Nacional > PEREIRA ROSSELL

Siete de cada 10 bebés con riesgo de abandono regresan con sus familias 

"Esos niños reciben amor, atención y cariño de forma ininterrumpida. Estamos invirtiendo para tener una sociedad menos violenta", dijo el jefe de Neonatología del Pereira en respuesta a trabajo que advertía el desamparo de esos niños

Tiempo de lectura: -'

12 de septiembre de 2018 a las 05:00

Cada año nacen siete mil bebés en el hospital Pereira Rossell y el estado de vulnerabilidad que sufren es amplio: el 43% de ellos sobrelleva riesgo biológico o psicosocial que exige un seguimiento técnico antes de que el recién nacido abandone el centro de salud. 

Los asistentes sociales y el equipo de salud mental consiguieron en 2017 resolver favorablemente el 91% de esos casos. Pero el 9% restante -que supone 179 niños- quedaron en manos de la Justicia. Técnicamente se les llama bebés judicializados, o lo que es lo mismo, niños con riesgo de abandono porque sus padres manifiestan cierta incapacidad intelectual, psiquiátrica o debilidad social que le impide asumir la crianza de su hijo inmediatamente después del parto. 

Un juez, entonces, será quien determine, basado en los informes médicos y sociales, el destino para ese bebé: ser derivado a un familiar directo, a una familia de acogida, que pase a la lista de niños para ser entregados en adopción o sea dirigido a alguna dependencia del Instituto del Niño y del Adolescente de Uruguay (INAU). 

“Esto no quiere decir que existan 179 niños cuyos padres deseen abandonarlos. Afirmar eso es una falsedad. Atrás de cada bebé hay una historia diferente. Muchas madres desean quedarse con sus hijos, pero no pueden porque eso implica un riesgo para el niño”, explicó a El Observador Daniel Borbonet, director del departamento de Neonatología del Pereira Rossell. 

El neonatólogo respondió con esta afirmación a un trabajo publicado en agosto por tres expertos en neonatología del Hospital de Clínicas, en la revista Archivos de Pediatría del Uruguay que apunta a los daños irreversibles y "la violencia más grave" que puede recibir un ser humano es la que sufren aquellos bebés cuando llegan al mundo sin que haya adultos dispuestos a criarlos de inmediato. Haciendo referencia a esos 179 bebés que en 2017 quedaron a disposición de la Justicia, los pediatras y docentes José Luis Díaz Rosello, Fernanda Blasina y la psicóloga y profesora de psicología médica Pía Correa, afirmaron que cuando crezcan, podrán tener una “mayor prevalencia de autismo, dificultades de aprendizaje, comportamientos de apego desinhibido y fundamentalmente hiperactividad y falta de atención”, tal como lo demuestra un estudio reciente publicado en Rumania, citado en el documento.

Sin embargo, Borbonet aseguró que esa realidad podía afirmarse hace un tiempo pero no hoy. “Hace cuatro años esa situación era muy complicada. Pero la realidad cambió notoriamente. Hoy esos niños reciben amor, atención y cariño de forma ininterrumpida. Estamos invirtiendo para tener una sociedad menos violenta, porque en un futuro estos niños van a tomar conciencia del afecto que han recibido”, detalló e insistió en el papel que cumple la fundación de voluntarios Canguro, que cuida a los bebés judicializados hasta que encuentren un destino.

Al respecto del trabajo de la fundación Canguro, Díaz Rosello dijo que no es suficiente porque no atiende la carencia estructural. “El niño tiene que ser estimulado por alguien que lo crie toda la vida, y los voluntarios se van para la casa cuando termina el día”, razonó el pediatra.

Borbonet no estuvo de acuerdo. Según señaló, el punto clave de todo este proceso es lo que sucede con los bebés mientras el juez todavía no se pronunció y ya tienen el alta médica. Ese tiempo puede significar desde dos semanas a un mes o incluso un poco más, dependiendo de cada caso. Y es el período más complejo debido al potencial déficit de afecto que pueda experimentar el recién nacido. 

