A simple vista nadie diría que para Marianella Morena todo empezó en Sarandí Grande, en una familia rural, en días de carnear chanchos, hacer chorizos y preparar dulce casero. Sus padres decían que parecía adoptada y la vecina se acercaba preocupada cuando escuchaba a la pequeña llorar una y otra vez, pero su madre entendía que aquellas lágrimas pertenecían a los juegos de representación de la niña con sus muñecas.
Morena no sabía aún qué era el teatro, que conoció después de irse a vivir con su familia a Montevideo cuando tenía 15 años. Años más tarde acompañó, vestida de hombre, a una amiga a hacer una prueba de arte escénico y llamó la atención de Myriam Gleijer, quien le recomendó hacer la audición. Con su desparpajo terminó convenciendo a un tribunal en el que se encontraba Atahualpa del Cioppo y entró en El Galpón.
No sabía qué era el teatro, pero necesitaba aislarse para inventar situaciones. “Hay que ver lo que uno hace con la circunstancia, la resiliencia, yo no tenía nada, pero eso no fue un obstáculo para que tuviera un mundo paralelo en forma constante”, dice la dramaturga y directora teatral en el living de su casa, mientras a su espalda cuelga un póster de su obra Resiliencia, término psicológico que alude a la capacidad de sobreponerse a las circunstancias. La autora de Las Julietas y Jaula de amor, una de las personalidades más importantes de la escena uruguaya, presenta los fines de semana en El Galpón Demonios, una versión con riesgo y conmoción de la obra del sueco Lars Norén.
A la dramaturga, de 46 años, se la ve desbordante de ideas que emergen de manera zigzagueante. La acompaña una gata buscadora de mimos, un hijo de 16 años, ausente al momento de la entrevista, y una casa muy particular. Morena vive en un apartamento de techos altísimos, en una construcción de 1865 de la calle Piedras que fue, según cuenta, el primer edificio de apartamentos de Montevideo, un hotel, un prostíbulo y un estacionamiento de carruajes. El inmueble se lo compró a una prostituta siciliana en 1999 y allí, donde la italiana recibía a sus clientes, Morena tiene su casa-teatro. El apartamento casi no dispone de muebles y en el fondo del living se ve un área despejada tipo escenario, que años atrás la dramaturga usaba como la sala La Morena. “Mi hijo me ha hecho reclamos de normalidad, como por qué en casa no hay un living”, comenta.
Honestidad brutal
Morena conoció Demonios cuando estaba de gira en Europa. “Me arrancó el vértigo”, señala con respecto a la obra que cuenta con cuatro actuaciones sobresalientes de Santiago Sanguinetti, Alfonso Tort, Lucía David de Lima y Sofía Etcheverry.
“Me pareció interesante hablar de la torpeza humana, de la miseria, no tener una postura moral ni una verdad absoluta. (…) Yo soy muy torpe a nivel emocional en mis vínculos personales y creo que la torpeza emocional está muy desprestigiada. Sobre todo las mujeres, todo el tiempo nos están diciendo que somos emocionales. Yo soy muy apasionada y reivindico el valor de la pasión, porque creo que mis grandes errores me han permitido mis grandes aciertos. Las personas cuando se involucran y se comprometen se equivocan mas fácilmente que cuando no lo hacen”, comenta.
La obra está compuesta a partir de dos parejas que intentan relacionarse y en el ínterin se comunican mediante lo que Morena define como una “diarrea mental y oral”. Son “personajes que dicen todo, como si el psicoanálisis hubiera permitido esa liberación y esa honestidad bestial. En otro tiempo no era así, existía una zona de privacidad de las personas que no había que revelar. Es algo que vengo pensando, cómo las personas nos desencontramos en la vida, uno suma herramientas a los vínculos, pero el desencuentro aumenta”, añade.
Acaso por la intensidad de la puesta de Demonios o porque una de las actrices, Lucía David Lima, pasa gran parte de la obra semidesnuda, en la función presenciada por esta periodista unas mujeres abandonaron sonoramente la sala. “Me parece que es sumamente válido que la gente se exprese”, responde Morena con relación a esta situación. “Habla de que el espectador está vivo. Creo que hay una sobreestimación del ‘me gusta’, pero te sentás en la rambla a mirar el atardecer y pasás precioso. La pregunta es cuál es el lugar del arte. Y si la gente tiene un sacudón, me parece saludable porque le va a dedicar un tiempo a hablar de eso. A mí siempre me preguntan si me gusta provocar y yo creo que el arte en sí mismo es provocador, el concepto de crear algo por fuera de la naturaleza. Siempre me ha pasado en mis espectáculos que la gente se vaya. En Don Juan, el lugar del beso se levantaban en masa”, comenta.
La obra, además, no se encuentra en un género definido ni tiene una estructura que pueda ser pensada en términos de introducción, nudo y desenlace. “Me parece que después de Ionesco y Beckett el teatro cambió radicalmente en lo que son los géneros rígidos. Esto es inexistente en las artes escénicas, en la literatura, en el cine y en la vida. No se puede seguir aplicando esta rigidez. El teatro tiene una alta responsabilidad con su presente, si lo pensás en relación con las otras artes, es el único arte que dialoga con su público, con el hoy”.
En este sentido, es que Morena se aparta de la idea de que “el texto es rey”, y su trabajo se centra en la apropiación subjetiva de la obra por parte de los actores y en la centralidad de la dirección escénica. “Yo no trabajo para un clásico que ya tiene un lugar en el mundo, yo hago que el personaje trabaje para el actor”, comenta Morena, quien obtuvo gran éxito nacional e internacional con Las Julietas, obra que resignificaba Romeo y Julieta de William Shakespeare a partir de la identidad nacional, y Antígona Oriental, que trabajaba el mito de Sófocles en relación con la dictadura uruguaya.
Pese a que Demonios parezca una obra menos política que las anteriores, Morena reivindica lo contrario. “Fue a verla una actriz francesa y me gustó mucho la apreciación que hizo: ‘el tratamiento con el desnudo femenino es político’”.
“Europa exige al artista, lo presiona, para que sea político, para que debata, para que cuestione, y acá hay mas tendencia a que agrade, a hacer concesiones. El punto de vista es político. Se terminó cierto verticalismo en el teatro. Yo quiero trabajar desde quién soy. Esa es la única manera de construir un teatro nacional, si no sos teatro de repertorio que representa obras ajenas y que las hace muy bien técnicamente. Eso al mundo no le interesa”, añade.
“Pero esto está cambiando. Porque determinados artistas empezamos a decir el teatro es lenguaje, es identidad, es una personalidad, es una opinión y hay una aceptación internacional muy fuerte”, concluye.
Días
Viernes y sábados a la hora 21 y domingos a las 19 en el teatro El Galpón. Localidades: $ 250