14 de enero 2024 - 11:18hs

Aunque el estado del medio oeste estadounidense de Iowa tiene el 1% de los habitantes del país y que las temperaturas fueron más bajas que inviernos atrás, este lunes 15 los ojos del mundo político estarán posados en el caucus, como se llaman a las asambleas partidarias. En este caso del Partido Republicano.

Los candidatos debieron hacer por zoom o cancelar actos de campaña durante el fin de semana. Los votantes republicanos enfrentarán un frío ártico y vientos cortantes para reunirse en unos 1.670 locales designados en todo el estado, donde se determinará qué candidato obtiene la mayor cantidad de votos y, por lo tanto, los 40 delegados disponibles.

Elegirán entre el favorito, el expresidente Donald Trump: la exgobernadora de Carolina del Sur Nikki Haley; el gobernador de la Florida, Ron DeSantis; y el empresario Vivek Ramaswamy. El exgobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, estuvo en la carrera hasta el miércoles por la noche, cuando anunció la suspensión de su campaña.

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El Caucus de Iowa capta la atención, no solo por ser la primera de las actividades que permitirán designar un candidato para la Casa Blanca sino también porque ponen de relieve el tono y la agenda ya no de cara a la geopolítica sino a los votantes, a las personas a las que dicen querer representar quienes se postulan para presidente.

 Pareciera haber pocas dudas: Trump debería imponerse sobre sus adversarios. En las elecciones internas de 2016 era el outsider, el empresario que se llevaba todo por delante. En 2020 su campaña estuvo marcada por ocupar la presidencia y fue formal. La versión 2024, con una agenda recargada contra la inmigración y por mejoras de ingresos para “el americano medio”, el ex presidente promete volver a la tribuna.

En 2016, en Iowa, Trump perdió el caucus con el texano Ted Cruz aunque con el correr de la campaña logró la nominación y luego la presidencia. Esta vez, las encuestas lo ponen muy por encima de Nilli Haley y de Ron DeSantis, quien creyó que podía ser competitivo frente al ex presidente cuando en 2018 ganó las elecciones en el estado de Florida.

Aunque no se auguran sorpresas, sí se verá la performance de los competidores de Trump. Por caso, Nikki Haley, ex embajadora en Naciones Unidas durante la presidencia de Trump y de quien se distanció, representa o no un obstáculo para que Trump llegue a ser el candidato republicano. También se verá si Ron DeSantis, activo por estos días en Iowa, puede volver con bríos a desafiar a Trump o se encamina a bajarse de la contienda antes de tiempo.

Lo cierto es que, pese a las causas judiciales que lo atormentan, Trump habla como si fuera el candidato. Ni siquiera concurrió a los debates televisados con sus oponentes.

Ahora, de cara a la nominación en junio próximo cuántos de los 2433 delegados a la convención partidaria votarán por Trump. Las encuestas le dan la mitad del electorado a favor, una cifra que lo pone muy cerca de volver a la Casa Blanca. Pero en los meses siguientes, esas apreciaciones se someten al filtro de los votantes republicanos.

A diferencia de los caucus demócratas, esta asamblea de los republicanos se hace con votación secreta. Eso permitirá confirmar, al menos en esta primera asamblea, si existe el sentimiento anti-Trump oculto al que DeSantis y Haley apuestan en sus actos de campaña.

En 2016, Trump  lideraba las encuestas y sin embargo perdió en Iowa con el senador de Texas, Ted Cruz. Ocho años después, desplegó su campaña y viajó por todo el estado de Iowa, instando a sus seguidores a votarlo.

Ron DeSantis era visto como la mayor amenaza de Trump y precisamente Iowa era el estado donde podía asumir el rol de alternativa Pero no estuvo a la altura de sus expectativas y un  inesperado ascenso de Haley lo empujó al margen del escenario. Ya entra en duda que sea el segundo favorito, por supuesto detrás de Trump. Ese lugar quizá sea para Haley.

El segundo lugar en Iowa podría impulsar la cita de New Hampshire que comienza 12 días después, el 23 de enero. Si Haley obtiene un sólido segundo lugar, se dirigiría a Nuevo Hampshire, un estado donde Haley cuenta con un fuerte apoyo institucional, con el viento a favor.

Podría incluso presentarse como una alternativa real para aquellos republicanos que buscan un candidato que no sea Trump para liderar el partido en noviembre y sus partidarios aumentarían la presión sobre DeSantis para que se haga a un lado y permita que el partido se unifique en torno a ella.

Si, en cambio, tanto DeSantis como Haley continúan en carrera para la cita de Nuevo Hampshire, Trump será el beneficiario. Si no hay un candidato claro en el segundo lugar capaz de motivar un voto “no Trump”, el problema no solo lo tendrán los republicanos que no simpatizan con el expresidente sino los demócratas, que tienen en Joe Biden a un candidato de 81 años y que, de acceder a un segundo turno, ya que tendrá unas primarias casi sin oposición, terminaría el mandato el 20 de enero de 2029, con 87 años cumplidos.

(Con información de agencias)

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