Dado el éxito viral que se ganó gracias a la serie web Tiranos temblad Aleksey Igudesman con su canción Uruguay, parecía que su show en el Teatro Solís junto al pianista Hyung-ki Joo iba a ser un éxito. Lo que sucedió arriba del escenario sin dudas lo fue, el problema fue el público.
El evento, organizado por el Ministerio de Turismo y Deporte, se realizó únicamente por invitación. Lo cierto es que al momento de empezar el show el Teatro Solís tenía su platea a medio llenar. Los palcos bajos y las tertulias, vacías.
Si bien ya empezado el show la platea se ganó algo más de público, durante el genial espectáculo, el gran elefante en la habitación fueron precisamente los espacios vacios.
Dada que la mera presencia de estos músicos sucedió gracias a la gente que mira Tiranos temblad e hizo de esta serie uno de los fenómenos mediáticos más importantes del año, eran todas esas personas las que deberían haber llenado el Solís y no un puñado de invitados. El irreverente show se merecía una sala llena. La Orquesta Juvenil del Sodre y su excelente participación también lo merecían.
En entrevista con El Observador, el dúo explicó que su show incluiría varias piezas de sus shows en vivo: Little Nightmare Music y Big Nightmare Music –ambos un juego de palabras con la obra de Mozart A Little Night Music–, además de un intervalo a cargo de la orquesta y como broche final, la interpretación de Uruguay con modificaciones.
Como el nombre indica, Mozart tuvo una gran participación en el espectáculo. La primera pieza, Cell Phone Sonata mezcla al compositor austríaco con el clásico e insidioso ringtone que interrumpió una solemnidad que nunca volvió a la sala. Lo que siguió fue una explosión de risas, que se prolongaron hasta el gran final.
Luego vinieron sus hits: Rachmaninov Had Big Hands, una pieza donde Joo intenta suplir las manos grandes del compositor con placas de madera que sirven como apoyo para tocar los acordes en el piano. Y finalmente, I Will Survive, una inesperada interpretación del clásico de Gloria Gaynor, donde interviene un batidor de café.
En la segunda parte la atención se dirigió a la Orquesta Juvenil, que interpretó con soltura clásicos y tradicionales uruguayos, como La Cumparsita y Candombe para Gardel, con tamboriles incluidos.
Para el final, Igudesman y Joo interpretaron una “canción nueva”, que aquí encontró otro guiño: se trató de un tema de amor hacia una vaca. Allí Igudesman emuló el mugido con su violín, para luego invitar al público a mugir con él.
El final con toda la pompa fue, por supuesto, con Uruguay. Versionada para la ocasión –en lugar de samba fue un candombe– el dúo se sacó las ganas de interpretarla por primera vez para la gente a la que fue dedicada.
Luego de una graciosa coreografía por parte de algunos jóvenes músicos e Igudesman, los aplausos hicieron que volvieran a interpretar Uruguay por una segunda vez.
Las risas estridentes y las ovaciones de pie intentaron tapar la falta de público. Pero el elefante se notó hasta el final.