender las especialidades de aquí, quiero trabajar en un restaurante", dijo O.B. una mujer nigeriana, que está recibiendo clases de español y cuando maneje el idioma se anotará en un curso de cocina. Tiene 28 años y huyó de Nigeria en 2016 para no ser víctima del grupo terrorista Boko Haram. Llegó a Libia con su marido en busca de trabajo pero una tarde fue al supermercado y no volvió. Pasó tres semanas en la cárcel hasta que su familia pagó la fianza para que la dejaran salir. Pero al volver a su casa, su marido ya no estaba, había partido en un bote hacia Italia. "No le culpo. Tenía que salir de allí", dijo O.B. a El País de Madrid. Su marido está trabajando ilegalmente en Roma como electricista. "Estaremos juntos en cuanto consiga mis papeles", suspiró.

Jessica es de Camerún y vive en un apartamento cerca de las playas de Valencia junto con ocho nigerianas. Ninguna tiene hijos. Contó que reciben atención psicológica por todos los abusos sexuales y los malos tratos que han recibido, y también atención legal. Recordó lo asustada que estaba cuando fue a pedir el estatuto de refugiada. "Solo me tranquilicé cuando me dijo que no estábamos en Libia", admitió.

Según la crónica de El País de Madrid, O.B. y Jessica llegaron a Valencia el pasado 17 de junio, tras haber sido rescatada por el buque Aquarius. Junto con ellas, fueron rescatados 628 migrantes que huyen de la situación en sus países y buscan una mejor vida en el continente europeo. Mechi es otro nigeriano rescatado y asegura que también está aprendiendo español porque si no sabe el idioma "no será fácil en España". Convive con otros tres migrantes del Aquarius, un compatriota y dos de Costa de Marfil. Los veinteañeros viven en un barrio popular de Madrid y ellos mismos se cocinan. Procuran guardar los tickets de las compras porque tienen que justificar sus gastos a la ONG que les da dinero. Todos fueron atendidos por un médico cuando llegaron a Valencia, pero uno de ellos tiene una herida de bala que está mal curada.

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Los niños

También llegaron algunos niños que vivirán en un centro juvenil hasta que cumplan su mayoría de edad. Abdul tiene 16 años, relató con detalles cómo fue la odisea de huir de Sierra Leona. Recordó el nombre de los tres pueblos en los que fue raptado, el momento en el que el grupo con el que viajaba decidió comenzar a beber su propia orina para sobrevivir en el desierto y a su amigo que murió en el camino. "Pasamos 24 horas en el mar achicando agua. Cuando el Aquarius llegó estaba casi muerto", contó Abdul. Agregó que quiere ser electricista. Pero aclaró: "Si me ayudan, quiero ir a la universidad. Quiero estudiar tecnología de la información".

En un principio se contaron 124 menores no acompañados a bordo, pero el número bajó a 77 unas semanas después. Las pruebas médicas para calcular la edad determinaron que 47 de ellos ya eran adultos. Mohamed, un joven de Guinea-Bissau es uno de los que tras las pruebas se determinó que ya era mayor de edad. Ya está en Valencia junto con dos adultos y quiere aprender castellano lo antes posible para convertirse en periodista. "Me gustaría contar las historias de los otros", contó. Mohamed es uno de los pocos migrantes que no ha hecho la entrevista necesaria para solicitar protección internacional, porque todos los trámites que hizo como niño, no son válidos. Por otra parte está un joven subsahariano que lleva casi 45 días sosteniendo que tiene 19 años, aunque admitió a El País de Madrid que es menor y que "nadie lo sabe". Dijo que prefiere tener vida de adulto.

Pero no todos los que iban a bordo del Aquarius estaban felices de que Valencia abriera su puerto. Había 43 argelinos y 11 marroquíes que pasaron de la euforia por llegar a tierra firme a la preocupación por llegar a España. Se imaginaron repatriados por los acuerdos que hace España con esos países. Yacine, uno de los argelinos, a los dos días de desembarcar tomó su bolso recién comprado y se fue a Francia, en donde su hermana tiene una panadería. Contó que trabaja mucho y que espera regularizarse. Agregó que en estos 45 días perdió a un amigo argelino en las aguas de Libia, que se ahogó intentando llegar a las costas de Europa. "Le dije que no viniera pero no me hizo caso", dijo. Otros dos amigos de Yacine, con familiares en Francia también se marcharon. Son algunos de los 70 rescatados a los que las autoridades les ha perdido la pista.

Salim es otro argelino de 33 años que sabe que para los migrantes de su país no es fácil regularizarse en España. Pero su abogado le dijo que este es un caso especial. Ha pedido protección internacional y admitió que prefiere morir a volver a Argelia. "No quiero irme. Voy a aprender español y a trabajar como peluquero". Si Salim no obtiene los papeles para vivir y trabajar legalmente es España, buscará otro destino europeo.ç

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Otro de los rescatados, M.A. que huyó de Dafur tiene 23 años y ya entiende preguntas básicas en español. "Lo más interesante de estos días es que he conocido a personas de otros países como Siria, Venezuela, Ucrania, Marruecos, Argelia, España...". Admitió que en España fue la primera vez que pudo llamar a su familia después de un año y medio. "En España, también he descubierto lo bien que se siente uno cuando le quieren y le respetan", dijo M.A.

Pedido de protección

Hace casi 45 días que el buque de rescate Aquarius llegó a España frente a la atenta mirada de 600 periodistas y de los demás países europeos que mantienen firme la política de los puertos cerrados. Los 630 rescatados ya iniciaron sus demandas de protección internacional y viven en apartamentos o centros de ONG repartidos por toda España. Después de los controles médicos y del papeleo inicial, los rescatados pueden dedicarse a aprender español y pensar su futuro en España.

El primero de agosto termina el plazo de residencia legal que el gobierno español les concedió para que pudieran recuperarse y regularizar su situación. Pero los abogados que los asisten dan por hecho que sus solicitudes de protección internacional serán admitidas a trámite, por lo que su permiso de residencia se prorrogará automáticamente hasta que se resuelva su expediente (puede dilatarse hasta dos años). Además, cumplidos seis meses desde que hicieron la entrevista que inicia el proceso, tendrán derecho a trabajar. La misma política se aplicó a los 60 rescatados por la ONG Open Arms el pasado 4 de julio en Barcelona. Por ser un grupo más fácil de gestionar, a ellos se les dio un permiso de 30 días y muchos ya iniciaron su demanda de protección internacional para quedarse en España, según publicó El País de Madrid.


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