Ciencia > CIENCIA

Recorre en bici 700 kilómetros y 19 liceos para hacer experimentos científicos

Un investigador recorre el país y ofrece talleres a liceales en los que explica conceptos científicos básicos

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17 de octubre de 2019 a las 11:26

Por Matías Castro - Especial para Cromo

El bioquímico y microbiólogo español Alejandro Marín-Menéndez (39) acaba de traer a Uruguay el proyecto Scicling, en el que a partir de un sencillo experimento habla sobre temas complejos. Se trata de una iniciativa de divulgación científica en la que él se traslada en bicicleta de un centro educativo a otro para dar talleres y sensibilizar sobre el tema a los estudiantes. En un total de tres semanas en el país, recorrerá 19 liceos, 6 departamentos y 700 kilómetros. Uruguay es, además, el primer lugar al que lleva Scicling fuera de su país natal. Aquí visitó el Instituto Pasteur en donde dio una charla.

“Este proyecto me permitía unir dos de mis pasiones: la bici y la ciencia”, explica. “Creo que la bici rompe la imagen del científico que está en un laboratorio de bata, porque ven a una persona que llega con ropa deportiva y transpirado por haber recorrido 30 kilómetros. Es para que se normalice la figura del científico, que no necesita ser un genio sino que es una persona normal en un trabajo que le gusta.”

Alejandro hizo una primera experiencia en Canarias mientras esperaba que se tramitara el proyecto ante el Consejo de Educación Secundaria de Uruguay. Eligió el país porque “tiene educación universal gratuita”, cuenta. “Es un país adecuado para ir en bicicleta ahora que están apareciendo las bicisendas. Y luego porque una sola persona en tres semanas puede alcanzar un impacto grande, ya que el tamaño y la geografía me permiten hacer muchísimos kilómetros y llegar a zonas bien diferentes. En otros países de Latinoamérica sería más complicado”.

Luego de esta etapa planea llevar el proyecto al condado británico de Norfolk y luego a Francia, mientras espera por otros fondos que le permitan volver a Sudamérica y hacer los talleres en Argentina. El proyecto más ambicioso abarcará también llegar a Chile y Bolivia.

¿De qué tratan tus talleres?

Son sesiones de tres horas. Primero hablo un poco del ADN y su relación con la malaria, ya que vengo del Sanger Institut en Inglaterra, posiblemente uno de los mejores centros para investigación genómica. Ahí extraemos el ADN de frutillas con un experimento sencillo y en grupos. Luego hablo de cómo utilizamos el ADN para investigar la malaria.

¿Cómo extraen el ADN fuera de un laboratorio y sin equipos?

Con dos vasos de plástico. En uno va detergente, agua y sal y luego lo colocas en una bolsa con frutillas. Las aplastas bien para romper todas las células. Eso lo filtras con un colador en el segundo vaso transparente. Tienes que tener una base con alcohol, ya sea alcohol de farmacia o vodka. Cuando lo filtras te quedan como unos filamentos blancos que son el ADN. Puedes pescarlos con escarbadientes. Eso lo uso como plataforma para explicar por qué hacemos estudios genéticos y qué variaciones genéticas protegen de una infección como la malaria.

¿Por qué investigar sobre la malaria en países en los que no está la enfermedad?

Es importante que sepan que se puede investigar en cosas que no te afectan directamente, sino a otras comunidades. La malaria es un punto de partida, el tema del que he estudiado más. Hacemos un trabajo en grupos de seis estudiantes. Cada grupo oficia como una fundación con cierto dinero que tiene para financiar unos cuatro o cinco proyectos con presupuesto limitado. Ahí tienen que decidir entre todos qué financian y por qué; si se trata de ciencia básica, ciencia aplicada, si el proyecto tendrá impacto local o global. Lo que deciden lo presentan y justifican ante el resto de la clase.

¿Qué repercusión has tenido?

Hacemos una evaluación previa con cuatro preguntas y cuatro respuestas posibles. Si quieren ser científicos es una de ellas, y se responde: seguro, sí, no lo sé o seguro que no. Luego se hace otro cuestionario y se evalúa si la clase ha tenido impacto o no. Aquí solo tomo la evaluación posterior y el feedback ha sido muy positivo, en cuanto a que les gusta y que han podido aprender. Todavía no puedo saber el impacto total de esto. Que haya ejercicios prácticos de trabajo en equipo, tomar decisiones y explicarlas en público son aprendizajes que van más allá de saber qué es el ADN y cómo afecta la malaria en el mundo.

¿Las adolescentes se sienten atraídas por los temas científicos o siguen marcadas por los viejos prejuicios que alejaban a las mujeres de carreras como la de ingeniería?

A nivel posdoctoral se habla de un techo de cristal, un techo invisible. Tienes una masa de científicas excelentes a nivel doctoral y posdoctoral; pero más allá, y a pesar de que la mayoría son mujeres, los cargos de jefes de grupo y similares pertenecen a hombres. Tenemos que aprovechar el movimiento que ya se da y debe generarse un debate muy saludable sobre por qué si hay tantas mujeres en la ciencia son pocas en los cargos de decisión. Durante las sesiones en clase, animo a las chicas para que tomen los puestos de responsabilidad de presentar los proyectos y llevar la voz cantante. En Canarias me dijeron que debería hacer este proyecto con una científica, pero aún no he conseguido una colega ciclista que se tome tres semanas de vacaciones para recorrer 700 kilómetros.

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