Putin es el protagonista de la escena geopolítica por estos días AFP
18 de febrero de 2022 16:21 hs
Pasó otra semana y la inminente invasión de Rusia a Ucrania no llegó. Todos los días algún vocero del Departamento de Estado de EEUU o el propio presidente Joe Biden nos cuentan que tienen información de que los planes de guerra del presidente ruso Vladimir Putin son reales, y que en lugar de respetar su declaración de que retiraría tropas de la frontera, las está sumando. Moscú responde con evasivas, memes burlones por la guerra con fecha y hora que no llega, o respuestas pasivo-agresivas como las del presidente ruso cuando se reunió con el presidente francés Emmanuel Macron y le recordó, en conferencia de prensa, el arsenal nuclear ruso apuntando hacia Europa.
A esta altura el conflicto tiene, desde el discurso público, algunas similitudes con la guerra de Irak en 2003: el gobierno de EEUU le cuenta al mundo información que tiene en sus manos sobre los planes del enemigo, pero de los cuales no muestra ninguna prueba. Solo la intención de que le creamos de pie juntillas a la inteligencia de Estados Unidos. En 2003 eran las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, que nunca aparecieron. Ahora son los ataques falsos que prepara el Kremlin para justificar una invasión militar a Ucrania. La Casa Blanca apuesta así a blanquear los planes de Putin antes de que los ejecute, apostando a, de esa forma, arruinarlos.
Desde nuestro mundo occidental tenemos muchos argumentos para entender la postura de Washington y sus aliados europeos en el conflicto: hay que defender la democracia ucraniana, y también su libre determinación, ya que la mayoría de la población quiere un mayor acercamiento a Europa y EEUU y mira con recelo a Moscú. La relación amor odio ruso-ucraniana es compleja y se remonta a siglos atrás, con muchos lazos culturales en común pero también episodios escalofriantes como el Holodomor, la hambruna pergeñada por Stalin que le costó la vida a entre 1.5 y 12 millones de ucranianos y que posibilitó que muchos rusos de sangre se asentaran en tierras ucranianas. El sentimiento pro o anti ruso está dividido entre los ucranianos, pero pasó a ser mayoritariamente opuesto a Moscú después del conflicto de 2014 por el cual Rusia anexó ilegalmente a Crimea y facilitó la luchas separatistas en las regiones de Donetsk y Lugansk. También hay millones de ucranianos del otro lado de la frontera, y viceversa, por lo que sería en efecto una guerra entre hermanos.
Pero la visión de Moscú también tiene sentido. Por un lado, la intención de Putin es innegable: ha dejado suficientemente claros su afán de aumentar la influencia rusa en antiguas repúblicas soviéticas como Georgia o Ucrania, de la misma manera que hoy Bielorrusia ha vuelto a ser un satélite de Moscú. Ante eso se encuentra con una cerrada oposición de occidente. Sin embargo, el coqueteo con la idea de la OTAN de extenderse hasta Ucrania parece una mojada de oreja al gobierno ruso: instalar la alianza militar del Atlántico norte, y su enorme capacidad militar, en las puertas de Rusia no podía lograr otra cosa que enervar al Kremlin. Sobre todo porque refleja el sentimiento de Rusia en la era post guerra fría, en la que, por la vía de los hechos EEUU actuó como el ganador del conflicto, en la época en la que parecía que la democracia y el orden capitalista liberal se impondría sin mayores problemas en todo el mundo. El resquemor ruso encontró en Putin su mejor intérprete, y hace tiempo que el líder ruso dejó claro que no aceptará una geopolítica donde sea un actor de reparto, un invitado a la mesa de China y Estados Unidos. Desde las alianzas internacionales hasta el incremento de su capacidad militar, pasando por la diplomacia de vacunas de covid-19, está apostando muy fuerte a ello.
Washington no ha abierto la puerta de aceptar a Ucrania en la OTAN, pero tampoco la ha cerrado. Casi un espejo de lo de Moscú: no ha anunciado ninguna invasión a Ucrania, pero tampoco la ha descartado.
En medio del conflicto político, algunos otros datos complican el análisis: por ejemplo, la concreción del gasoducto Nord Stream II, que irá Moscú a Berlín y que será vital para el invierno alemán, y que provoca que Berlín no sea un actor principal en el conflicto, junto con la retirada de Angel Merkel. Con ese contexto Macron intenta erigirse como el líder negociador europeo, y no simplemente seguir lo que le marca la Casa Blanca.
Lo que es seguro que el estancamiento de la situación favorece a Putin: sabe que una guerra en Ucrania le costaría carísimo, sobre todo a la economía rusa, y que sobrevendrían sanciones monstruosas. Pero mientras no mueve piezas, el presidente ruso observa cómo todos se apuran por solucionar la crisis. En su apuesta por recuperar el poder de la madre Rusia, esa ya es una primera victoria.