Cargando...
Presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Nancy Pelosi, y la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen

Mundo > China insular

Qué es Taiwán y qué quieren los taiwaneses

Las tensiones internacionales incrementadas por la guerra de Ucrania y el rol de los chips conviven en una sociedad en la cual la mayoría prefiere el statu quo de “un país, dos sistemas”

Tiempo de lectura: -'

15 de agosto de 2022 a las 05:01

Los antiguos navegantes portugueses, de los más avezados a fines del siglo XVI, avistaron la isla de Taiwán la llamaron Formosa, ni más ni menos que hermosa. A esa isla bonita, se sumaron en 1949 alrededor de un millón de personas. Fue tras la victoria del Ejército Rojo, liderado por Mao Zedong Tung, quien además era secretario general del Partido Comunista chino. Fue la guerra civil en la cual los triunfadores fundaron la República Popular China. Los derrotados, antiguos aliados de Mao en la guerra contra los japoneses hasta 1945 eran los nacionalistas, liderados por Chiang Kai-shek, jefe del Kuomintang, el partido que había presidido el país entre 1927 y 1949, buena parte de ese tiempo aliados a los comunistas.

El Kuomintang estableció en Taiwán un Gobierno en el exilio, al cual Beijing toleraba sin entrar en conflicto bélico. Recién en 1971 las Naciones Unidas reconocieron que había una sola China, la que tenía como capital a Beijing. A partir de allí solo 14 naciones en todo el planeta aceptaron recibir embajadores de Taipéi.

Taiwán no fue –ni es- es una región administrativa especial de China, como sí lo son lo es Hong Kong, que fue colonia británica, y Macao, que fue dominio portugués. Taiwán tiene algo menos de 25 millones de habitantes, una Constitución, un gobierno que surge de elecciones y un ejército muy numeroso en relación a su población, de unos 300.000 efectivos. Pero lo que puso a esta isla en un lugar destacado entre los tigres de Asia es su liderazgo en la industria de los chips o semiconductores.

China y Taiwán tuvieron tensiones pero también un gran flujo comercial y acuerdos arancelarios para que sus producciones resulten complementarias. Mientras gobernó la alianza política liderada por el Kuomintang, conocida como Coalición Azul, las posibilidades de una integración a China estuvieron presentes. Sin embargo, a la par de su crecimiento económico y su mayor integración comercial a Estados Unidos y Europa, se consolidó la Coalición Verde, encabezada por el joven Partido Democrático Progresista, fundado en 1986 y liderado por la actual presidenta Tasi Ing-wen que llegó al gobierno en 2016.

El distanciamiento del gobierno “verde” de Beijing y especialmente del presidente Xi Jinping es alto. Lo era antes de la visita de Nancy Pelosi y más aún desde que Taiwán comenzó a estar en boca de todo el planeta.

Matices e historia

En Taipei está el Observatorio de Política China, una ONG dedicada a los estudios de opinión pública que apunta que “los matices son relevantes” entre la Coalición Azul y la Coalición Verde. Los primeros tendientes a respaldarse sobre el continente, los segundos a asociarse a Estados Unidos, Japón y Europa.

Pese a los colores distintos, el Centro de Estudios Electorales de la Universidad Nacional Chengchi de Taipéi indican que la mayoría de los alrededor de 15 millones de taiwaneses habilitados para vota prefieren mantener las cosas como están. En un sondeo de julio de 2022, los partidarios de la unificación son alrededor del 1,3% pero los que quieren declarar la independencia son el 5,1%.

El líder comunista y expresidente de China continental Deng Xiaoping, sucesor de Mao, había lanzado la consigna de Un solo país, dos sistemas a finales de los ochenta. Eso caló hondo en Taiwán que, a diferencia del sistema comunista de partido único le permitía –y le permite- a la isla tener un sistema constitucional de corte occidental.

Pero en lo que va del siglo XXI China continental se fue convirtiendo en la segunda potencia económica, fue solucionando sus problemas de pobreza, se incorporó a las naciones con perfil de exportadores de alto valor agregado y con un sistema político de partido único y con poderosas empresas privadas.

Ya son tantas empresas que importan semiconductores de Taiwán que en febrero de este 2022, mucho antes de la visita de Nancy Pelosi, el comisario europeo Thierry Breton dijo sin vueltas: “Si Taiwán no pudiera exportar más, casi todas las fábricas del mundo se detendrían en tres semanas”. La frase coincidió con el inicio del conflicto armado en Ucrania. Así como Europa es dependiente del gas de Rusia, el Viejo Continente y muchos otros países no quieren imaginar una isla de Taiwán integrada al continente.

Durante el gobierno de Donald Trump las sanciones a empresas chinas y la suba de aranceles de productos chinos no hicieron más que poner en evidencia de que no se podía frenar el ritmo del avance chino. Ahora, con otra administración, Estados Unidos acaba de votar la ley de chips y ciencia que, directamente, está dirigida a favorecer solo a empresas privadas que no inviertan en China. Además, quieren que los microprocesadores taiwaneses se fabriquen en territorio estadounidense. Las inversiones para montar plantas de chips están lejos de ser baratas y sencillas. Además requieren de tiempos más largos que poner una ensambladora.

Taiwán también está en el radar de Xi Jinping, quien logró un liderazgo quizá comparable al de Mao Zedong pero con la diferencia de que está al frente de la segunda economía mundial, cuyos planes quinquenales se cumplen con la parsimonia oriental y a un ritmo muy superior al de sus competidores occidentales. Con un detalle no menor: en el mundo post-guerra fría, las potencias mantuvieron y mantienen “zonas de influencia”, que suelen tener un fuerte arraigo territorial. El “América para los (norte)americanos” tiene todavía una gran vigencia. El Comando Sur de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos tiene un especial interés en vigilar cuál es la incidencia de China en las naciones del continente. No promueve lo recíproco. Su diplomacia, su despliegue de bases militares está concebido para ser la potencia hegemónica del planeta. No todos los planetas parecen alineados para eso.

Si los estudios de opinión pública indican que los taiwaneses prefieren el “statu quo” y las relaciones de poder mundial muestran que el poderío de Estados Unidos no crece al ritmo del poderío chino. Si la cercanía territorial de Taiwán a China, sus identidades culturales e idiomáticas los tienen tan cercanos, ¿será concebible por mucho tiempo tanta tensión sobre esa isla? O, por el contrario, la vieja consigna de Den Xiaoping de “una nación, dos sistemas” ¿no parece acercarse más a la realidad? Claro, si las tensiones militares avanzan, el escenario también puede retroceder.

El objetivo primordial del gobierno chino es frenar cualquier posibilidad de una declaración formal de independencia, y otorga primacía a la “reunificación” pacífica, aunque no descarta el uso de la fuerza como último recurso. En palabras del propio Xi, la reunificación es “una misión histórica del Partido”.

Comentarios

Registrate gratis y seguí navegando.

¿Ya estás registrado? iniciá sesión aquí.

Pasá de informarte a formar tu opinión.

Suscribite desde US$ 345 / mes

Elegí tu plan

Estás por alcanzar el límite de notas.

Suscribite ahora a

Te quedan 3 notas gratuitas.

Accedé ilimitado desde US$ 345 / mes

Esta es tu última nota gratuita.

Se parte de desde US$ 345 / mes

Alcanzaste el límite de notas gratuitas.

Elegí tu plan y accedé sin límites.

Ver planes

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Si ya sos suscriptor Member, iniciá sesión acá

Cargando...