Seguramente el amable lector recuerde aquella película en que la desalmada de Glenn Close metía el conejito de Michael Douglas en una olla de agua hirviendo. Por encima de lo que podamos decir de Douglas, el tipo no merecía eso, como nadie lo merece. Ahora Close está en Uruguay, y cualquiera con dos dedos de frente sabe que los conejos están en peligro.
Si bien durante el día se comporta como una amable estrella de Hollywood que brinda charlas por una buena causa, todos conocemos lo que hace por las noches: hervir conejos. Por eso, con la ayuda del Departamento de Bienestar Animal de El Observador, hemos preparado una serie de recomendaciones para evitar que su mascota caiga en las manos de esta mujer.
Si piensa usted seguir estas instrucciones a rajatabla, lo primero que tiene que hacer es conseguir un conejo. De nada le servirán nuestros consejos para cuidar conejos, si no tiene uno que proteger. Pero supongamos que usted ya tiene uno.
Para evitar que termine nadando en una olla de agua hirviendo, lo único que puede hacer es esconderlo, pues tratar de enfrentar a Glenn sería inútil. Seguramente los defensores de los animales propongan colgar a este cronista en una plaza pública por someter a un conejo a la oscuridad, pero si tenemos en cuenta el modus operandi de Close, resulta lo más lógico. Para hacer lo que ella hace se necesitan dos cosas: una olla y un conejo. Si bien podría alguien sugerir esconder las ollas, todos sabemos que las cacerolas se consiguen con suma facilidad, y si usted las escondiera Glenn podría conseguir alguna en casa de un vecino sin conejo, llevarla a la suya y preparar el guiso. Por eso es necesario que el escondido sea el bicho.
Aunque pequeños, los conejos no son fáciles de ocultar. Lo mejor es contratar un mago. Cual guardia de seguridad, el ilusionista se mudará a su casa con órdenes estrictas de meter al conejo en la galera en cuanto vea a cualquier mujer rubia acercándose a su domicilio. Al suyo, no al de él, a no ser que él también tuviera conejo, más para protegerlo deberá contratar otro mago, ya que él estará cuidando al de usted. En caso que Close irrumpiera en su living sedienta de conejos y preguntara por la inusual presencia de un mago en día de semana, perfectamente puede inventar un cumpleaños infantil o decirle que se trata de un deshollinador, aprovechando que en las películas estos siempre llevan traje y galera. Las estrellas de Hollywood se comen la comida que venden y no dude que creerá en este estereotipo a pies juntillas.
Si posee usted más de un conejo, debe prestar atención al sexo en el momento de esconderlos. No al suyo sino al de ellos, aunque en el caso de Michael Douglas fue precisamente su sexo lo que acabó con el conejo. Si tiene un casal, y no me refiero a Paco sino a un ejemplar hembra y otro macho, es imprescindible que tenga en cuenta el berretín de reproducirse que tienen estos pequeños animales. Capaz que usted esconde una parejita de mañana, y cuando vuelve a casa de noche encuentra toda la casa llena de conejos, y a Glenn Close calentando agua en las cuatro hornallas de la cocina con el rostro desencajado.
No se recomienda esconderlos en lugares poco ortodoxos como roperos, fosas o aljibes. En cuanto a los roperos, es bien conocida la manía de mordisquear cuanto se cruce en su camino que tienen estos animalitos. Si desea seguir vistiendo con el garbo que lo caracteriza, aléjelos de las prendas de vestir.
Las fosas tampoco son convenientes pues generalmente se usan para depositar cadáveres, y si pone en una de ellas un ser vivo es probable que al poco rato abandone tal condición. Para eso, déselo a Glenn como obsequio y capaz que hasta aparece en Vanity Fair.
El aljibe es el sitio menos indicado. No porque los conejos sean malos nadadores sino porque el proverbial enfrentamiento entre sus primas las liebres y las tortugas han llevado a estas dos especies a desarrollar una genética que los enfrenta con virulencia. Todos sabemos que en los aljibes hay tortugas, y si quiere evitar un baño de sangre, no debe esconder allí a su conejo bajo ningún concepto. Sin duda alguna, la opción del mago es la mejor, por no decir la única. Si no tiene uno a mano, podemos ofrecerle varios en el Departamento de Magia e Ilusionismo de El Observador. El interno es el mismo que el de Contaduría.