9 de agosto de 2013 21:35 hs

En la película El cisne negro, de Darren Aronofsky, Natalie Portman encarna a una bailarina que en su afán por realizar a la perfección el papel de Odile de El lago de los cisnes nota cómo comienzan a salirle plumas negras en la espalda. En el estreno de la obra compuesta por Piotr Ilich Tchaikovsky realizado por el Ballet Nacional del Sodre (BNS) el jueves, la primera bailarina María Noel Riccetto realizó una interpretación en la que parecía que la metamorfosis en cisne realmente se había llevado a cabo.

Se trata de la primera ocasión en la que la bailarina interpretó este papel para la compañía dirigida por Julio Bocca, aunque actuó en El lago de los cines para el American Ballet en numerosas ocasiones y, además, fue la doble de cuerpo de Mila Kunis en el filme de Aronofsky.

Considerado el ballet más popular de todos los tiempos, El lago de los cisnes fue estrenado en 1877 en el teatro Bolshoi de Moscú sin demasiado éxito, pero en 1895 fue llevado a la inmortalidad con la coreografía Marius Petisa.

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Como hace tres años, la versión uruguaya estuvo a cargo del argentino Raúl Candal. El espectáculo se realizó con música grabada debido a problemas con “los tiempos de ensayo”, según comunicó el Sodre, pero el primer violinista de la Orquesta Sinfónica del Sodre (Ossodre), Daniel Lasca, dijo a El Observador que los conflictos derivaron de la relación de los músicos con Bocca.

La obra cuenta la historia Odette, una princesa que es convertida en cisne por el brujo Rothbart, y que solo puede volver a ser mujer con una promesa de amor eterno. El príncipe Sigfrido se enamora de ella, pero en una fiesta que ofrece en su palacio, la hija de Rothbart, Odile, vestida de cisne negro, se hace pasar por Odette y engaña al príncipe para que le proponga matrimonio. De esta forma, Sigfrido condena sin querer a su amada.

La puesta del BNS destacó, en principio, por la belleza de los telones y el decorado. El telón traslúcido con la pintura de un cisne blanco y uno negro con sus cuellos entrelazados, la representación del bosque, y el palacio, en tonos rojizos y amarillos, demostraron el buen trabajo del taller de telones que se inició en el Sodre en el mes de marzo, con dirección de Gastón Joubert, del Teatro Colón de Buenos Aires.

Los trece telones llevaron cuatro meses de trabajo, con una técnica clásica, a la italiana, que implica pintar en el piso, a brocha y pincel, y con pintura al agua. El diseñador de vestuario Hugo Millán, quien debutó con este trabajo en el ballet, también acertó en su combinación de sencillez, elegancia y color.

La reina de los cisnes

El cuadro uno del primer acto resultó el más flojo de la obra. Más allá de alguna desprolijidad, se percibía cierta falta de energía, aunque se destacaron las bailarinas del Pas de Trois e Ismael Arias, en el papel del bufón, que en toda la obra demostró no solo sus dotes en la danza sino una estupenda expresividad que hizo crecer su personaje aún en los momentos en que su papel era secundario en escena. Ciro Tamayo, el joven español que fue convocado el año pasado por Bocca, no se lució tanto en el rol de Sigfrido como sí lo hizo en La Sílfide, y por momentos fue poco expresivo. No obstante, en el segundo acto pudo mostrar más de su velocidad y de la altura que alcanza cuando se eleva en el aire, algo que realiza con una fluidez asombrosa.

Con el arribo de los cisnes, el hermoso Pas de Quatre y la llegada de Ricetto en el rol de Odette/Odile la obra cobró una fuerza que ya no la abandonó. La primera bailarina ofreció una interpretación memorable, pues supo combinar la suavidad, el pesar y la elegancia de Odette, con la fuerza, sensualidad y malignidad de Odile. La plasticidad de sus manos y brazos hacían lucir sus extremidades superiores como si fueran alas y también fue muy buena la expresividad que transmitió con su rostro. El magnetismo y el disfrute que transmitía fue tal, que se hacía difícil observar a otra persona en el escenario. La bailarina volverá a actuar el 11, 16 y 20 de agosto, ya que en el BNS los papeles son rotativos.

La ovación de pie que recibió la obra, los gritos de apoyo a Bocca cuando salió a saludar, y el récord de 20.000 entradas vendidas para el espectáculo que culminá el 21 de agosto con localidades agotadas (solo 49 fueron devueltas luego que se informara que la orquesta no participaría), parecen confirmar que, pese a los conflictos, el público sigue disfrutando y apoyando a la compañía que dirige el exbailarín argentino.

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