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El preso fue encontrado en setiembre

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Tortura en la cárcel: uno de los responsables se suicidó y Fiscalía prevé imputar al resto

El caso llegó a manos de la fiscalía en setiembre pero fue a fines de enero cuando se formalizó al primer involucrado

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16 de febrero de 2022 a las 05:00

Su futuro quedó sellado cuando, a poco más de un mes de caer preso, pidió que lo cambiaran de módulo. Tenía buena conducta, le dijeron que sí y el 23 de julio del año pasado fue asignado al módulo 11 sector D del piso cero en la unidad penitenciaria n.º 4 Santiago Vázquez (antes Comcar). Allí lo torturaron emocional, física y sexualmente. Sus gritos de dolor –que no podía evitar aunque lo tuvieran amenazado– alertaron a reclusos de celdas vecinas, que pidieron por favor a los funcionarios que fueran a controlar qué pasaba, razón por la que su tortura tuvo un final el 16 de setiembre.

Este último 31 de enero la Justicia imputó al que más daño le infligió, y ahora prevé hacer lo mismo con los otros coautores. En los próximos días se realizarán nuevas audiencias.

El primero de los imputados se suicidó el viernes 4. Había sido liberado en setiembre, pocos días antes de que las autoridades se enteraran de la situación del recluso torturado. Una vez que lograron detenerlo, lo imputaron por lesiones graves agravadas, delito continuado de privación de libertad, uno continuado de violencia privada especialmente agravada, todos en régimen de reiteración real. El juez Huberto Álvarez determinó que debía permanecer preso preventivamente por 120 días. 

En la audiencia –a cuyo audio accedió El Observador–, el imputado dijo: "No quiero estar en el Comcar porque tengo riesgo de vida". El pedido fue dejado en constancia por el juez. Días más tarde, cuando aún se hallaba en el Centro de Ingreso, Diagnóstico y Derivación (CIDD) del Instituto Nacional de Rehabilitación (en Punta de Rieles, adonde van los presos antes de que se les asigne un establecimiento carcelario definitivo), el joven se suicidó, según informó La Diaria. 

De acuerdo al relato de los hechos de la fiscal del caso, Patricia Rodríguez, este joven fue "el que más hostigó" a la víctima y "la persona más cruel" en toda la situación, aunque no lo violentara sexualmente como algunos de sus otros cuatro compañeros.

Cuando ese joven dejó el establecimiento penitenciario, las torturas disminuyeron. Luego de que la Justicia impute al resto de los autores está previsto que los abogados de la víctima citen una conferencia de prensa para dar cuenta de la situación. 

El caso

Los problemas comenzaron luego de que la víctima se negara a compartir trabajo con uno de sus compañeros de celda. Según la fiscal, "luego surgieron otros motivos", pero solo detalló uno: el económico. El padre de la víctima es una persona activa políticamente y dueño de una leñería, pero nunca se contactaron con él para amenazarlo con un pago.

Hasta el 16 de setiembre –cuando fue liberado– los victimarios "ejercieron violencia física de todo tipo, violencia sexual, amenazas en forma permanente y lo privaron de alimentarse y de moverse libremente en la celda". 

Rodríguez describió la lista –prácticamente interminable– de torturas a las que fue sometido el hombre. Además de todas las agresiones activas, lo obligaban a permanecer en cuclillas en un rincón al fondo de la celda, donde estaba durante horas mirando solamente el suelo. Para moverse, tenía que pedir permiso, al igual que para ir al baño. Hubo oportunidades en los que no se lo permitían, por lo que hizo sus necesidades allí más de una vez. 

Lo agredieron hasta el cansancio: el médico forense destacó su estado de desnutrición y la cantidad de heridas, viejas y recientes, que presentaba. Sufrió golpes de puño en todo el cuerpo, picanazos en la zona genital con cables de la celda, el método submarino (le colocaban un trapo con el que le cubrían la cara y después le tiraban agua); también le exigían que los llevara a caballito y golpearon su nariz (a la que además atravesaron con un fierro) y sus orejas y lo apuñalaron en la cadera con un palo que en un extremo tenía un pedazo de varilla. 

