"Bienvenidos todos a su casa”. Con estas palabras, Joan Manuel Serrat recibió a la sala casi llena del Auditorio Adela Reta, en la primera de las seis fechas que realizará en Montevideo en el marco de su gira Antología desordenada (ver recuadro). Pero el público que le tocó el martes no era de los tímidos: “¡Es suya!”, le agregó enseguida una señora de la platea.
Esa noche, durante las generosas dos horas y cuarto de espectáculo, el músico catalán embelesó a su público con un recorrido por su carrera, además de ofrecer sorpresas con la presencia de dos invitados locales. Por su parte la audiencia supo regalarle unas cuantas y sentidas ovaciones de pie, varios halagos y decenas de pedidos de canciones.
A pesar de estar frente a casi dos mil personas, se trató de un acontecimiento casi íntimo, donde las 26 canciones del show fueron intercaladas por anécdotas cómicas y recuerdos de su primera visita a Montevideo.
Recurriendo en ocasiones a la compañía de su guitarra acústica, el catalán tomó carrera para hacer lucir de lleno su voz a partir de la mitad del show. La banda de cinco piezas dirigida por el pianista Ricard Miralles, ya aceitada de tantas rutas, lo acompañó sin opacarlo.
Marcando las 21 puntuales, el cantautor interpretó su primer tema: El carrusel del furo, seguido por De vez en cuando la vida y De cartón piedra.
Luego fue el turno de recordar el por qué de esta nueva visita. Y lo hizo en forma de efemérides. “Este año se cumple el centenario de que se aprobara en Uruguay la jornada de 8 horas. Se cumplen 500 del descubrimiento de la desembocadura del río de la Plata”, dijo y continuó agregando datos para llegar al gran final: “y para mí lo más importante es que este año cumplo 50 años en el escenario”.
Así se siguieron los éxitos, pasando por Mi niñez, Hoy por ti, mañana por mí y Niño silvestre. Pero luego, el cantautor decidió pedir permiso al público para interpretar tres temas icónicos de su carrera en catalán: la canción “más entrañable”, Cançó de bressol y Paraules d’amor, un tema que según Serrat “goza de gran prestigio en bodas, bautismos y funerales”. Cerró el bloque Ara que tinc vint anys (Ahora que tengo veinte años), la canción “más amortizada”, ya que supo cambiarle humorísticamente el nombre para adecuarse a las diferentes edades por las que pasó el cantautor.
Su relación con Montevideo –y con su público– tuvo su pico con la interpretación de El sur también existe, basado en poemas del escritor Mario Benedetti y seguido de ovaciones de pie.
Pero como Antología desordenada se trata también de un compilado de 50 canciones grabadas a dúo, era más que apropiado que invitara a dos colegas locales. De esta forma Fernando Cabrera interpretó en forma excelente El titiritero y Cristina Fernández –”la uruguaya”, según aclaró Serrat– cantó también magistralmente Caprichoso el azar.
Sin embargo, para dejar al público aún más contento, lo que siguieron fueron los hits: desde un enganchado de Penélope y La mujer que yo quiero, a Mediterráneo y un primer cierre con Hoy puede ser un gran día.
Con dos bises integrados por Lucía y Cantares (la única canción que hizo que todo el teatro se uniera en el coro) y por último No hago otra cosa que pensar en tí y con el cierre inmejorable de Fiesta, parecía que el público ya había quedado conforme. Pero no. Ya apagadas las luces del escenario las plateas con las palmas al aire pedían seguir suspendidos en estos 50 años marcados por canciones.