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Saneamiento, luz y seguridad: Carolina Cosse oyó reclamos y prometió volver

La candidata frenteamplista recorrió Casavalle, entre calles abandonadas y aguas malolientes, y concluyó que "hay mucho por hacer"

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23 de febrero de 2020 a las 05:01

Championes, bluejean, camisa azul con cuatro ojales en cada manga corta, el pelo suelto y una mirada que luce serena aunque ella, que aspira a continuar la tradición de 30 años de gobiernos frenteamplistas en Montevideo, la define como "nueva". Y por nueva debe entenderse sistémica, con organismos que arropen a los ciudadanos, a las comunidades. "No creo que alcance con un solo organismo", puntualiza, antes de ponerse en marcha, hacia esas calles de Casavalle que golpean los ojos y más adentro.

Rodeada de mujeres —la exintendenta Ana Olivera, la diputada Verónica Mato y la guía del recorrido Mabel Olivera, que registrará todo en la libreta que lleva en las manos— comienza la caminata, que saluda y anima desde la planta alta de una casa un hombre con camisa roja en plena faena de trabajo. "No estamos muertos, vamos arriba Frente Amplio", grita.

Cosse es una de los tres aspirantes que el FA presentó para la Intendencia. Entre los tres, según el sondeo de Opción difundido esta semana, suman 56% de las intenciones de voto: 29% para Daniel Martínez; 14% para Álvaro Villar y 13% para ella. "No la vi", dijo cuando la periodista de Telemundo la inquirió al respecto. "Algo oí", respondió luego.

La primera parada del recorrido es en la cancha de fútbol del Club Atlético Rosario. Un terreno recortado por las viviendas improvisadas, de madera y latón, que le han ido comiendo las bandas, sobre la que un par de caballos pastan ajenos al breve bullicio de la visita.  

De la nada aparece Néstor Sánchez, al que todos por allí conocen como "Mota", quien cuenta que duermen con un ojo cerrado y otro abierto vigilando que lo que queda de espacio deportivo no amanezca lleno de ranchos. "Por aquí hay 70 niños que desean jugar al fútbol y ya no se puede". Entre quienes lo escuchan, y asienten con la cabeza, está Miguel Larrosa, que fue jugador de Colón y Huracán Buceo, con pasantías en México, Estados Unidos y Paraguay.

Una lesión en la rodilla lo retiró hace una docena de años pero él se ofreció para preparar a los gurises. "No hay quien ayude", lamenta. Larrosa, que se suma al grupo de recorrido en el que ya está su hermano Luis. "También futbolero, del Sacachispas".

La comitiva que se va engrosando retoma la ruta y se detiene frente a la casa de Ana Alvez, con su pequeño jardín repleto de maceteros. Una vivienda que destaca en el agreste paisaje por su apariencia cuidada. Cosse se cruza de brazos y la escucha atenta. Alvez señala los pequeños ríos de aguas sucias que se desbordan con las primeras lluvias y apunta hacia los postes de luz inservibles.

"Esto es una boca de lobo", dice y añade que en el barrio nadie quiere entrar, ni las ambulancias cuando se requieren. "Y no todos somos delincuentes ni nada por el estilo", agrega. Vive desde los tres años allí en Casavalle, es jubilada del Hospital Pereira Rossell y conoce a todos en el barrio. "A los que somos laburantes y a los que hacen lo que tengan que hacer".

Cosse la toma con suavidad por los hombros y antes de abrazarla le asegura: "Voy a venir muchas veces si salgo electa, a eso es a lo que me comprometo". 

Como la de Alvez, hay quizás media docena de casas más. En el resto, la inmensa mayoría, tienen techos o paredes de lata y se adivinan pisos de tierra. En todos, o casi, los perros ladran sin cesar y los niños, muchos niños, se asoman a las puertas, con las miradas atentas y curiosas ante la inesperada presencia de tanto forastero. En un breve respiro, y ante el comentario a Cosse de que la mano del Frente no parece haber llegado por allí, responde: "Por eso estoy aquí, porque esto es lo que más me preocupa".

En el pasaje 123, estrecho, irregular, un vecino cuenta que ese camino esta lleno de historias de balas y que allí se consigue de todo, desde armas a drogas. Tampoco aquí entra nadie. "No hay quien se atreva", afirma. 

Mabel Olivera toma nota de todo. Registra nombres y teléfonos, gestiones sin respuesta. Militante del sector Casa Grande, conoce Casavalle y sus referentes. No se separa ni un instante de Cosse, flanqueada por el otro lado por Luis Larrosa que además de futbolero, organiza comparsas, la fiesta de los Reyes Magos y lo que sea menester.

La marcha vuelve al punto de partida en la plaza Casavalle. Hay más gente que en la largada e, incluso, más ánimo, porque entre la desolación sobresale la inconformidad. Cosse confiesa su impresión. "Hay mucho por hacer", suelta.  Y recuerda, ante la insistencia sobre lo que vio, que ella se crió muy cerca de un cantegril en Villa Española: "No soy un hada que bajó de alguna parte", concluyó.

 

 

 

 

 

 

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