26 de junio 2012 - 19:12hs

A Leopoldo Brizuela (49 años) no parece molestarlo que ante su novela alguien pueda decir: “Ah, otro libro sobre la dictadura”. Cada uno vivió el tiempo que le toca vivir y el escritor trabaja con lo que tiene. Pero, en su caso, ese concepto quedaría todavía más chico. Es que Una misma noche, la novela que fue reconocida con el premio Alfaguara, va mucho más allá. Empezando porque no es un relato periodístico y siguiendo porque la suya quizá sea la historia menos heroica de todas las que se han contado hasta ahora, señal de que quizá estos tiempos admiten más historias que las heroicas cuando se abordan aquellos tiempos.
De todo eso conversó el escritor con El Observador, en el marco de su gira promocional de presentación del libro en Uruguay.

La historia parece una construcción de ficción alrededor de un simple momento, el de ver un secuestro que nunca se contó. ¿Cómo lo armó?
En primer lugar, creo que se dieron mis circunstancias personales para escribir esta novela. Y en segundo, que no es mi primera. Quiere decir que ya tengo un oficio y que tengo técnicas dentro de la novela y de la ficción para hacerlo crecer, como cuando ves un pedacito de hueso de un dinosaurio y se imagina todo el resto. Me gustaba investigar en las pequeñas conciencias de los personajes y jugar con la imaginación. Con la novela, no le debo nada a nadie, la novela por definición no le debe ni a la verdad.

Además, esta no es una historia heroica, como las que se acostumbra a leer sobre las dictaduras en general...
Lo que te puedo decir es que una vez que la historia me eligió, yo cuidé mucho de no caer en ningún lenguaje heroico. Veo que todavía escuchamos historias de gente que salvó gente, o que avisó, o cosas por el estilo. Pero yo quería contar otro tipo de historia. No creo que las otras sean mentira, creo que son quizá las que podemos escuchar ahora. Pero esta novela iba por otro lado. Eso es lo que me fascinaba de trabajar esta historia.
Hay un tema con la activación de la memoria, de los miedos...
En realidad, me parecía interesante esto de que no se puede recordar solo. De hecho el protagonista busca que el resto, incluso la persona secuestrada, le corrobore la versión que su mente le da. Pero después se abre otro tema... ¿qué hacés con ese recuerdo corroborado? Es impresionante la forma en que la mente selecciona recuerdos y los esconde o modifica.

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La novela es como un policial o un thriller íntimo, del protagonista consigo mismo. ¿Hay alguna influencia de novela policial presente en eso?
Salvo PD James, no te podría decir que tengo referentes. Pero sin embargo, el protagonista maneja muchas referencias policiales. Se ve en interrogatorios, ese tipo de cosas. O sea que a la vez es referente, porque la novela tiene el afán de hacer justicia. Borges dice que quien hace novela policial la hace con la noción de que el mal se controla, se descubre. Y la propia PD James dice que para que el policial valga hoy, hay que ajustarlo a los tiempos. ¿Qué lector puede convencerse, con tanta gente que matan, que un policía se implique tanto con una investigación? Entonces dice que el investigador tiene que estar comprometido afectivamente. Es como las Madres de Plaza de Mayo: se mueven así porque en medio están sus seres queridos. En este caso, es el protagonista contra sí mismo por algo suyo, por eso está así de implicado. Y es un thriller porque mantiene ese suspenso, es un thriller mental, en este caso, muy en la línea de eso que dice James.

Usted dice que quiere que su libro interpele al lector...
En realidad quiero que interactúe más con el lector. Es como me pasa a mí todavía con algunos hechos del libro..., el protagonista, no se por qué, toca el piano cuando entran los militares a la casa. Todavía no entendí por qué pasó. Cuando vos me planteás que el eje es más que nada algo que avergüenza, eso que vio y no le contó a nadie, yo creo que es un elogio porque al menos hice que el personaje te contara algo, a partir de algo que no es tan grave, creo yo. Porque el personaje se llama “cobarde” por no haber dicho nada de lo que vio, pero ¿no es demasiado duro consigo mismo? Digo, eran tiempos de dictadura, ¿cuántos se animarían? Creo que esto tiene que ver mucho con lo que se espera de un hombre en el día de hoy. Y esta novela habla mucho de los hombres. También, de lo que se espera que hagan. Todavía me pregunto por qué era tan importante eso para el protagonista. Creo que lo comprendí: la idea de que en un minuto, tu mundo se puede transformar en cualquier otra cosa. Y creo que ese es un miedo mucho más profundo y traumático en la raíz. l

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