17 de junio de 2011 19:00 hs

No es necesario salir de Montevideo para apreciar la obra de Joaquín Torres García. Aparte de su propio museo, hay extraordinarias muestras de su talento, entre otros, en el Museo Nacional de Artes Visuales (tanto como en los principales museos de arte moderno del mundo todo). Es sí novedad que del otro lado del río, en Buenos Aires, haya en estos momentos dos muestras simultáneas en el museo de la Universidad Tres de Febrero bajo el título: “Torres García, Utopía y tradición”.

Como es sabido, Joaquín Torres García (Montevideo, 1874-1949) tuvo una vida en la que la circulación por las ciudades y el compromiso con el arte se dieron siempre la mano. Pero miró siempre a lo lejos, por lo cual no hay casi vínculos con Argentina.

A los 17, viajó por primera vez a Cataluña, la ciudad de sus mayores, donde llegó a ocupar un papel fermental en la vida artística, insertándose incluso en el movimiento noucentista (movimiento nacionalista que propendía al clasicismo, buscando recupera la tradición mediterránea). Si bien ya se había vinculado al arte en su Montevideo natal, es en 1894 que pasa a tener una formación más académica, al ingresar a la Academia de Bellas Artes de Llotja.

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En 1910 es invitado a pintar murales para el Pabellón Uruguayo en la Exposición Universal de Bruselas y ya su destino errante parece estar signado. Sin embargo en 1914 empieza a edificar su casa catalana (habrá con los años una definitiva en Montevideo), la cual llama significativamente “Mon Repos”. Por 1916 conoce a otro gran uruguayo, Rafael Barradas y ambos inauguran una muestra en la Galería Dalmau. Pero el espíritu inquieto de Torres García lo lleva a recorrer mundo.

Los viajes se incrementan; en 1920 viaja la familia a París y de allí a Nueva York, que le dejará ambiguas sensaciones. Luego vendrá Florencia. Por fin en 1926 se radican de modo definitivo en la capital francesa, si bien esa expresión suena siempre transitoria para esta familia trashumante. A fines de 1929 es uno de los artistas célebres de esa vanguardista París que promueve el arte abstracto y nace así la publicación “Cercle et Carré”, una revista de la que es alma mater.

Y por fin sus manuscritos teóricos sobre el arte constructivo, la gran obsesión de su vida, son completados durante un período en Madrid.

Pero en abril de 1934 la familia Torres García desembarca en Montevideo, el destino final. Un selecto grupo de intelectuales uruguayos lo esperan en el puerto; Torres García tiene 60 años, pero vendrán tres intensos lustros en los que será esencial en el arte nacional.

Aquí vivirá hasta su muerte en 1949. Aquí será sobrevivido durante largas décadas por su compañera Manolita, quien muere con 111 años. Aquí creará la Escuela del Sur donde despliega el arte constructivo, al punto que hoy casi se identifica como elemento identitario de la modernidad montevideana.

Esta muestra argentina, con curaduría de Gabriel Peluffo Linari reúne pinturas, dibujos y esculturas. También con curaduría de Laura Malosetti se pueden ver de modo simultáneo otras obras de la Escuela del Sur, en total 72, junto con documentos montevideanos sobre la teoría constructiva. Sin dudas es una manera de familiarizar al público del vecino país con esta corriente de vanguardia que, por su consistencia e independencia ideológica, fue única en América Latina.

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