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En 1987, Peñarol fue campeón de la quinta Copa Libertadores con el esfuerzo del alma

En 1987, un equipo con muchos jóvenes consiguió el último gran jalón del club al obtener el torneo en el último suspiro contra América de Cali en Santiago con el gol de Diego Aguirre cuando terminaba el alargue

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02 de mayo de 2020 a las 11:20

Aquel 23 de abril de 1987, a solo 13 días del comienzo de la Copa Libertadores de América, Peñarol enfrentaba a Nacional por el clásico del torneo Casa de Andalucía y lo que pocos sabían es que si perdían, al flamante técnico, Óscar Tabárez, lo iban a echar. “Sí, los jugadores nos enteramos unos días después y no lo podíamos creer”, dijo Diego Aguirre a El Observador. “Yo también me enteré con el correr de los días”, agregó el Chueco Perdomo.

Los hechos indican que esa fecha quedó guardada en lo más profundo del corazón de los manyas porque esa noche Peñarol le ganó a Nacional 2 a 1 en el clásico que se recuerda como el de “los ocho contra 11”.

Ahí empezó otra historia, otro Peñarol, otra conjunción de fuerzas entre futbolistas más avezados como el arquero Eduardo Pereira, Juan Carlos Paz y el Zurdo Viera y jóvenes recién ascendidos a Primera como Jorge Goncálvez, el Bomba Villar y varios más.

Obdulio Trasante emulaba a todos desde el fondo con esa fuerza interior que lo transformaba en caudillo. Era quien contagiaba a los jóvenes del plantel.

Lo más increíble era la situación económica que dejó al club casi en cesación de pagos. Allí tomó el timón el bombero de turno que era José Pedro Damiani.

La primera fase de la Libertadores tuvo a Juan Carlos Paz –con dos goles fundamentales en Perú–, al Pepe Herrera y a Viera como figuras excluyentes. Peñarol pasó tranquilamente a las semifinales y prefirió jugar ante dos equipazos argentinos de entonces: River Plate e Independiente. “La otra llave es más fácil, pero acá vamos a recaudar mucho más y vamos a clasificar igual”, dijo en aquel entonces Damiani.

Peñarol jugó dos partidazos notables contra Independiente, el Rey de Copas que nunca había perdido hasta allí en la Doble Visera de Avellaneda ante rivales extranjeros. En el Centenario lo paseó en uno de los mejores partidos que este cronista haya visto y en Buenos Aires, le ganó un encuentro memorable por 4-2.

En las finales tocaba América de Cali. Un rival que venía de perder dos finales seguidas por la Copa y que era prácticamente una selección espectacular: entre otros, jugaban los argentinos Battaglia y Gareca (goleador de esa Copa con siete goles), el paraguayo Cabañas en todo su esplendor, el maravilloso colombiano Willington Ortiz, Alex Escobar y el uruguayo Sergio Santín.

En un clima de las viejas Copas, América le ganó bien a Peñarol 2-0 en Cali. Pero en Montevideo empezó a darse vuelta la historia, pese a que Cabañas enmudeció a un Estadio entero cuando puso el 1-0. Un gol de Aguirre dio el empate y en la hora, un tiro libre inolvidable del Bomba Villar dio la posibilidad de un tercer partido en Santiago.

América no estaba dispuesto a dejarse quitar una tercera final seguida. Provocaciones previas en el hotel con Battaglia usando la camiseta de Nacional y en la cancha todo valió. Dos piñazos seguidos a Aguirre y una patada de Santín que sacó al Chueco Perdomo que el juez dejó pasar. Con el 0-0, los colombianos ganarían por primera vez para su país la Copa. El partido fue bastante aburrido y el alargue también.

El reloj marcaba 14 minutos 58 segundos. Faltaban dos segundos para que terminara la final. Diego Aguirre había tomado la pelota en tres cuartos de cancha, con las medias bajas producto de los calambres tras 120 minutos, tenía un moretón debajo del ojo derecho tras haber recibido un puñetazo mientras esperaba un córner. Pero el esfuerzo del alma fue más fuerte y con un tiro cruzado, cuando los suplentes de América tiraban pelotas al medio de la cancha para que el árbitro terminara el partido, liquidó a Falcioni y a los colombianos.

