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Reflexiones éticas sobre las próximas elecciones

La conciencia bien formada no permite votar a favor de un programa político que contenga una o más propuestas gravemente inmorales

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21 de octubre de 2019 a las 05:03

Un buen ciudadano no vota teniendo en cuenta sólo o principalmente su propio interés o conveniencia, sino en función del bien común de la nación. Por lo tanto, el voto, como todos los actos humanos conscientes y libres, requiere entre otras cosas un discernimiento moral. Dicho discernimiento podría dividirse en dos etapas: en primer término, corresponde descartar los partidos, sectores o candidatos cuyos programas de gobierno atentan gravemente contra uno o más principios morales fundamentales; a continuación, corresponde sopesar los pros y los contras de los partidos, sectores o candidatos que no fueron descartados en la primera etapa.

La Doctrina Social de la Iglesia católica (en adelante DSI) aporta elementos muy valiosos para el discernimiento moral del voto, sobre todo en su etapa eliminatoria. Al respecto se podría hacer dos tipos de consideraciones: por una parte, la DSI realiza juicios globales sobre algunos sistemas ideológicos; por otra parte, la DSI realiza juicios sobre algunas propuestas políticas puntuales importantes. 

En primer lugar, consideremos brevemente los juicios globales de la DSI. Como expliqué en mi artículo “Socialcristianismo”, la DSI rechaza terminantemente el liberalismo individualista y el socialismo colectivista, por ser contrarios a dos de sus principios fundamentales: el principio de solidaridad (desconocido por el individualismo) y el principio de subsidiariedad (desconocido por el colectivismo). Este segundo principio permite descartar sin más algunos partidos, sectores o candidatos. El comunismo es evidentemente un sistema totalitario que avasalla los derechos humanos y las libertades individuales. Por lo tanto, en un discernimiento ético (ya sea filosófico o teológico), cabe descartarlo de plano. Quienes, por ejemplo, se obstinan en seguir apoyando a los opresivos regímenes de Cuba y Venezuela no merecen nuestro voto.

Ahora consideremos brevemente los juicios de la DSI sobre algunos puntos fundamentales. El Papa Benedicto XVI se refirió en varias ocasiones a los “valores no negociables” en la vida política, enumerando entre ellos el derecho a la vida, los derechos del matrimonio y de la familia, la libertad de educación, la libertad religiosa, la justicia social, etc. El fin no justifica los medios. Un valor es “no negociable” si es una condición necesaria de moralidad, que no puede ser abandonada a cambio de otro valor, por más positivo que sea. Por ejemplo, la igual dignidad ontológica de todos los seres humanos es un principio moral fundamental. Por eso sería inadmisible votar por un hipotético partido racista en función de eventuales aciertos de ese partido en materia de seguridad ciudadana.

Dada la tremenda embestida de los tres últimos gobiernos uruguayos contra el derecho a la vida y los derechos de la familia, parece claro que cualquier católico que tome en serio la doctrina católica debería tener un juicio negativo sobre el Frente Amplio (FA). Para llegar a esa conclusión, basta recordar que los gobiernos del FA han legalizado el aborto, el “matrimonio homosexual”, la reproducción humana artificial y la marihuana “recreativa” y que, lejos de arrepentirse de esos males, el FA apunta hacia una implementación cada vez más radical de la irracional y peligrosa ideología de género.

A pesar de la notoriedad del carácter anticristiano del proyecto político del FA, muchos cristianos, incluso católicos practicantes, han votado a favor del FA en las últimas elecciones. Sobre esos votantes pesa una gran responsabilidad moral. El FA ganó las tres últimas elecciones nacionales con márgenes no muy amplios: en 2004 ganó en la primera vuelta con el 50,5 % de los votos emitidos; en 2009 obtuvo el 48,0 % de los votos emitidos en la primera vuelta y el 52,4 % en la segunda vuelta; y en 2014 obtuvo el 47,8 % de los votos emitidos en la primera vuelta y el 53,5 % en la segunda vuelta. No obstante, el FA alcanzó las tres veces una mayoría absoluta en ambas Cámaras del Parlamento. Si todos los católicos hubieran votado según las enseñanzas de la DSI (considerando, por ejemplo, que no es moralmente lícito votar a favor de un candidato, sector o partido político que promueve la legalización del aborto), la historia política reciente de nuestro país habría sido muy diferente.

Empero, desde la perspectiva de la DSI, el FA no es el único motivo de preocupación. En los últimos años, muchos políticos no izquierdistas han cedido gradualmente ante la revolución social anticristiana de la izquierda, en vez de resistirla con firmeza. La supuesta “moderación” de esos políticos sólo retrasa un poco la marcha hacia la falsa utopía progresista, sin revertir nuestro rumbo colectivo. ¡Cuidado con la incoherencia y tibieza de esos “moderados”! Elijamos cuidadosamente, no sólo a cuál lema votaremos, sino también a cuál sublema y a cuál lista.

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