2 de agosto de 2020 5:00 hs

Por Laura Mafud
El Cronista - RIPE

Por qué son tan pocas las mujeres que emprenden? Ese iba a ser el título original de esta nota. No partía de una base anecdótica ni de una reivindicación de género. Solo de la experiencia. Y de los años en los que quien escribe lleva conociendo historias de cientos de proyectos innovadores y disruptivos pero que, en su mayoría, son ideados y conducidos por hombres. Sin embargo, al conversar con fuentes del sector, mirar rankings y analizar relevamientos, es posible toparse con un entramado complejo y atravesado por múltiples variantes. Porque, en definitiva, no son pocas las mujeres que emprenden. Pero, sí las que escalan su negocio.
En el mundo, existe una mayor proporción de hombres que de mujeres que participan en la Tasa de Actividad Emprendedora (TEA), de acuerdo al reporte anual del Global Entrepreneurship Monitor (GEM), publicado en marzo. Incluso, en el informe de género, de 2018-2019, se indicaba que “a nivel global, la TEA para las mujeres es del 10,2%, tres cuartos de lo visto para los hombres”.

¿Por qué, hasta ahora, las mujeres que se desarrollaron en este sector fueron una minoría? Las explicaciones son múltiples, y van desde barreras culturales a cuestiones de autoconfianza, poca motivación para llevar adelante proyectos de alto impacto y hasta falta de financiamiento.

Silvia Torres Carbonell, del IAE Business School, no cree  que en el ámbito del emprendedurismo haya trabas para que la mujer emprenda, “si bien, a veces, sobre todo, en el punto de los inversores, puede ser que tengan ciertas dudas de invertir en ellas porque puedan pensar que no van a poder dedicarse con el mismo tiempo y esfuerzo cuando tengan que armar sus familias. Pero es al revés: la mujer emprendedora puede nivelar o equilibrar perfectamente su vida familiar y laboral”.

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Para María Julia Bearzi, directora ejecutiva de Endeavor Argentina, el acceso al financiamiento es uno de los principales motivos por los que no escalan las empresas dirigidas por mujeres. “Si bien hay más sensibilización de la perspectiva de género, aún hay un gran desafío por parte de los inversores de contemplar a las mujeres dentro de sus análisis de inversión”, añade Bearzi.

El punto de vista es compartido por la coach Alejandra Marcote: “Hay más fondos de inversión poniendo mayor foco en la diversidad de los equipos, aunque aún, del porcentaje de emprendimientos que reciben financiamiento, es mínimo el fundado por mujeres”. Pone la mira en l arraigo cultural y los sesgos inconscientes. “No estamos amigadas con la idea de tomar riesgos. Somos educadas para ser prolijas, organizadas, con todo bajo control; nos ponemos una gran cantidad de expectativas e incluso tomamos muy en serio las expectativas que nuestro círculo cercano deposita en nosotras. El Síndrome del Impostor es sufrido mucho más por mujeres que por hombres en general. Con frecuencia las mujeres juzgamos el propio rendimiento peor de lo que en realidad es”, señala.

En tanto la cofundadora de Grow Género y Trabajo, Georgina Sticco, señala que, según el Banco Central de Argentina el mismo porcentaje de empresas de mujeres que de varones reciben créditos, pero, en el caso de las mujeres, los montos aprobados son 30% menores que el de los varones. “Sería interesante profundizar para entender qué pasa: ¿Es el tipo de proyecto? ¿O son sesgos de género?”, abre el debate. l

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