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Presidencia en calzoncillos

El problema principal de Trump es la pérdida de credibilidad de su imagen

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24 de agosto de 2017 a las 04:55

Cuando era chico me gustaba quedarme en la casa de mis abuelos paternos, pues antes de dormirme mi abuela me contaba historias desopilantes sobre un político uruguayo llamado Domingo Tortorelli, quien en 1938 se postuló a la presidencia del Uruguay, y cuyas propuestas de gobierno eran insólitas, como por ejemplo construir carreteras en bajada para ahorrar combustible.

Por discursos y actitudes, Donald Trump se está pareciendo cada vez más a Tortorelli; su megalomanía, sin embargo, le impide ser inofensivamente divertido, aunque, verdad obliga, en dosis pequeñas puede ser entretenido.

Antes de ayer, en lo que pareció ser un acto partidario preelectoral antes que un discurso presidencial dirigido a toda la ciudadanía, habló por más de una hora en Phoenix, Arizona, donde tiene una base de seguidores amplia.

El problema principal de Trump en estos momentos es la pérdida rápida de credibilidad que su imagen está teniendo, esa erosión irreparable, por lo que el acto del martes de noche buscó en cierta manera revertir la dramática tendencia a la baja que muestran las encuestas.

Si ese era el objetivo, no lo consiguió. Trump tiene además otro problema grande, considerando que la edad de su presidencia es de apenas meses: en ocasiones puede ser entretenido, pero hasta ahora no demostró ser efectivo.

El crédito se le está acabando, y los caminos que ha tomado para intentar mejorar la percepción que de su imagen tiene la ciudadanía parecen ser los equivocados. Vive improvisando y cada vez que abre la boca la embarra más.

La enorme brecha que ha profundizado en su país difícilmente vaya a desaparecer en los tres años y pico que le quedan de presidencia. Lo peor, lo realmente peor, es que, tal como lo evidenció en su interminable divagación en Arizona, parece ir a la deriva, sin saber distinguir la diferencia que hay entre motivar a la gente respecto a la agenda de su gobierno, y hacer el ridículo mediante generalizaciones más propias de un político amateur que de alguien que ocupa la Casa Blanca.

Las protestas y enfrentamientos con la policía al final del acto indican que la situación de incertidumbre social en el país se le está yendo de las manos, si ya no se le fue casi por completo.
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