Eso pasaba todo el día. Todos los días. Pero se acrecentaba después de que les llevaban la cena, sobre la hora 17. La víctima prácticamente no comía, salvo cuando le tiraban unos pocos alimentos al piso y lo dejaban que comiera a cucharadas. 

Lo amenazaban de muerte para que no lo hiciera, pero gritaba. Fue en uno de esos alaridos desesperados que sus vecinos de la celda continua lo escucharon y además llegaron a ver algo por los boquetes que comunicaban una celda con la otra, por lo que pidieron a los guardias que por favor fueran a verlo. Lo encontraron con decenas de heridas y 17 kilogramos menos que cuando entró al módulo. 

¿Qué fue lo que falló? En la audiencia la fiscal detalló que hay dos tipos de controles. Uno "de población" en el que un funcionario llama por nombre o contabiliza a cada una de las personas dentro de la celda a través del agujero de la puerta. Ese control es diario, pero hay otro semanal llamado "de barrotes". Allí un policía aguarda en la puerta de la celda mientras otro efectivo va al fondo a controlar las rejas de las ventanas para verificar que no las hayan aflojado o dañado.

La posición del Ministerio del Interior

"Esta situación nos da vergüenza, que en el país pueda suceder un caso como el que sufrió el señor Perdomo producto de una extorsión y secuestro por parte de otros presos", dijo el ministro del Interior, Luis Alberto Heber, cuando dio explicaciones sobre lo sucedido el año pasado.

Allí dijo que sustituiría al director de los módulos 10 y 11, pero luego se supo que no lo relevó del cargo sino que lo trasladó a la dirección de los módulos 4 y 5. Si bien comenzaron una investigación administrativa para determinar responsabilidades, meses atrás señalaron que iba a estar acompañada de lo que determinara la Justicia. 

Heber anunció que sumarán 56 policías al Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) para que haya ocho policías diurnos y cuatro por cada módulo durante la noche. Allí informó también que médicos de ASSE harían una ronda para constatar la salud de todos los presos una vez por semana.  

Vivir en el Comcar

"En el Comcar hay más de 4.000 presos y en los módulos 3, 4, 10 y 11, que son los peores módulos que tiene el sistema carcelario nacional, hoy habitan aproximadamente 2.800 presos", señaló Heber en setiembre. La fiscal Rodríguez, que visitó la celda en la que la víctima fue torturada, realizó una detallada descripción del lugar. 

Ese módulo, por ejemplo, no tiene "beneficio de planchada" por lo que, aunque los sectores están aislados por rejas, los presos "no pueden circular ni por los pasillos que comunican las celdas del mismo sector". Las celdas no se abren en todo el día. 

De acuerdo al Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) "se verifican salidas de una celda a la vez alternadas 20 minutos", pero según le dijeron los reclusos a Rodríguez el período en el que pueden estar en el patio es mucho más breve. Por lo pronto, los períodos son de 15 minutos y más espaciados en el día. 

Las celdas no se abren, por lo que los guardias les pasan la comida a través de un agujero en la puerta de la celda dos veces al día a una porción por persona. Además, se pueden obtener alimentos a través de visitas o con tarjetas que se recargan con dinero y son utilizadas en el supermercado de la cárcel. Los pedidos los traen otros presos que trabajan como deliveries. 

La higiene es muy limitada. Un fajinero trae agua con la que se limpian en el fondo de la celda, que oficia "como zona de ducha", pero es el lugar donde también hacen sus necesidades. A la hora de dormir, algunos no cuentan con siquiera colchones y duermen en el suelo. 

Las planchadas de hormigón son foco de atención de los guardias, porque muchas veces los reclusos las rompen para usarlas como armas. 

Las celdas se comunican entre sí a través de pequeños boquetes en las paredes que pueden ser cubiertos con trapos mojados o polifón para tener más privacidad. Además, pueden comunicarse con piolas que pueden ir de un piso a otro en el sector o incluso a otro sector donde se pueden intercambiar objetos.

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