15 de septiembre de 2017 5:00 hs

Tan afecto a ejercer un estilo de conducción autoritario –más inspirado por lo general en el instinto que en actitudes racionales– como a tomar riesgos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a dar esta semana una nueva muestra de su actual y quizás inesperado pragmatismo.

Desde que llegó a la Casa Blanca en enero pasado, el político republicano no deja de sorprender por sus actitudes desafiantes, lo que en los hechos le costó enemistarse con parte de los dirigentes de su propio partido.

Es que a partir del momento en que asumió no solo tuvo que vérselas con la oposición demócrata –que suele reprobar cada una de sus decisiones de gobierno– sino también con el ala republicana más conservadora.

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Por ejemplo, uno de los casos más sonados de su gobierno fue la intención de derogar la reforma sanitaria impulsada por su antecesor, Barack Obama.

Si bien debió enfrentar en dos oportunidades una fuerte oposición de los demócratas, tampoco la tuvo fácil con los republicanos más conservadores, que se oponían a la solución planteada por la nueva administración.

El resultado podía ser esperable: pese a sus esfuerzos, el denominado Obamacare sigue gozando de buena salud.

Mientras todavía carga sobre su espalda la pesada mochila de la doble investigación –la del fiscal especial, Robert Mueller y la del Congreso– sobre la denominada trama rusa respecto a los supuestos vínculos entre integrantes de su campaña electoral y funcionarios de Moscú, el presidente volvió a demostrar que es capaz de articular o negociar con el Partido Demócrata si el tema lo amerita, aunque ello pueda generarle críticas en sus propias filas.

Hasta ahora no le había resultado sencillo hacerlo, más allá de que a principios de mes alcanzó un acuerdo con los demócratas en el Congreso para aumentar el tope de endeudamiento federal hasta el próximo 15 de diciembre.

Negociación

Con ese antecedente aún fresco en la memoria, eso es lo que volvió a hacer esta vez para alcanzar una solución en el caso de los denominados "soñadores", es decir unos 800 mil jóvenes hijos de indocumentados, que llegaron al país cuando eran niños.

En la primera semana de setiembre, Trump decidió dejar sin efecto el programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), lo que levantó una interminable ola de críticas de organizaciones sociales, grupos defensores de los derechos de los inmigrantes y también de demócratas y republicanos.

A tal punto eso fue así que el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, afirmó que debía buscarse una solución legislativa para esos jóvenes.

Pero este miércoles, Trump cortó camino y cenó con los principales legisladores del Partido Demócrata, el senador Chuck Schumer y la representante Nancy Pelosi.

Después del encuentro, el presidente no tuvo empacho alguno en admitir que se estaba "bastante cerca" de lograr un acuerdo con la oposición que dé certezas al estatus migratorio de cientos de miles de jóvenes, hijos de inmigrantes ilegales.

En un notorio cambio de timón, el presidente reconoció que está trabajando en conjunto con los demócratas "en un plan" para el DACA, pues "la gente quiere que eso suceda".

A su vez, los dos congresistas demócratas dijeron lo suyo al afirmar que el encuentro con Trump, centrado en los "soñadores", fue "muy productivo".

Tanto Shumer como Pelosi dijeron que si bien no fue posible llegar a un "acuerdo final", al menos acordaron con el presidente que este apoyará validar la protección a los jóvenes a través del DACA mediante una ley.

A su turno, Trump, a través de Twitter, se preguntó si alguien efectivamente hubiera querido "echar a jóvenes buenos, educados y formados que tienen trabajos". De todas formas, los demócratas saben que no será fácil negociar con Trump los detalles macro de su política migratoria,a como la seguridad fronteriza.

En ese sentido, aclararon que siguen oponiéndose a la construcción de un muro en la frontera con México.

Un plan de Obama

El programa DACA, creado en 2012 por el entonces presidente, Barack Obama, permitió a hijos de indocumentados estudiar y trabajar legalmente en EEUU sin que fueran amenazados por la deportación.

LAS CLAVES

Daca. El programa, que ampara a unos 800 mil jóvenes hijos de inmigrantes indocumentados, fue cancelado por Trump a principios de mes.

Oposición. El Partido Demócrata manifestó su oposición a la decisión del presidente.

Inmigración
. Durante su campaña electoral, el actual mandatario republicano prometió que expulsaría del país a los inmigrantes ilegales.

Controversia.
Algunas de sus anunciadas decisiones, como la construcción de un muro en la frontera con México, aún levantan polvareda.

Hubo acercamiento por el tope de deuda

La primera muestra del acercamiento enre el presidente Donald Trump y los líderes de la oposición demócrata se registró el pasado 6 de setiembre cuando se anunció el acuerdo para aumentar el tope de endeudamiento federal hasta el 15 de diciembre.

Luego de un encuentro en la Casa Blanca con Trump y los líderes de la mayoría republicana en el Congreso, los demócratas declararon que el presidente había aceptado su propuesta de agregar a la ley de ayuda de emergencia para las víctimas del huracán Harvey el incremento del techo de la deuda.

"En la reunión, el presidente y los líderes del Congreso acordaron aprobar la ayuda por Harvey, una extensión del límite de la deuda, y una ley de financiamiento, todo junto", declararon en un comunicado los jefes de las bancadas demócratas en la Cámara y el Senado, Nancy Pelosi y Chuck Schumer.

El presidente de la Cámara, Paul Ryan, pretendía elevar el límite de la deuda hasta finales de 2018 y calificó de "escandalosa" la propuesta demócrata.

Si el Congreso no elevaba el límite de endeudamiento, el Estado no hubiera podido pagar la deuda existente, poniendo al país en riesgo de default.

El tope de la deuda, hoy fijado en US$ 19,9 billones, ya había sido superado en marzo pasado.



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