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El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg

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Qué buscan Estados Unidos y sus aliados europeos con la “globalización” de la OTAN

En los últimos meses, la retórica de Washington y conspicuos funcionarios de la organización militar viene insistiendo en llevar a la organización militar a otros territorios para garantizar una “libertad” que no es otra que la del libre comercio.

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14 de agosto de 2022 a las 05:00

Por Daniel Cecchini


Se plantea una “falsa elección entre la seguridad euroatlántica y la seguridad indopacífica. En el mundo moderno necesitamos ambas cosas. Necesitamos una OTAN global”, se despachó el 27 de abril pasado, cuando la Guerra en Ucrania llevaba poco más de dos meses, la ministra de Relaciones Exteriores británica, Liz Truss, hoy una de las candidatas más firmes para suceder a Boris Johnson en el gobierno del Reino Unido.


Fue en ocasión de su discurso en el Banquete de Pascua del Lord Mayor, en Mansion House, y allí también precisó otras dos cosas. Apuntó a China como enemigo de la libertad al decir “debemos garantizar que democracias como Taiwán sean capaces de defenderse” y aseguró que la “política de puertas abiertas” de la OTAN era “sacrosanta”.


Su frase más clara y contundente fue: “Con eso no me refiero a extender la membresía a personas de otras regiones. Quiero decir que la OTAN debe tener una perspectiva global, lista para hacer frente a las amenazas globales”.


Desde el discurso de Truss, los hechos confirman que no es la única que tiene esa visión. A fines de junio, la Cumbre de la OTAN decidió tratar el ingreso de Suecia y Finlandia a la organización militar que responde en Europa a los intereses de Estados Unidos y hace pocos días, la presidenta de la cámara de Representantes de los Estados Unidos realizó una provocadora visita a Taiwán, lo que desató una fuerte respuesta diplomática de China, reafirmada con maniobras militares de envergadura alrededor de la isla que Beijing reclama como parte de su territorio.


Todo esto sin olvidar que uno de los argumentos esgrimidos por Moscú para iniciar la operación militar en Ucrania fue el peligro de la incipiente aproximación – a manera de cerco – de la OTAN hacia sus fronteras.


La escalada de la fuerza militar de Estados Unidos y sus aliados europeos hacia otros lugares del mundo, en especial Eurasia, no es nueva pero viene subiendo la apuesta. “Con el conflicto en Ucrania en curso, era obvio que la OTAN pondría en primer plano a Rusia en la Cumbre de Madrid. Pero los materiales elaborados por la OTAN dejaron claro que no se trataba simplemente de Ucrania o Rusia, sino de impedir la integración euroasiática. China fue mencionada por primera vez en un documento de la OTAN en la reunión de Londres de 2019, en el que se decía que el país presentaba ‘tanto oportunidades como desafíos’.


En 2021, el tono había cambiado, y el comunicado de la Cumbre de Bruselas de la OTAN acusaba a China de ‘desafíos sistémicos al orden internacional basado en normas’. El Concepto Estratégico revisado de 2022 acentúa esta retórica amenazante, con acusaciones de que la ‘competencia sistémica de China (…) desafía nuestros intereses, seguridad y valores y busca socavar el orden internacional basado en normas’”, escribió luego de la Cumbre de Madrid el historiador y analista político indio Vijay Prashad en su ensayo “Estados Unidos quiere evitar un acontecimiento histórico, la integración de Eurasia”. 


No se puede obviar la invitación que también recibieron Australia, Japón, Nueva Zelanda y Corea del Sur para asistir a la Cumbre de Madrid, con la que se buscó acercarlos a la agenda impuesta por los Estados Unidos – y la OTAN, claro – para presionar de alguna manera a China en el Pacífico.


Así las cosas, la pretensión de globalización de la OTAN – nacida como una alianza regional –  se muestra cada vez con más claridad. 
“Las alianzas regionales deberían, en su mayor parte, seguir siendo regionales. Las áreas del mundo pueden contar con una cantidad de tales organismos y asociaciones con diversos grados de peso: la Organización de los Estados Americanos; la Organización de la Unidad Africana; y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático. Sólo uno ha decidido ir más allá de sus límites naturales, suscritos, citando la seguridad y una base militante, para sus acciones”, dice el analista Binoy Kampmark, profesor titular en la Escuela de Estudios Globales, Urbanos y Sociales de RMIT en Melbourne.


Y agrega: “La visión de Truss es simple, marcada por naciones ‘libres’ y ‘asertivas y en ascenso’. Donde la libertad y la democracia se fortalecen a través de una red de alianzas económicas y de seguridad’. Se requeriría una ‘Red de Libertad’ para proteger ese mundo, una que esencialmente pasaría por alto al Consejo de Seguridad de la ONU y a las instituciones que ‘hasta ahora se han deformado’ para permitir en lugar de contener la ‘agresión’”.


Detrás de la retórica de libertad de Truss y su pretensión expansiva de la OTAN están los intereses económicos y geopolíticos de Estados Unidos y sus aliados, que requieren mantener una hegemonía que, si en algún momento fue posible, hoy aparece cuestionado y a la defensiva, con actores económicos fuertes, como los países del BRICS, que pretenden jugar en el mundo sin su arbitraje e, incluso, sin utilizar su sacrosanta moneda de color verde.


Porque la única “libertad” que la expansión de la OTAN pretende llevar al resto del mundo es la del libre comercio.

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