24 de junio 2023 - 5:00hs

Victoria Viroga y Betiana Otaiza tienen varias cosas en común y además complementarias, entre ellas el gusto por las uvas, lo que las unió y las llevó a abrir un negocio a partir de un secreto de belleza oculto en esa fruta, y a convertirse en pioneras, tras fundar la primera marca de enocosmética del país.

Un año atrás no se conocían y quizás por casualidad se encontraron. Betiana, tecnóloga química y emprendedora en el área de cosmética hace dos años, viendo que la cosmética natural está en auge y que un elemento con varios beneficios antioxidantes, como el orujo (piel y semillas de las uvas), no estaba en el mercado uruguayo, se decidió a buscar una bodega que la abasteciera para estudiar qué podía hacer. Su búsqueda inició, en paralelo y sin saberlo, junto al interés de Victoria por hacer algo con el descarte de orujo de la bodega de su familia.

La puerta de la primera bodega que Betiana tocó fue la de Bracco Bosca (que hace cuatro generaciones trabaja la familia de Victoria), y cuando se cruzó con "Vicky", como ella la llama, "toda esa investigación que había hecho se potenció", recordó la emprendedora a Café & Negocios.

Negocio en el descarte

El vino se hace de una maceración, explicó Victoria, quien nació entre vides. La cáscara y las semillas de las uvas se utilizan para darle color a los vinos tintos, pero luego se descartan, explicó. En algunos viñedos se utiliza como compost o abono, pero el orujo al descomponerse genera gases de efecto invernadero, por ende, contamina.

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En ese descarte Victoria y Betiana vieron una oportunidad de negocio y de sustentabilidad, ¿por qué? porque la mayoría de los polifenoles (sustancias antioxidante) de la uva se encuentran en el orujo, que tiene propiedades antiinflamatorias y regenerativas. Por ser propensa a enfermedades por hongos y por la foto-oxidación por la luz, la vid tiene un envejecimiento que genera "antioxidantes como el regentenol que previene el envejecimiento por neutralizar radicales libres, y en la industria de la cosmética eso es lo que se busca, y se estaba desechando, es una locura", detalló Victoria, estudiante de Ingeniería en Biotecnología.

Combinar su carrera, con los beneficios del producto que conoce de toda la vida y su tradición familiar, para ella fue algo muy positivo, destacó.

Las emprendedoras se conocieron gracias a su gusto por el orujo.

Inversión para el skin care

Ambas se juntaron, estudiaron y empezaron a crear fórmulas, pensando en desarrollar una línea de productos sustentable, de origen natural, que hidrataran la piel y ayudaran a combatir el estrés oxidativo, ayudando a potenciar las rutinas faciales. Todo se hizo de forma rápida. "Fue un desafío loco y acelerado", coincidieron las emprendedoras.

Tras pensar en cómo desarrollar el negocio se pusieron en contacto con Khem, la incubadora que se encuentra en el Polo Tecnológico de Pando y se caracteriza por apoyar proyectos relacionados a la biotecnología. A través de esta incubadora presentaron su proyecto ante la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE) que les brindó un capital de $ 220 mil para validar su idea de negocios. Y así nació Levid, un emprendimiento que vende mascarillas, contorno de ojos, serum facial y cremas faciales y corporales.

Para lanzar su marca, con el objetivo de informar a sus potenciales clientes para que elijan Levid basados en el conocimiento, Victoria y Betiana organizaron un evento de lanzamiento en la bodega Bracco Bosca, donde una cosmetóloga explicó las bases de cada producto y un enólogo el proceso de vitivinicultura y los beneficios del orujo.

"Nuestra idea fue crear una línea en la que se potencien los productos entre sí, y que dentro de un mismo producto se potencien los ingredientes y beneficios", destacó Betiana.

Las fórmulas, que son veganas, están pensadas para atender diversas problemáticas dermatológicas, siendo aptas para diferentes tipos de piel. Ahora, luego de haberse lanzado al mercado, el próximo objetivo de las emprendedoras es obtener capital para realizar más investigación científica y así avanzar en la creación de nuevas fórmulas.

Levid trabajó junto a la incubadora Khem, y recibió el apoyo de ANDE.
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