Aguirre con este tanto llegaba a cinco en esa edición de la Copa y a siete si se le suman los dos que hizo en 1986, año en el que llegó al club. Hasta ese entonces llevaba 42 goles en Peñarol.

Peñarol volvió a ser rico en el alma. Ganó un partido imposible y dio una de las vueltas más recordadas en la historia del fútbol uruguayo.

 

DESTAQUE

Peñarol jugó cuatro finales por la Copa en el Estadio Nacional de Santiago. La primera la perdió 4-1 con Independiente en 1965. Pero las otras tres, las ganó: 4-2 a River Plate en 1966, 1-0 a Cobreloa en 1982 y 1-0 a América en 1987.

 

LA ESCALERA A LA GLORIA

FECHA RIVAL RESULTADO GOLES

6/5/87 Progreso Peñarol 3-2 Aguirre, Herrera, Viera

20/5/87 Alianza Peñarol 1-0 J. C. Paz

22/5/87 San Agustín Empate 1-1 J. C. Paz

26/5/87 Progreso Empate 1-1 Herrera

2/6/87 Alianza Peñarol 2-0 G. Matosas, Herrera

9/6/87 San Agustín Peñarol 2-0 Herrera, Viera

2/9/87 Independiente Peñarol 3-0 Aguirre, J. Cabrera, Viera

16/9/87 River Plate Empate 0-0

30/9/87 Independiente Peñarol 4-2 J. Cabrera (2), Aguirre, E. Da Silva

7/10/87 River Plate River Plate 1-0

21/10/87 América América 2-0

28/10/87 América Peñarol 2-1 Aguirre, Villar

31/10/87 América Peñarol 1-0 Aguirre

 

"HAMBRE DE GANAR"

Por José Batlle Perdomo (*)

La mayoría éramos botijas recién ascendidos, todos jóvenes. Cuando la Copa empezó no pensamos que con ese equipo podíamos llegar a la final. Se dio una cosa que hoy no se da que fue el grupo. El técnico que logra juntar jugadores con trayectoria y otros con juventud y lo sabe manejar, tiene muchas posibilidades de que le vaya bien. Hoy no se da porque no hay referentes, a los botijas no les interesa tanto ser campeones sino estar en Peñarol por un sueldo, cuando antes nosotros teníamos que sacrificarnos y jugar en todas las juveniles. El objetivo era llegar a la Primera del club, hoy en Cuarta ya piensan en un pase al exterior. Con el Zurdo Viera y el Pollo Vidal hicimos una colecta y compramos una cuerda de tambores y el maestro nos dejaba después de cenar tocar en el comedor, el que quería bailar lo hacía y eran 10 minutos, pero eso unía. Después que pasamos una fase de la Copa, el gallego

Barcia, dueño de los carros de chorizos de El Galleguito me preguntó qué necesitaba. Entonces, llevó un carro para adentro de Los Aromos y comimos chorizos y fue la Falta y Resto y cada vez estábamos más unidos. Hoy eso no se ve; hoy es todo dinero. Recuerdo el 4-2 con Independiente allá, veía a un “monstruo” como Bochini y quería pedirle un autógrafo, pero lo mataba a patadas. Ahora le piden la camiseta en en el entretiempo. Ese era un cuadrazo y le pasamos por arriba. Luego fuimos a Cali, llegamos al vestuario y vimos unos ventiladores grandes prendidos. Habían puesto un polvo para que nos picara todo el cuerpo. Era la Libertadores de antes. Nos tuvimos que bañar todos antes de salir a la cancha. En la revancha, cuando hizo el gol el Bomba Villar me quería matar. No lo podía creer. Y en Santiago, el gol de Diego fue único, insuperable, estábamos muertos y ellos haciendo tiempo. No teníamos su experiencia pero sí el hambre de ganar.

(*) Campeón en 1987

Este artículo formó parte de la serie "Campañas" que semanalmente, entre el 27 de marzo de 2006 y 1° de marzo 2010, publicó El Observador en su edición impresa y que en estos tiempos de encierro permitirán recordar las mejores actuaciones de equipos e individuales en todos los deportes en Uruguay

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