Según expresó el médico existen historias de madres que sufren carencias intelectuales o manifiestan total desconocimiento a la hora de interactuar con un bebé. “Cuando se le plantean medidas de higiene, por ejemplo, no saben cómo implementarlas”, apuntó el noenatólogo y aseguró que estos aspectos implican un escenario de inseguridad para el recién nacido que debe ser valorado por el equipo de asistentes sociales y de salud mental. 

“Aunque quieren continuar criando a su hijo, no saben cómo hacerlo. Muchas madres provienen de entornos sociales complejos y violentos. Tal vez ellas no puedan solas, pero si aparece una abuela a dar una mano o una tía dispuesta a ayudar, la situación cambia”, profundizó Borbonet y remarcó que de los 179 niños en situación de alta vulnerabilidad, 49 de ellos, es decir un 70%, regresan a la red familiar a la que pertenecen tras la resolución judicial.

Lea también: Expertos advierten que bebés en espera de adopción ya tienen consecuencias irreversibles

Hay 35 niños, que suponen el 20% de los bebés judicializados, a los que la Justicia resolvió no enviar con su familia de origen en 2017, si bien las madres no querían separarse. Sucedió que el servicio de asistencia social entendió que ellas tampoco podían hacerse cargo de sus hijos, ya sea por temas psiquiátricos o de complejidad social, y el juez determinó enviarlos a una familia transitoria. Borbonet aclaró que aún en esos casos existe la posibilidad que, con el tiempo, esa madre pueda asumir la responsabilidad de criar a su hijo tras recibir apoyo de diferentes programas de alcance y contención familiar. 

Indicadores avalan resultados, dice la fundación

Cada vez que se detecta que una situación puede se riesgosa para un recién nacido, dentro del hospital Pereira Rossell se activa el protocolo de protección del bebé y se da cuenta a un juez. Entonces se traslada a la sala Canguro, donde trabaja la fundación que lleva el mismo nombre hace más de dos años. El bebé pasa a estar acompañado las 24 horas del día por personas voluntarias y, en la gran mayoría de los casos, también por sus madres. 

El sitio parece otro mundo. Huele distinto al resto del hospital. De fondo suena una música suave y tierna que adormece a los bebés. El lugar está sumamente limpio y lo que predomina son las sonrisas, abrazos y besos. “Invitamos mucho a que las familias nos acompañen. No solo promovemos el contacto de la madre con el bebé, sino también de todo el entorno familiar”, explicó a El Observador Pamela Moreira, presidenta de la fundación. Justo en ese momento entró el padre de uno de los bebés judicializados a ver cómo se encontraba su hijo de 15 días de nacido. 

En este colectivo trabajan 280 voluntarios que atienden tres horas por semana a estos niños. Hay turnos organizados para dar soporte los 365 días del año y que ningún niño vea interrumpida su atención. Cada niño que egresa de la sala se lleva consigo un cuaderno con el registro de su pasaje por la sala Canguro, al que llaman Diario del Bebé. Lleva fotos, dedicatorias de voluntarias e, incluso, mensajes de su madre y padre biológico, entre otros recuerdos.

“Trabajamos con la idea de modelar distintas áreas. Hay muchas madres que no han tenido vínculo con sus propias mamás y les cuesta mucho conectar con sus bebés. Eso lo detectamos como una carencia y nosotras les plantemos un modelo como posibilidad para saldarla”, dijo Moreira. 

María Soledad Vieytes, directora técnica de la fundación, remarcó que lo importante de este trabajo es dejar una huella en la vida de cada bebé. “Recién estamos construyendo evidencia sobre nuestro trabajo que no tiene antecedente en todo el país y ya tenemos algunos indicadores”, explicó Vieytes. Por ejemplo, si se compara a los bebés de iguales características que nacieron antes de la fundación con los que nacieron después de la intervención de los canguros, se puede comprobar que los segundos consiguen índices de peso mejores que los primeros. 

“Ahora mismo estamos preparando una escala para poder conocer cómo salen los bebés de esta sala. Si más o menos deprimidos, si con índices menores de estrés, entre otras variables”, agregó.  

“Nosotras no hacemos un cuidado automático. Si bien tenemos ciertas pautas, la riqueza de cada encuentro la da la espontaneidad. Es maravilloso ver los cambios que se pueden conseguir con esta compañía y con el trabajo junto a las familias”, concluyó Moreira. 


 

Comentarios