Ahmadinejad se cuidó de repetir, ante centenares de estudiantes miembros de las milicias islamistas de Teherán, el duro mensaje que profirió el miércoles pasado sobre el Estado hebreo y que le valió la condena unánime de la comunidad internacional y del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Sin embargo, la diplomacia intentaba atenuar el efecto de las declaraciones de Ahmadinejad. Incluso su predecesor, Mohamad Jatami, abandonó su silencio para criticarle casi abiertamente.
Aunque el ultraconservador Ahmadinejad se ha limitado a repetir un eslogan oficial y si la negación de Israel es un dogma fundador de la República Islámica de Irán, ningún dirigente de su rango las había pronunciado en los últimos años.
Los aliados de Israel "desde hace cincuenta años intentan que el mundo reconozca la existencia de un régimen de ocupación ilegal", declaró el presidente, que suscitó en el auditorio los eslóganes de "¡Muerte a Israel!"
Acusó también a los aliados de Israel de emplear un doble mensaje pues, según él, equipan al Estado hebreo con ojivas nucleares y prohíben a Irán que utilice tecnología nuclear civil.
Ahmadinejad suscitó este escándalo en un momento poco oportuno para Irán. La Agencia Internacional de la Energía Atómica se reúne el 24 de noviembre y podría decidir enviar el expediente nuclear iraní al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
(AFP)