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Silvia Pérez Cruz cuenta su experiencia en La noche de 12 años y el proyecto que presenta en Montevideo

La cantante española presenta su espectáculo Drama en el Auditorio Adela Reta, que incluye sus canciones para la película La noche de 12 años

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13 de abril de 2019 a las 05:03

La madre de Silvia Pérez Cruz era la directora de una escuela de arte, y fue ahí donde su hija aprendió y entendió que las diferentes disciplinas artísticas pueden cruzarse. Amalgamarse para crear colaboraciones únicas. Aunque la música sea su “pasión”, en esa academia familiar pintaba y hacía música al mismo tiempo, estudiaba fotografía y teatro. Por eso dice que Drama, el proyecto que la trae el 28 de abril a Montevideo, es algo que viene creando a lo largo de su vida. Porque ya desde niña tiene en su cabeza el concepto integrado. 


Drama está compuesto por las canciones originales que hizo para danza, teatro y cine en los últimos años. La cifra de composiciones creadas para obras de otras disciplinas se incrementó y, con la intención de que no quedaran perdidas, las unió en este trabajo. Con esa novedad vuelve a cantar a Uruguay por tercera vez. Luego de dos pasajes por la Sala Zitarrosa (una función en 2016 y dos en 2017) debuta en el Auditorio Adela Reta.


Esta visita es, también, la primera luego del estreno de otro proyecto que la acercó aun más a Uruguay: su participación en la película La noche de 12 años, en la que realizó un pequeño papel – su segundo rol como actriz en cine– y aportó las canciones, tanto originales como covers. Sobre estos cruces artísticos y su trabajo para la película, la cantautora catalana dialogó con El Observador.

¿El mundo digital hace más fácil y a la vez más necesario el trabajo interdisciplinario y la combinación de diferentes recursos artísticos?

Creo que cada vez es más obligatorio. El mundo digital se me escapa, me ha bloqueado bastante, me cuesta entenderlo. Pero precisamente en este proyecto me sirve para hacer un reciclaje de todas las redes sociales y entender cómo funciona este mundo, porque entiendo que tiene cosas muy buenas. Este último año lo había visto como muy invasivo y muy falso a nivel de las redes. Y quiero entenderlas bien para sentir que sigo siendo yo, y no que soy lo que parece que tengo que ser. Este momento servirá también para eso, para revisar Instagram, Twitter, Facebook, Spotify, la web y todas las plataformas por las que comprar las canciones. Y también me ayuda a estar tiempo en casa con mi hija, que este año me apetecía que fuera creativo y trabajar de otra manera, que el mundo digital te lo permite, y ver si este proyecto me permite entenderlo más. Pero el trabajo interdisciplinario depende más de las inquietudes de cada uno y de la verdad de lo que haces. 

Según su experiencia en estas colaboraciones, ¿qué aporta la música al receptor que no proporcionan otras disciplinas artísticas?

La música no deja de sorprenderme, cada vez entiendo más su magia, la parte intangible que no puedes dominar. Te lleva a un mundo más abstracto que tu cabeza no puede dominar como receptor. Y aunque intelectualmente no te guste te puede emocionar, te puede poner la piel de gallina. Supongo que, como las otras artes, puede curar, ha habido gente que me dijo que la música le saca el dolor, la hace sentir libre, de hecho en La noche de 12 años, una de las grandes prisiones para los protagonistas es que les quiten el sonido, y una de las cosas más bonitas que tiene la música es el presente, en una cena te puedes poner a cantar, le puedes cantar a alguien al oído. Mis amigos de teatro siempre me señalan mucho esto, porque levantarte de una cena y recitar necesita mucha inspiración, como la danza. Pero hay algo que se nos escapa, que le da un valor muy único a la música y eso me encanta. 

Ha contado que en cuanto leyó el guion de La noche de 12 años escribió Tres locuras. ¿La canción fue un extra a su trabajo en la película o desde un principio estaba previsto que también aportara las canciones?

