29 de mayo 2024
Dólar
Compra 37,40 Venta 39,80
13 de julio 2021 - 5:02hs

Suena un tango. Un bandoneón guía el camino hasta la sala 3 del Museo de Artes Visuales (MNAV) y acompaña el recorrido entre las 33 obras que componen la exposición Mario Arroyo, surrealismo rioplatenseUna oportunidad para redescubrir a un artista relegado en el imaginario nacional, que no está destacado en las colecciones de los museos, pero captó la sensibilidad de una época rodeada de misterio.

Arroyo nació en Montevideo, el 21 de abril de 1927, y vivió durante toda su vida en la casona de la calle Chaná 2107. Si bien desde joven se abocó a las artes, la música y el cine, no fue hasta 1966 con casi 40 años que empezó a pintar.

En 1954 fundó junto a sus amigos tangueros El Club de la Guardia Nueva y formó parte de un grupo de amantes del tango que se reunían cada lunes. Eran encuentros en los que se reunían artistas, músicos, arquitectos y escritores. Fue allí precisamente donde mostró su primera obra, que fue bautizada por su amigo, poeta y escritor, Horacio Ferrer, Y sin embargo, sola.

Más noticias

Fue un "dandy", como lo llamaba el poeta, que pintó unas 400 obras en 25 años de producción artística antes de su muerte en 1995.

Camilo dos Santos La exposición se podrá visitar hasta el 25 de julio en el MNAV

Marcelo GuadalupeCarlos Castro son los curadores de esta exposición en la que lograron reunir 33 obras originales del artista, así como documentación personal, catálogos, fotografías, documentos, artículos de prensa y cartas. Guadalupe indica que no se trata de una selección de su obra, sino de la exhibición de las piezas a las que se ha podido acceder. De todas formas, abarca creaciones desde 1968 hasta 1990 y los diversos temas sobre los que el pintor tenía interés.

La obra de Arroyo transcurre en la noche. Ciudades oscuras y fantásticas, retratadas en tonos sepia y vigiladas por faroles con piernas de mujeres. De hecho, la figura femenina es el centro de sus obras. El curador de la exposición señala la belleza que el artista atribuyó a las mujeres, no sólo física, sino en lo fascinante y misterioso. Arroyo, por ejemplo, creo escenarios enteros donde la mujer es gigante y domina toda la ciudad.

MNAV La ciudad fantasma, (1976)

Todos sus personajes se presentan con la elegancia de la década del 30, mujeres con vestidos de fiesta, portaligas y sombreros, hombres con gachos de la época. Personajes que deambulan entre el tango, la orquesta, los misterios, las estaciones y los billares como crónicas de noches fantásticas inspiradas en el cine noir o la Nouvelle Vague.

MNAV Último instante (1980)

El surrealismo de Arroyo es tan maravilloso como familiar al mismo tiempo. Una amalgama rioplatense entre la realidad y la fantasía, el misterio y la seducción de la noche arrabalera.

"Siempre tuve preferencia por el ensamble de la realidad y la ficción […] nunca fui ni tuve inclinación por la pintura naturalista; la fantasía está siempre presente. He creado siempre ámbitos, escenografías que son atemporales, y que quizás no son representativas propiamente de lugares reales. O sea, hay elementos reales, dentro de ámbitos irreales. Y en cuanto a los personajes, si bien están enmarcados dentro de esa época de la década del 30, ellos deambulan por todas las épocas, son intemporales" - Mario Arroyo

El artista, según explica el curador, pintaba minuciosamente cada detalle, tal y como los maestros a los que admiraba, entre ellos los belgas René Magritte y Paul Delvaux, el catalán Salvador Dalí, el italiano Giorgio de Chirico y el argentino Sigfredo Pastor, que pintaba personajes bailando tango.

Arroyo dedicaba mucho tiempo a definir la estructura de la obra, realizaba bocetos y calcos, definía la trama, incluía el misterio y la metáfora en sus obras y disfrutaba realizar cada una de ellas, las que coronaba con sus títulos sugestivos. "Nada dejaba al azar, porque cada obra era una prolongación de su ser", sostiene Guadalupe. 

MNAV La dama del sillón, (1988)

Por su escasa producción, comenzó participando en exposiciones colectivas, hasta que en el año 1972 realizó su primera exposición individual en la Galería Karlen Gugelmeier de Montevideo. “Todo lleva a creer que existe un cierto punto del espíritu donde lo real y lo imaginario, la vida y la muerte, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, cesan de ser percibidos contradictoriamente", dice la frase que Andre Bretón escribió en el Manifiesto del Surrealismo de 1924, y que Arroyo utilizó en el catálogo de aquella primera muestra individual. 

MNAV Las suertes de la noche, (1985)

A partir de esa primera exposición, la obra de Mario Arroyo cruzó fronteras. Realizó varias exposiciones individuales en Buenos Aires y Porto Alegre, y recién en 1978 volvió a exponer individualmente en Montevideo en la Galería Bruzzone. Gran parte de la obra del artista está en el exterior, en colecciones de Argentina, Brasil y Estados Unidos. Además, Arroyo tuvo gran éxito comercial durante su vida. Cuando pintaba un cuadro se vendía rápidamente en las galerías más destacadas de su época. Esto hace que gran parte de su acervo se encuentre en colecciones privadas. 

MNAV Llamando a las almas de la madrugada, (1989)

La música, aquel tango del comienzo, cobra sentido junto a la vida y la obra del artista. De hecho forma parte de una producción audiovisual que repasa algunos de los óleos que no están en la sala y ayuda a comprender el contexto de la obra de Arroyo.

“La obra de Mario Arroyo merecía exhibirse recorriendo su relevante trayectoria y así reencontrarse con todo aquel visitante que acepte el reto de entrar en su universo artístico, y es este justo homenaje el que coloca al artista en un lugar de destaque, entre sus pares, en la mejor tradición de las artes plásticas de nuestro país", escribió en el catálogo de la exposición el director del MNAV, Enrique Aguerre. 

Dijo Arroyo: "El misterio y el drama son parte esencial del arte, y la metáfora también”.

Temas:

Mario Arroyo MNAV surrealismo Museo Nacional de Artes Visuales arte visual Artes visuales

Seguí leyendo

Te Puede Interesar