22 de julio de 2011 16:02 hs

El Ministerio del Interior procesa las cifras de delitos del último semestre, enero-junio. Según pudo saber El Observador, la rapiña –la reina de los delitos – creció 8% en todo el país respecto al mismo período del año pasado.

El debate que se planteará parece evidente: los que critican al gobierno señalarán que los delitos siguen aumentando, lo cual confirmaría el fracaso de las políticas de seguridad.

El gobierno dirá que en todo el año pasado las rapiñas aumentaron el 23%, lo cual demuestra que el crecimiento del delito se ha desacelerado. Las dos cosas son ciertas, pero no agotan el debate sobre la seguridad.

Más noticias

El debate se está radicalizando al ritmo de la crónica roja. Empieza a ser, como en otros temas de interés nacional, un asunto en blanco o negro; éxito o fracaso; los que piden mano dura son unos fachos y los que la cuestionan están justificando a los delincuentes. Y hay cifras, muchas cifras que han generado incluso polémicas internas en el gobierno.

Sin embargo, cuando el PowerPoint se apaga y las cifras se convierten en pura estadística, el gobierno no actúa según lo que estas recomiendan, porque en el fondo sabe, aunque no quede bien decirlo públicamente, que la seguridad es algo más complejo que puras cifras. Por cada 18 muertos en rapiñas, hay 40 muertes por violencia doméstica, pero lo que fogonea la sensación de inseguridad no son los delitos privados sino los públicos.

Y por eso ahí el gobierno deja los números de lado y prioriza, no la cantidad de muertos, sino el delito que causa impacto social. Sin embargo, el jueves el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, dijo en VTV que consideraría que su trabajo está cumplido si bajan los índices de delitos. Ahora, si los delitos bajan ¿cambiará la sensación de inseguridad? Si la respuesta es afirmativa la siguiente pregunta sería: ¿cuánto deberían bajar para que la sociedad traspase la frontera de la inseguridad y entre al ansiado mundo de la seguridad?

...

En la década de 1990 había un tercio de las rapiñas que hay hoy. Basta un rápido repaso por los diarios de la época para ver que había disconformidad con la gestión en seguridad y reclamos para que las rapiñas bajaran.

A nadie se le hubiera ocurrido entonces decir que 4.000 rapiñas era una cifra aceptable, pero qué no daríamos hoy para alcanzar esa cifra que, obviamente, luce inalcanzable.

Entonces tenemos al gobierno entrampado en las cifras. Y la oposición ¿quiere cifras? Ahí van: durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle (1990-1995) las rapiñas crecieron en la capital el 87%.

Los blancos tienen el récord de aumento de las rapiñas en la era posdictadura. Durante el segundo gobierno de Julio Sanguinetti (95-00) las rapiñas crecieron el 43% y durante el de su correligionario colorado Jorge Batlle (00-05) subieron 53%.

Con la llegada del gobierno frenteamplista de Tabaré Vázquez (05-10), el aumento se redujo al 26%. ¿Valen estas cifras para algo? Ningún gobierno ha encontrado ni se chocó con la solución en 20 años. Pero sigue habiendo discursos donde la solución parece al alcance de la mano.

...

Si en una cosa evolucionó el pensamiento de la izquierda en estos 20 años fue en darse cuenta de que el tema de la seguridad no es una fórmula matemática, y por eso fue muy tolerante con los ministros del Interior de los gobiernos pasados.

A medida que se acercaba al gobierno, la izquierda comenzó a descubrir que las medidas contra la inseguridad encierran una trampa: lo que se evita no hay cómo medirlo. Mientras que los delitos y los resultados de las políticas represivas son mensurables, no lo son las políticas preventivas.

Si el gobierno saliera a reivindicar como un logro que hoy se evitaron cierta cantidad de rapiñas, enseguida le enrostraríamos, y no sin razón, las que sí se cometieron y que son las que nos preocupan.

...

Encauzar el debate sobre la seguridad más allá de lo que dicen las cifras es también relativizar las exhortaciones de quienes creen que se trata de un tema que se puede gestionar como lo haría un gerente basado en criterios de eficiencia.

Este no es un asunto que se puede manejar con técnicas de coaching empresarial. Esto es una licuadora donde hay pobreza, marginalidad, factores psicológicos, históricos, sociales, cultura delictiva, drogas, narcos, organizaciones criminales, corrupción policial y también dosis de ineficiencia en la gestión, incapacidad e intereses políticos.

Y todo con el trasfondo de la condición humana, que se encargará de que el delito como comportamiento social no desaparezca jamás. Si la muerte es el límite de esa condición y una de las cosas que más debería preocupar a la sociedad, ahí va una cifra, una más, para cerrar: de todos los homicidios que se cometen en un año, solo 10% ocurre en el transcurso de un asalto.

El restante 90% son asesinatos perpetrados por conocidos o allegados a las víctimas, entre estos matrimonios que terminan a los tiros, amantes enceguecidos y padres violentos que matan a sus hijos. Pero esto casi no ocupa lugar en la percepción de inseguridad colectiva. Preguntarnos por qué sería un buen comienzo.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos