8 de abril de 2021 16:45 hs

Por Gideon Long

En una región azotada por el coronavirus, por la fuerte contracción económica y por la inestabilidad política, pocas naciones han sufrido tanto como Perú, la cual este fin de semana acudirá a las urnas para elegir a su quinto presidente en cinco años.

Si bien Brasil ha acaparado los titulares por la enorme cantidad de personas que han estado muriendo durante la pandemia, el número de muertos per cápita en Perú, de uno de cada 630 habitantes, es peor; es el más alto de Sudamérica y, en un momento dado el año pasado, fue el más alto del planeta.

Incluso ahora, el país está enfrentando una feroz tercera ola. A fines de marzo, Perú registró su peor día de nuevos casos hasta el momento, lo cual llevó a algunos a decir que las elecciones del 11 de abril deberían posponerse.

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El producto interno bruto (PIB) se contrajo un 11% el año pasado, la mayor contracción de cualquier gran economía en la región. Las duras medidas de confinamiento del gobierno paralizaron el crecimiento pero no lograron detener el contagio.

Mientras la pandemia ha estado arrasando, el país se ha tambaleado de una crisis política a otra. Perú ha tenido tres presidentes en los últimos seis meses, y uno de ellos duró solo cinco días. La mayoría de los recientes expresidentes peruanos están bajo investigación por corrupción, y el Congreso está enfrascado en una incesante batalla por el poder con el Ejecutivo.

Dado todo esto, quizás no sea de extrañar que entre una cuarta parte y un tercio de los peruanos digan que o no saben por quién votar, o que arruinarán sus papeletas. El voto es obligatorio en esta nación de 32 millones de habitantes.

Ninguno de los 18 candidatos presidenciales ha obtenido consistentemente más de un 15% en las encuestas, y la mayoría de ellos tienen un solo dígito. Parece seguro que la elección irá a una segunda vuelta en junio entre los candidatos que terminen en primero y segundo lugares.

“Las elecciones más recientes en Perú han sido así, y muy volátiles”, dijo Paula Muñoz, una politóloga de la Universidad del Pacífico en Lima. “La gente suele esperar hasta el final de la campaña y luego vota por quien considera la opción menos mala”.

Liderando muchas encuestas recientes se encuentra Yonhy Lescano, un congresista de 62 años. Veterano funcionario con dos décadas de experiencia parlamentaria, de tendencia izquierdista y populista, aunque es socialmente conservador.

Lescano se ha comprometido a distribuir la riqueza minera de Perú de manera más equitativa y a obligar a los bancos privados a reducir lo que él describe como “abusivas” tasas de préstamos. Se ha comprometido a generar 5 millones de empleos en cinco años y a abordar el notoriamente desestructurado mercado laboral de Perú. Aproximadamente el 70% de la fuerza laboral es informal, en comparación con un promedio latinoamericano de alrededor del 50%. Lescano ha estimado que puede reducir la tasa de Perú al 30% para 2026.

Él también se ha comprometido a reducir la deuda, la cual ha aumentado considerablemente debido a la pandemia; aunque está en alrededor del 35% del PIB, la deuda sigue siendo baja según los estándares regionales. Lescano ha indicado que la reducirá al 26%.

Si bien es el favorito, las encuestas recientes han sugerido que menos de cuatro puntos porcentuales separan a los seis candidatos principales.

Aparte de Lescano, los otros contendientes son: Verónika Mendoza, una izquierdista que está en su segunda campaña a la presidencia; Hernando de Soto, un experimentado economista liberal; George Forsyth, un ex futbolista profesional que se ha desempeñado como alcalde de un suburbio de Lima; Keiko Fujimori, la hija del expresidente autoritario de Perú Alberto Fujimori; y Rafael López Aliaga, un empresario ultraconservador.

Los candidatos forman un peculiar grupo.

Mendoza es la más izquierdista del grupo. Quiere que una asamblea constituyente redacte una nueva Constitución, y ha prometido ampliar el papel del Estado en la economía, eliminar el sistema de pensiones privado e imponer un impuesto sobre el patrimonio a las fortunas de más de US$100 millones.

Forsyth tuvo una exitosa carrera como arquero de Alianza Lima, e hizo algunas apariciones para las reservas del equipo alemán Borussia Dortmund. Nacido en Venezuela, su madre es una ex Miss Chile. Es relativamente joven a los 38 años y se promociona a sí mismo como el candidato del cambio y ha prometido tomar enérgicas medidas contra el crimen.

Keiko Fujimori es posiblemente la candidata con más experiencia, ya que se desempeñó como Primera Dama de su padre antes de ingresar al Congreso en 2006. Ésta es su tercera candidatura a la presidencia, pero ella está bajo investigación por corrupción. El mes pasado, un fiscal señaló que debería pasar 30 años en prisión por lavado de dinero. Fujimori, quien ya ha pasado dos períodos en prisión preventiva, ha negado los cargos.

López Aliaga, un miembro del conservador Opus Dei, recientemente causó asombro al revelar que usa un cilicio — una cadena de metal con púas — para reprimir su deseo sexual y acercarlo a Dios. “Es una pequeña mortificación y lo hago voluntariamente”, le comentó a una emisora de radio local. Se opone firmemente al aborto, al matrimonio gay y a la eutanasia, y económicamente es defensor del libre comercio.

Los peruanos también votarán por un nuevo congreso el 11 de abril. El actual está extremadamente fragmentado, con 12 partidos ocupando 130 escaños. Ningún presidente reciente ha logrado nada que se acerque a una mayoría, lo cual ha sido parte de su problema, junto con una Constitución que le permite al Congreso destituirlos a voluntad.

María Alejandra Campos, una politóloga de Lima, dijo que el partido Acción Popular de Lescano es el único capaz de ganar 30 escaños o más y que, si él se convirtiera en presidente, eso pudiera darle la plataforma que necesita para mantener un gobierno unido.

“Ninguno de los otros tendría más de 15 o 20 escaños y su presidencia sería muy débil”, explicó ella. “Si Lescano gana, es probable que haya menos inestabilidad política, pero aun así tendría que negociar mucho para mantener a flote su gobierno. No sería fácil”.

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