El linchamiento de presuntos delincuentes se convirtió en moneda corriente en la zona metropolitana de Puerto Príncipe. Son acciones de grupos de vecinos de distintos barrios dispuestos a hacer frente a la violencia de las bandas armadas que hay en el país más pobre y postergado del continente.
Desde el pasado lunes, no hubo un solo día sin que se linche a más de una decena de presuntos bandidos, según informaciones brindadas por el portal haitiano “Le Nouvelliste”, que no tienen cifras precisas en un país donde en muchos barrios falta agua, alimento y hasta se cerraron hospitales hostigados por la violencia.
Así como se sabe de las bandas que hacen secuestros extorsivos o robos violentos, en las últimas semanas no sólo hay enfrentamientos entre policías y miembros de pandillas, sino que también aparecen noticias sobre pandilleros atados y quemados.
Haití vivió el horror de los Tonton Maccoutes, creados por el dictador Francois Duvalier en 1958 con la excusa de haber recibido un atentado contra su vida. A la muerte del dictador, lo sucedió su hijo Jean Claude, que continuó con el grupo parapolicial en la cacería de opositores, ladrones o de personas de su enemistad personal.
Se estima que los Tonton Maccoutes, antes de ser disueltos en 1984, a la caída del segundo dictador, habían asesinado entre 15 y 20 mil personas. No fueron juzgados y muchos se enriquecieron. Es difícil para los representantes de Naciones Unidas en Haití saber cuántos de ellos continúan con armas y capacidad de ejercer violencia como la que se vive ahora en las calles.
Lo cierto es que, en estos días, circulan mensajes por las redes que piden a los habitantes de otros barrios que se unan a esta lucha "sin cuartel" contra las bandas.
Los bandidos son despedazados a machetazos y luego quemados porque según algunas creencias –debido a alguna protección mística– las balas no pueden matarlos. "Búsqueda de bandidos" es el nombre que recibe esta operación, que se desarrolla en distintos puntos de la capital haitiana.
Equipados con machetes, trozos de madera y cuchillos, varias decenas de jóvenes, la mayoría encapuchados, se adentran en los recovecos de los barrios en busca de presuntos bandidos.
Al parecer, muchos de los supuestos bandidos abatidos son individuos armados que intentan establecer su base en zonas hasta ahora tranquilas del corazón de la capital.
Según “Le Nouvelliste”, desde el lunes, cuando comenzó la caza de los presuntos bandidos, los secuestros disminuyeron drásticamente en el país. En esta cacería de presuntos delincuentes, las casas de muchos individuos armados fueron saqueadas y se encontraron automóviles, joyas, objetos místicos y municiones.
En barrios como Canapé Vert, Debussy, Pacot y Turgeau, los habitantes levantaron barricadas con neumáticos, restos de coches, árboles y piedras para protegerse de cualquier nuevo asalto de las bandas de delincuentes armados que quieren controlar estas zonas.
En otros puntos de la capital, las poblaciones sustituyeron a las fuerzas policiales para registrar todos los coches y personas que pasen por allí, exigiendo a los ocupantes que bajen para facilitar la operación, según informa la agencia estatal alemana DW.
“En esta operación de persecución de bandas armadas, las poblaciones están acompañadas por la Policía Nacional Haitiana (PNH)”, consigna el despacho de DW.
Por su parte, la representante especial de la ONU en Haití, María Isabel Salvador, denunció este miércoles ante el Consejo de Seguridad que desde enero la violencia de las pandillas en la nación caribeña “se está extendiendo a un ritmo alarmante en zonas que antes se consideraban relativamente seguras en Puerto Príncipe y fuera de la capital”.
Como ejemplo de su afirmación, Salvador indicó que, de los 692 incidentes criminales sucedidos durante el primer trimestre del año pasado, que incluyen homicidios, violaciones, secuestros y linchamientos, se pasó a 1.647 en el mismo período de 2023.
“Enfrentados a bandas armadas cada vez más violentas que se disputan el control de barrios de la capital, con escasa o nula presencia policial, algunos residentes empezaron a tomarse la justicia por su mano. Esta dinámica conduce indefectiblemente a la ruptura del tejido social, con consecuencias imprevisibles para toda la región”, afirmó.
Pese a las inversiones gubernamentales, la representante especial explicó las deficiencias del cuerpo de Policía, que carece de personal suficiente y está mal equipado para responder a los actos violentos y a la delincuencia.
“Las muertes, los despidos y el aumento de las dimisiones entre los policías redujeron su dotación operativa de 14.772 a unos 13.200 efectivos, de los cuales sólo unos 9.000 realizan tareas policiales. En todo el país, apenas unos 3.500 están en servicio de seguridad pública constantemente.
Mientras tanto, el reclutamiento de nuevos policías se detuvo debido al “deterioro de la seguridad y a las limitaciones logísticas”, denunció Salvador. Aparte del apoyo inmediato que precisan las fuerzas de seguridad, destacó que urge avanzar en la búsqueda de una solución de ámbito nacional para el prolongado estancamiento político, e indicó que este arreglo serviría para restablecer la seguridad de forma sostenible y duradera, así como la estabilidad social y económica.