27 de febrero 2022 - 5:00hs

La famosa “operación militar especial” que Putin anunció el jueves 24 de febrero que se pondría en marcha sobre Ucrania, y que parecía destinada a apoyar las dos zonas que Rusia reconoció como independientes, resultó ser una invasión en toda la regla. A la hora de escribir esta columna, y en menos de 48 horas de la invasión Kiev, capital de Ucrania, estaba rodeada y a punto de caer en manos de las fuerzas armadas rusas. La invasión de Rusia sobre Ucrania, preparada durante meses y que Putin señaló que era un invento de Washington y una operación de prensa de las cancillerías occidentales, resultó ser cierta. Y más de un avezado analista geopolítico quedó en offside total al considerar muy improbable una invasión por parte de Putin.

Al final resultó cierto lo de que “venía el lobo”, aunque muchos descartaban como improbable que Putin se animara a mover tres divisiones de su ejército y atacar con misiles centros militares estratégicos de Ucrania. Y el lobo se comió Ucrania en pocos días. Seguramente va a cambiar el gobierno y va a establecer la desmilitarización completa de Ucrania, país que Putin considera de su esfera de influencia y que tiene una relación histórica con Rusia. De hecho, la historia rusa comenzó desde lo que se llamó Kievan-Rus. 

El problema es muy grave porque nadie sabe dónde se detendrá Putin. Cuando justificó su “operación militar especial” parecía algo acotado donde el mandatario ruso acudía en ayuda de una supuesta petición de los líderes de las regiones rebeldes de Donetsk y Lugansk, dos territorios de Ucrania controlados desde 2014 por grupos separatistas prorrusos y que esta semana fueron reconocidos por el Kremlin como estados "independientes". "Tomé la decisión de llevar a cabo una operación militar especial. Su objetivo será defender a las personas que durante ocho años sufren persecución y genocidio por parte del régimen de Kiev", señaló Putin. Pero ese supuesto genocidio es carente de fundamento. También Putin señaló que buscaba la "desmilitarización y desnazificación de Ucrania". Lo primero es entendible desde la perspectiva del mandamás ruso que quiere recuperar el esplendor de la Rusia imperial. Lo segundo no tiene asidero. El propio presidente de Ucrania Volodimir Zelenski es judío, como lo recalcó cien veces.

Pero la “operación militar especial” no se detuvo en proteger esas dos regiones. Las fuerzas rusas estan por tomar Kiev, y por otra parte Putin ya mandó mensajes a Suecia y a Finlandia de que su adhesión a la OTAN comportaría “graves repercusiones político militares” que ameritaría una “respuesta” rusa. Esta claro que Putin percibe debilidad en Occidente, toma la expansión de la OTAN como una agresión a Rusia y está dispuesto a todo (incluso a atacar con armas nucleares a cualquier país que defienda a Ucrania) no solo para proteger su “esfera de influencia” (Ucrania solo tuvo 23 años de independencia y antes era parte de Rusia) sino para reconstruir el vigor de la Rusia imperial.

Ahí está el peligro del autócrata que gobierna Rusia con puño de hierro desde hace 22 años y que apenas se preocupa por mantener ciertas formalidades democráticas. En el fondo, Putin se ríe de Occidente y Occidente lo ha incitado con una notoria pérdida de liderazgo y de gobiernos competentes. Basta mirar la reacción occidental: sanciones económicas y retórica fuerte. La retórica, a Putin lo tiene sin cuidado. Y las sanciones económicas lo agarran preparado después de la experiencia de Crimea de 2014. Hoy esas sanciones, por duras que sean, no afectan tanto a Rusia como en 2014. Quizá para el orgullo nacionalista de Putin le afecte más las sanciones deportivas. Ya la UEFA cambió la sede de la Champions League que se iba a jugar en San Petersburgo y la trasladó a París. Se canceló el Gran Premio de Fórmula 1 en Sochi y muchos deportistas de elite en diversas disciplinas ya han anunciado que no irán a Rusia a competir cuando les corresponda ya sea en tenis, basquet o fútbol.

El tema es como va a terminar esta invasión. Ucrania volverá a ser satélite de Rusia, los países que querían ingresar a la OTAN no lo harán por temor a represalias que hoy bien puede ser un eficaz ciberataque en el que los rusos se han especializado en los últimos años. Rusia quizá se convierta en un paria internacional aunque se juntará como perro faldero de China para no perder protagonismo. Y el mundo volverá a una especie de Segunda Guerra Fría. 

Algo que pudo evitarse si hubiera habido liderazgo en Occidente y menos autocracia en Rusia. Pero el daño ya está hecho. Esperemos simplemente que no se extienda más. Ucrania duele. Y será por bastante tiempo.

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