14 de septiembre de 2012 18:52 hs

A comienzos de abril de 2012, la firma Ernst & Young anunció que por primera vez en Uruguay premiaría al emprendedor del año. La expectativa quedó sembrada y tras cinco meses de espera, el pasado miércoles, en la séptima Cena de Gala de Endeavor, celebrada en el Latu, se conoció finalmente el nombre del galardonado: el presidente de Zonamerica, Orlando Dovat.

Aunque el destacado empresario reconoció, ante el colmado auditorio del salón Los Robles, que el anuncio no lo tomó por sorpresa, –ya que había sido comunicado de la decisión días atrás en un café del barrio Carrasco por el country manager partner de Ernst & Young, Luis Montone y el presidente de Endeavor, Gabriel Rozman–, reveló que aún no encontraba una respuesta precisa al por qué de su elección como emprendedor del año 2012.

Más tarde, contó a Café & Negocios Emprendedores que tras conversar con el jurado –integrado por Frank Baxter; Alberto Brause; Jorge Grunberg; Jorge Lepra; Julia Rodríguez Larreta; Rozman y Ricardo Villarmarzo-, entendió que fue un reconocimiento a la trayectoria y los años dedicados al desarrollo del país.

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Una de las razones principales que le aseguraron el premio, según indicó, fue la transparencia con la que ha llevado el proyecto Zonamerica adelante. “No tenemos zonas oscuras. En la carpeta que analizó el jurado se podía llegar al más mínimo detalle sin encontrar cosas que no se quisieran decir”, explicó.

La falta de transparencia es para Dovat “un problema de la mentalidad uruguaya” que hay que superar trabajando con todo el grupo empresarial nacional.

“Si hago las cosas bien, por qué no las puedo contar. No tengo por qué ocultar mi pasivo o mis impuestos, porque los pago. No tengo por qué ocultar cuanto le pago al personal”, reflexionó.

El negocio de Zonamerica siempre ha sido muy abierto, explicó Dovat, que contó que por ejemplo, el parque de negocios cuenta con un holding en las Bahamas y que está acostumbrado a contar sus estrategias internacionales y las cifras del negocio por su estrecho trabajo con los bancos y también gracias a las permanentes auditorías.
La apuesta al crecimiento

Zonamerica, el primer proyecto privado de zonas francas del país, es un emprendimiento plagado de anécdotas. Nació hace 22 años atravesando contextos que por momentos le fueron muy favorables para su desarrollo, pero también, por la naturaleza de su modelos de negocios, tuvo que superar diversos escollos, que, aunque le hicieron cuesta arriba el camino, no le impidieron florecer y que desde afuera se percibiera un constante crecimiento.

“Estuve siempre convencido del proyecto, a pesar de que en los comienzos los accionistas no cobraban sus dividendos, porque estábamos obligados a invertir permanentemente en nuevas construcciones. Era la única forma de defender la empresa”, expresó Dovat.

Agregó que no debe olvidarse que mientras para una empresa el activo corriente es el conjunto de inventario, la disponibilidad de caja y las cuentas a cobrar; en Zonamerica los activos son fijos: su stock son metros cuadrados.

“Este negocio requiere una intensidad de capital enorme. Hemos hecho construcciones por valores mayores a US$ 150 millones y comenzamos con deudas y un capital de no más de US$ 4 millones”, expresó Dovat.

Hoy Zonamerica va más allá del concepto de zona franca: se trata de un parque de negocios y tecnología, que cuenta con ocho plataformas de negocios que se han caracterizado en sus 22 años de existencia por la inversión y cambio permanente.

Siendo el proyecto pionero en la materia, abrió el espacio para la entrada de otros en el país. Dovat considera que aunque no está mal la existencia de las nuevas zonas francas privadas, entiende que las condiciones de competencia son desiguales. “Hubiera querido las mismas reglas de juego”, lamentó. Sin embargo, el presidente de Zonamerica esgrimió los diferenciales de su proyecto que le permiten ser un fuerte competidor en la actualidad: la flexibilidad y el gran parque.

Hoy entre el 60% y el 70% de la demanda que tiene Zonamerica responde al crecimiento de las empresas que ya están instaladas. A las zonas francas en forma de edificio se les dificulta el crecimiento, disparó Dovat.

Siempre creciendo
Además de los tres edificios proyectados para satisfacer la demanda de clientes instalados, hoy el parque está abocado al desarrollo de Celebra, uno de los primeros proyectos Leed Gold (un sistema de certificación de edificios sostenibles) de América Latina, que requirió una inversión de más de US$ 30 millones. Se pretende atraer la mirada internacional de empresas que se instalan en lugares con muy buen desarrollo.

Además, en unos seis meses comenzarán las construcciones de un nuevo parque en Colombia, mediante un acuerdo con el grupo empresarial Carvajal, de Cali.

Acelerar y virar la dirección
Dovat no fue un emprendedor joven: comenzó su proyecto con 45 años. Antes trabajó como auditor y organizador de empresas regionales, donde aprendió sobre comercio internacional y movimiento de mercaderías.

Más tarde creó, junto a Daniel Carriquiry, el estudio Dovat-Carriquiry, y el operador logístico en la zona franca de Colonia, Costa Oriental.

Fue promotor de la ley de zonas francas, aprobada en 1987. “En ese momento ni idea tenía de tener un emprendimiento, lo único que estaba buscando era una solución para Uruguay”, recordó Dovat.

Dos años más tarde, cuando nadie se había presentado para desarrollar un proyecto en el marco de la ley, Dovat, junto a Carriquiry y al consultor estadounidense Mark Frazier, armó un proyecto que fue aprobado en 1990. Comenzaron a trabajar con el modelo tradicional de logística y el depósito que había montado en Colonia con la ley anterior.

Para financiar el proyecto cada acción fue vendida en US$ 40 mil, con la condición de que cada accionista además le prestara la misma suma por cinco años. El BID y la Corporación Interamericana de Inversiones tomaron el 12,5% del capital y prestaron US$ 3,5 millones.

En 1992 y 1993 se instalaron varias empresas, pero tras la firma del Mercosur en 1994 una serie de restricciones afectaron el ingreso de productos a los países miembros obligando al cierre. Para salvar el proyecto se decidió acelerar el proceso, y llevarlo a los servicios que no tenían restricciones en el Mercosur. Merrill Lynch, se instaló en plena crisis en 1994, dándole otro carácter a la zona, que era de depósitos, galpones y fábricas y llevándola por el camino de desarrollo que hoy la caracteriza.

“Empecé a los 45 años y es un claro mensaje de que se puede empezar siempre. Le recomiendo a los jóvenes que tengan una mirada a largo plazo y que puedan pensar en el futuro, no solo el de ellos, sino también en el de un país”, remató Dovat. l

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