2 de diciembre de 2014 18:50 hs

El debate en torno a la definición de Israel como Estado judío acabó precipitando una crisis en la interna del gobierno de ese país que llevó a que ayer el primer ministro Benjamin Netanyahu anunciara la destitución de dos ministros centristas que habían criticado su política y la convocatoria a elecciones anticipadas para intentar lograr un nuevo gobierno.

Las destituciones se concretarían en las siguientes 48 horas al anuncio. Los implicados son los titulares de Finanzas, Yair Lapid y de Justicia, Tzipi Livni. “En las últimas semanas, incluyendo las últimas 24 horas, los ministros Lapid y Livni atacaron duramente al gobierno que dirijo. No voy a tolerar más oposición en el gobierno, no voy a tolerar a ministros que atacan desde dentro del gobierno a las políticas del gobierno y a su líder”, señaló Netanyahu al dar el anuncio.

Lapid y Livni formaban parte de la coalición de gobierno pero por partidos más moderados que el del primer ministro. Lo que precipitó la fractura fue su oposición el pasado 23 de noviembre a un proyecto de ley para declarar al país como un Estado Judío. Israel no tiene constitución y lo que está en juego es su Ley Básica. La propuesta de cambio es impulsada por los más derechistas (los partidos Likud, Israel Beitenu y Casa Judía) y rechazada por los partidos Hatnua (de Livni) y Yesh Atid (principal socio del primer ministro, liderado por Lapid).

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Cuando lo defendió la semana pasada, el primer ministro comentó que en su país “hay igualdad individual para todos los ciudadanos, pero el derecho nacional está reservado sólo para el pueblo judío”. Con esto logró que políticos del centro y de la izquierda catalogaran el texto de “racista”, “equivocado” o como un “crimen contra la convivencia”. Además de distinguir ante la ley, la norma elimina el idioma árabe como cooficial y establece la primacía de los valores judíos. Cerca del 24,6% de la población israelí no profesa esa fe (1,9 millones de personas) y casi un millón y medio de sus habitantes son árabes.

Los otros dos puntos clave en los que no hay acuerdo son el programa nuclear de Irán y la continuidad de la construcción de residencias en zonas palestinas ocupadas. Al momento de explicar el por qué de su decisión, Netanyahu también mencionó que los dos secretarios de Estado “minaron” su gestión y se detuvo en la ministra de Justicia (Livni), que en mayo de este año desoyó una indicación que él había dado y se reunió con el líder de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abas. “Actuó absolutamente en contra de la decisión del gabinete y en contra de mi medida específica de no reunirse. Fue algo estúpido”, comentó el primer ministro.

Además de pedir las dimisiones, Netanyahu anunció que le pedirá al Parlamento su disolución y la convocatoria de elecciones anticipadas “lo antes posible”. El llamado Kenesset comenzará hoy mismo a la ley de disolución, que podría aprobarse hoy o el lunes, según la radio pública. En este caso, las elecciones podrían celebrarse en marzo o abril de 2015.

Así, el gobierno acabará tres años antes del comienzo de su gestión, algo que no es del todo infrecuente. Según apuntó ayer Patricia Blanco, enviada de El País a Jerusalén, en el último mes del año suele haber diferencias por el presupuesto y varios gobiernos se quiebran. Un reflejo de esto es que ningún gobierno ha logrado en la historia de Israel terminar su período de gestión.

En declaraciones al Canal 10, Livni consideró que su remoción forma parte de una estrategia del primer ministro para concretar una alianza con los ultra ortodoxos. Yesh Atid, el partido politico del otro desplazado, consideró en un comunicado que “la arbitraria decisión de desplazar a los ministros es un acto de cobardía y pérdida de control”.

Riesgo de radicalización

El llamado a elecciones seguramente no desplazará a Netanyahu de su cargo. El ya tres veces primer ministro es favorito y así lo dicen las encuestas. El último sondeo divulgado por el portal Walla el 22 le asignaba una mayoría absoluta de 63 escaños sobre los 120 que hay en el recinto.

“Los partidos de derecha tienen la mayoría según los sondeos, lo que significa que hay grandes posibilidades de que Netanyahu conserve su puesto” confirmó ante la prensa el politólogo Abraham Diskin.

El dilema del jerarca es que gobernará sin los miembros de los partidos Hatnua y Yesh Atid, que aportaban una cuota de moderación ante las propuestas más radicales de bloques como Casa Judía.

Por ejemplo, Lapid se oponía no solo a la definición de Israel como Estado judío, sino que además se atrevía a criticar la postura del gobierno de apoyar la construcción de residencias en zonas palestinas que fueron colonizadas por israelíes. Esas edificaciones, condenadas por organismos internacionales, muchas veces son usadas por el gobierno israelí para complacer a los de extrema derecha que reclaman la anexión de los territorios que Yahveh les prometió hace varios siglos.

Al tiempo que se deslinda de esta corriente, el primer ministro comienza a establecer contactos con los partidos ultraortodoxos, actualmente en la oposición. Uno de ellos es Hogar Judío, formación nacionalista religiosa y ferviente partidaria de la colonización, liderada por el ministro de Economía Naftali Bennett.

Una coalición gubernamental más conservadora alejaría aún más la posibilidad de reanudar las negociaciones de paz palestino-israelíes, en punto muerto desde el año 2000 y afectadas por la reciente ofensiva militar de Israel en Gaza, que acabó a fines de setiembre pero todavía no hay acuerdo en torno a asuntos principales.

Guerra de poderes

Los primeros análisis del quiebre del gobierno señalan que Netanyahu actuó con radicalidad ante el crecimiento de dos políticos que le disputaban el poder. El comentario en realidad está más centrado en Lapid, que dirige un partido con el mayor número de diputados (19) desde que el Likud conservador (18 escaños) se separó de Israel Beiteinu (13 diputados), la formación ultranacionalista del jefe de la diplomacia, Avigdor Lieberman.

El lunes Netanayhu presentó a Lapid cinco exigencias para salvar el gobierno, entre las cuales la retirada de su proyecto de supresión del IVA en las compras inmobiliarias, el fin de las críticas sobre la colonización israelí en Jerusalén este anexionado, que suscita críticas en el extranjero, y el apoyo al proyecto de ley sobre el Estado “judío”.

Lapid rechazó el ultimátum y ayer acusó a Netanyahu de “irresponsabilidad” al provocar unas elecciones “superfluas”.

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