23 de febrero 2014 - 0:00hs

Viajar tal vez sea una de las mejores inversiones de cualquier emprendedor. He tenido la gran fortuna de haber vivido en otro país y de haber visitado otros tantos. Trece años en Europa me hicieron conocer lugares inolvidables. La semana pasada estuve en uno de esos lugares que dejan una impresión imborrable. Una ciudad que me enamoró, no sólo por su belleza sino por su gente. Una ciudad que sorprende en cada esquina, al punto que se la ha premiado como la más innovadora de su región. Una ciudad donde el pasado enseña, pero donde es el futuro el que inspira. Donde las multinacionales se combinan con empresas autóctonas de vanguardia, con emprendimientos sociales y con micro empresas que dan que hablar.
Se trata de Medellín. Sí, la ciudad colombiana. No “allá” en Europa sino “acá” en América del Sur. Una ciudad tan orgullosa de sí misma, que me duele el pensar que tal vez a muchos montevideanos ese orgullo se nos fue, o se limita al fútbol y a poca cosa más. Medellín es la capital de la región de Antioquia, cuyo slogan es “la más educada”. Otra vez me duele pensar que ya perdimos el derecho a usar ese slogan en nuestro Montevideo. Y la educación se siente en la gente: los antioqueños son hermosamente cordiales y respetuosos, su trato es, como dicen ellos, una “delicia”. Delicias son también las comidas, y los menú ejecutivos abundantes y sanos a 105 pesos uruguayos. Jamás sentí miedo, aún caminando sola por sus calles (sabiendo, claro, por dónde ir, como en Edimburgo o Montevideo).
Muchos amigos y colegas -tanto europeos como uruguayos- me preguntaron por qué iba a Medellín a hacer negocios. Es una ciudad que nuclea a algunas de las empresas más grandes de Colombia, como Bancolombia o EPM, por lo cual es un centro importante de negocios. Además, la ciudad de Pablo Escobar ya dejó de ser de él, y es ahora la ciudad de su gente, de sus emprendedores, de los que han ayudado a cambiar su alma, calle a calle, edificio a edificio, persona a persona. En las reuniones de negocios que tuve, todas en el sector energético, me llamó la atención la importancia que cada ingeniero le daba a estar en contacto con nuevas tecnologías. Las metas de innovación dentro de empresas público-privadas son ambiciosas. A los colombianos, y tal vez más aún a los antioqueños, les motiva la innovación, quieren saber más, quieren estar al tanto sobre lo último de lo último, quieren mejorar. Qué diferencia con muchas empresas (energéticas y demás) en Uruguay, donde sólo pesa el cortoplacismo, el status quo, donde la innovación es sinónimo de miedo e inseguridad, y no de desafío personal y corporativo. Creo que los emprendedores uruguayos se sentirán mucho más identificados con sus colegas antioqueños que con tantas empresas uruguayas.
Parafraseando a la conocida campaña publicitaria que promociona a Colombia: ¿Cuál es el mayor riesgo para los uruguayos con respecto a Medellín? No aprender de ellos. Eso sí es un riesgo.

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* Directora de Sunny Sky Solutions www.sunnyskysolutions.co.uk

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