4 de octubre 2014 - 22:28hs

A los arquitectos Leonardo Gómez y Gabriela Pallares les costó recordar si hay algo con valor patrimonial a lo largo de la Fernández Crespo. En la lista de Monumentos Históricos y Bienes de Interés Departamental de la Intendencia de Montevideo (IMM) no figura ninguna dirección de esa avenida. Después de un rato, Gómez nombró al bar Matuca, en la esquina de 9 de Abril, no por valor arquitectónico, sino porque es uno de los pocos bares de copas que todavía conserva el barrio. En la intersección de Miguelete algún día hubo tres. Su colega, por su parte, señaló que hay casas con fachadas “interesantes”, pero sin “autoría renombrada”, de fines del siglo XIX y principios del XX, con muy poco o nulo mantenimiento, o “desdibujadas” por malas intervenciones en la planta baja. Si se eleva la vista, se va a encontrar alguna pieza ornamental sobreviviente. “Imaginalas recicladas, limpias, iluminadas; sería otra cosa”, afirmó. A nivel de la calle no hay mucho que valga la pena. Fernández Crespo es fea por donde se la mire.

Es por eso que Pallares se imagina que la futura sede de Abitab aterrizará allí como “un ovni”. La empresa invertirá

US$ 14 millones en una apuesta totalmente moderna para la manzana ubicada en Daniel Fernández Crespo y Lima, en medio de locales y viviendas hace tiempo abandonados.

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Los “mojones” arquitectónicos del presente de Fernández Crespo están cerca de la avenida 18 de Julio: los dos edificios del Banco de Previsión Social (BPS). Hasta Uruguay se extiende el tramo que puede catalogarse como “institucional” pero que concentra, además de colas para hacer trámites, carritos de comida, veredas demasiado angostas para caminar, y la feria de los “techitos verdes”, que espera por su proyecto de remodelación. Los puestos de color naranja ya fueron relocalizados en el Mercado del Cordón y el espacio maltrecho que dejaron vacío espera por la construcción de un edificio de apartamentos y oficinas.

Para el alcalde del Municipio B, Carlos Varela, la transformación de Fernández Crespo (aunque lenta) se inició en 2010 con la reforma de la plaza Lorenzo Carnelli en la explanada del BPS. “Había vendedores ambulantes, trapos tirados, era poco higiénico e inseguro. Fue un cambio cualitativo”, señaló.

A su juicio, las inversiones públicas consiguieron “un efecto contagio entre los privados”.

Y relató: “Una vez que se avanzó con el Mercado del Cordón, se aceleró el proyecto para la esquina de Cerro Largo y emprendimientos de vivienda social”.

Ya se están demoliendo cinco inmuebles (donde estuvo una mueblería, dos quioscos y una casa de fotografía) en la esquina con Cerro Largo para levantar un edificio de 72 apartamentos y dos locales comerciales de la firma Campiglia SA. Al lado va a quedar la santería El Gitano, donde se ofrecían baños de descarga y mucho antes había una fábrica de cepillos, y una casa de inquilinato que repite el formato descuidado de las otras que se encuentran en el pasaje hacia el Palacio Legislativo.

A pocos metros, ya se erige el cuarto piso de un nuevo edificio del estudio Alms+Loblowitz/Siri, y, en la vereda de enfrente, Atijas Casal Arquitectos ya colocó el cartel que promociona la construcción del Quadra Palacio de 10 pisos y 1.900 metros cuadrados renovados.

Ambos proyectos pertenecen al programa de Viviendas de Interés Social de la Agencia Nacional de Vivienda.

“En todas las cuadras están pasando cosas”, expresó el alcalde. En junio se inauguró la nueva sede del Liceo Nº 17 (tras una inversión de $ 61 millones), casi sobre la circunvalación del Palacio Legislativo, el reciclaje del Centro de Industriales Panaderos del Uruguay y la instalación de automotoras.

El objetivo del municipio es hacerla accesible para sillas de ruedas en 2015. “Ha habido mutaciones. Nunca ha sido una avenida privilegiada”, dijo a El Observador. Es cierto, hoy hay brevísimos paisajes de cambio en esas 16 cuadras que fueron diseñadas como vía rápida para unir el sur con el oeste de la ciudad.

Pero todavía falta mucho para completar la metamorfosis. Entre Cerro Largo y La Paz –y, entremedio, el puente de Galicia, que frecuentemente necesita pintura para tapar grafitis– permanecen otros siete locales clausurados con bloques, chapas oxidadas o maderas podridas. Cerca de allí pasa inadvertido un vestigio de otra época: el cine American, que funcionó entre 1922 y 1964 y hoy alberga el gimnasio del Centro de Viajantes y Vendedores de Plaza.

Desde este punto hasta avenida De las Leyes se pueden observar, al menos, 30 sitios abandonados (y otros 20 entre 18 de Julio y La Paz, entre ellos, el viejo bar Cancela en la esquina de Paysandú) y una casa a la venta, más una sucesión de lugares que ejemplifican el eclecticismo de Fernández Crespo: cuatro sindicatos, un Instituto Gnóstico de Antropología, una iglesia pentecostal (más otro templo que tiene un cartel tan despintado que es imposible leer qué sigue a la palabra Cristo), la Asociación de Tortafriteros del Uruguay, el refugio para hombres San Vicente de Paul −cuya vereda siempre está ocupada por quienes esperan ingresar−, la sede del Partido Bolchevique del Uruguay y un local de la lista 404 del Partido Nacional.

Una sucursal del Bandes parece que es lo más nuevo de la larga lista de desertores de Fernández Crespo pero, como dijo Pallares, hay cosas que varias generaciones han visto de la misma manera: lo que quedó de una tintorería, de una casa de billar, de una farmacia, de una vinería (de esta por lo menos quedó el cartel de su nombre: Del Palacio) y de la vieja confitería La Novaresa (que perteneció a la familia de Varela) en una esquina casi derruida de Asunción y que hoy sirve de soporte para la propaganda política.

“A esta calle le falta marketing y ponerle onda. De hecho, está en el peor extremo de lo que le pasa a varios sectores de 18 de Julio, solo que, además, es un corredor vial de paso”, comentó Pallares.

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