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Para construir, hace falta intercambiar, dialogar, reflexionar.

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Tender nuevos “puentes”: el desafío de la novena ronda

Las expectativas de los actores sindicales y empresariales parecen estar muy distanciadas en el discurso de cara a la novena ronda de negociación colectiva

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27 de junio de 2021 a las 05:03

PhD. Eloísa González
Integrante Consejo Directivo de Adpugh
Directora del Departamento de Estudios Organizacionales UCU

 

“Desde el punto de vista de los individuos, los movimientos sociales son movimientos emocionales” (Manuel Castells, 2012).

 

Mientras se escribe esta nota la discusión de los actores laborales está en suspenso, pues si bien se acaba de convocar el Consejo Superior Tripartito de cara a la novena ronda de negociación colectiva, aún no se presentaron los lineamientos que guiarán la misma.

La palabra “puente” suele utilizarse como metáfora cuando nos referimos a una persona o cosa material o inmaterial que sirve para poner en contacto o acercar dos cosas distintas.  Sin embargo, luego de finalizado el primer período que se denominó de esta manera porque no existían condiciones para convocar una ronda de negociación tradicional -dada la urgencia sanitaria y la crisis global que nos atraviesa como sociedad-, hay mucha incertidumbre sobre qué sucederá. Las expectativas de los actores sindicales y empresariales parecen estar muy distanciadas en el discurso, lo cual probablemente eleve los niveles de conflictividad. Según el Índice de Conflictividad de la Universidad Católica, en mayo de 2021 se dio uno de los guarismos más bajos del año y se estima que en junio aumente. Ya es sabido que el paro general convocado por el PIT CNT en dicho mes, entre otros conflictos en curso, modificará esa tendencia.

Ahora bien, ¿qué temas deberíamos poner en el centro del debate para construir?  Si bien el conflicto es inherente a la actividad humana, puede ser instrumental al entendimiento o puede ser lo que define la relación laboral.  Muchas decisiones en este último tiempo se han tenido que tomar rápidamente, para responder a la emergencia, sin posibilidades de reflexión previa. Y ya es sabido que, para construir, hace falta intercambiar, dialogar, reflexionar.

Ese diálogo se ve afectado, sin dudas, por la dialéctica clásica de los trabajadores y empresarios al hablar de las remuneraciones ya que se está ante un tema que tiene elevada sensibilidad social, pues en el fondo, se hace referencia a los niveles de ingreso de los distintos sectores económicos.

La negociación en Consejos de Salarios siempre es vista por los trabajadores como virtuosa en tanto asegura condiciones homogéneas para todos los asalariados de un sector de actividad. La pandemia acentúo dificultades en algunas ramas y en otras, es sabido, el nivel de actividad se vio incrementado. Siempre es un reto medir con la misma regla y en este contexto tiene un tinte aún más desafiante.

En el 2010 el gobierno se planteó fijar lineamientos salariales con indicadores macro y micro de productividad. Esta experiencia en general fracasó, pues las productividades a nivel de cada empresa aún dentro de un mismo sector son heterogéneas y se deben a variaciones en los procesos y las tecnologías que emplean, o podría relacionarse con el capital humano y la capacidad gerencial.

Quizás sea momento de plantearse los mismos problemas con una mirada diferente. No se discute aquí la importancia de la negociación como mecanismo para llegar a los acuerdos salariales.  Se pretende hacer una invitación a pensar sobre distintas estrategias que existen para incrementar los salarios utilizando otros indicadores a nivel de empresa que promuevan la remuneración por resultados y dejen de lado los ajustes tradicionales que no acompañan un crecimiento genuino de la productividad de estas.

Es oportuno tomar conciencia de que la mejora de la productividad no es un hecho automático, como sucede cuando una máquina reemplaza a otra más eficiente; para lograr dicha mejora, en las relaciones laborales se necesita una combinación inteligente de varios factores, pero sobre todo de buenas prácticas de gestión, trabajadores motivados, capacitados y abiertos a la transformación permanente.

Hay más dudas que certezas. ¿Cuáles serán finalmente los contenidos de los convenios colectivos de la próxima ronda? ¿El teletrabajo se incorporará como un tema de discusión?  ¿Se buscará recuperar la pérdida de salario real efectivamente tal como se planteó en la octava ronda? ¿Se hará eco de dar tratamiento diferencial a sectores que efectivamente se comportaron de manera distinta?

Se suele escuchar de forma reiterada que “el futuro ya llegó” y está “lleno de algoritmos”.  Puede ser cierto que los algoritmos tienen menos conflictos de intereses que los humanos, pero el futuro se construye con los actores sociales en movimiento. Mejorar las prácticas en relaciones laborales no debe entenderse como un demérito para las cuestiones técnicas, sino desde una óptica complementaria de dos aspectos profundamente entrelazados.

Debemos generarnos como sociedad más espacios de reflexión orientados a la acción, con ideas claras sobre cómo generar relaciones laborales más humanizadas.


 

 

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