En un principio tenía que hacer toda la banda sonora, pero al final por temas de la producción, por la colaboración entre los países participantes y las cuotas que exige, entró un compositor argentino y yo quedé con las canciones. Y el encargo principal era la versión de Sound of silence. Tres locuras la hice porque quise, porque me salió así y porque me ayudaba, en ese momento no sabía si hacía la banda sonora, entonces me apunté todos los silencios de la obra porque quería trabajar la banda sonora a partir de los silencios, y luego hice esta canción para no olvidarme de la sensación primera. Álvaro Brechner, el director, se la enseñaba a los actores para meterlos dentro del proyecto. Y después Plumita, sobre un texto de Mauricio Rosencof también la hice por ganas, y sale en los créditos. La versión de Siga el baile surgió por unos problemas con el precio de la original, había visto el montaje de esa parte y me parecía tan buena la canción para ese momento que me ofrecí a hacer una versión lo más auténtica posible. 

“Empecé a improvisar la melodía de la primera estrofa  de Sound of Silence como si fuera un blues, o algo con ese color. Fue como un llanto, un grito a solas” 
Silvia Pérez Cruz, sobre su versión del tema de Simon & garfunkel para la película La noche de 12 años, en la que también actúa

¿Qué conocía previamente de la historia que cuenta la película, y que sintió al terminar de leer el guion?

Apenas conocía nada, y cuando terminé el guion, mi enfoque no fue tan personal como el de un uruguayo. Lo que me atrapó fue la historia de personas muy concretas pero que reflejan al ser humano en una situación límite. Cómo cerebros especiales, porque son personas puntuales, pueden sobrevivir en circunstancias así, cómo el cerebro reacciona y qué cosas toman valor. La relación con el sonido, con los animales, con el compañero de al lado, la importancia de la comunicación, el aislamiento, la soledad, lo que llegan a hacer los seres humanos, sea donde sea, en cualquier país. Eso me atrajo. Al concluir el proyecto aprendí mucho más de la historia de este país desde un punto más objetivo, pero no era el foco importante de la película en mi opinión.

 ¿Cómo encontró las versiones de Siga el baile y Sound of Silence?

Siga el baile buscamos que fuera literal, con músicos uruguayos y argentinos, que fuera justa con la versión original. En la de Sound of silence fue un trabajo muy diferente, me la pidió Álvaro y no la veía al principio. Estuve un año trabajando, buscando hacer algo parecido al Pequeño vals, o a todas mis otras versiones. Es un proceso de mirarse cara a cara con la canción y buscar tu propia visión de eso. Entender la letra y, sobre todo en ese contexto, el silencio tenía una nueva fuerza y la oscuridad también. Por un tiempo no encontraba la manera, hasta que un día, que estaba triste, en un despacho que tenía en mi casa anterior a oscuras, empecé a improvisar la melodía de la primera estrofa como si fuera un blues, o algo con ese color. Fue como un llanto, un grito a solas. Y a partir de ahí empecé a entender cómo seguir. La segunda estrofa es distinta, la letra dice todo. La tercera tiene la palabra locos, que me inspiró también el cambio de melodía. Las estrofas que elegí son las que tenían más sentido para esta película, con Álvaro. Y la instrumentación, para el punto de partida mandé una improvisación de chelo, violín y contrabajo que trabajan conmigo desde hace años, la grabamos en Buenos Aires. Luego lo quería hacer con guitarra y se incluyó.  Lo grabamos en vivo mirando las imágenes de la película, que no es lo más común. 

La película es su segundo papel como actriz, ¿cómo ve la evolución de esa segunda carrera artística paralela?

No lo veo como una segunda carrera paralela, es solamente que el proyecto me atrapa y le veo el sentido, pero no me siento una actriz. En ninguno de los casos creía pero me convencieron, en el primero porque era parte de un todo, haciendo la música y las letras, era actriz, veía la creación del guion, era una colaboración. En este caso conocí a Álvaro en el estreno de su anterior película, y él quería que hiciera la banda sonora. Le había gustado cómo actuaba y quería que hiciera ese pequeño papel. No lo veía claro, pero me gustó tanto la forma en la que está contada la historia, esa crudeza, que al final dije “venga”. 

Gradualmente ha generado vínculos con Uruguay, ¿cómo definiría hoy su relación con el país?

Siento a este país como muy cercano, ahora con esta película conocí a muchos más uruguayos, vine a ver la secuencia de la liberación, toqué tres veces, llenando siempre. Colaboré con Jorge Drexler, y con Álvaro somos grandes amigos. En el mapa está mucho más cerca de Barcelona que lo que realmente está. 

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