The Bohemian Gallery & Museum of Contemporary Art, fue la apuesta comercial que hizo este año la empresaria uruguaya Virginia Robinson.
Comenzó a funcionar a comienzos de marzo en el histórico Tajamar de Carrasco, del que obtuvo la licitación por cinco años y que debió remodelar por completo. Unos US$ 600.000 fue la inversión final. Inicialmente se proyecto invertir US$ 120.000.
Robinson cuenta con una colección de más de 300 obras de arte moderno y contemporáneo de artistas como Chagall, Fini, Picasso, Miró, Van Gogh, Warhol, Botero y Gauguin entre otros. Estudió relaciones internacionales e historia del arte en la Universidad de Harvard, tiene una galería y centro de eventos en Kansas y participa como socia en otras siete empresas de Estados Unidos e Israel.
Sin embargo, asegura que los negocios familiares no son lo que prefiere llevar adelante, y es por eso que decidió dedicarse a sus emprendimientos personales vinculados al arte.
Robinson, que vive desde que comenzó sus estudios universitarios en Estados Unidos, volvió al país con la intención de montar su galería y ahora distribuye su tiempo entre los dos países. “Después de tantos años vi a Uruguay muy cambiado, con ganas de crecer”, explicó.
Para montar su proyecto se basó en el museo Guggenheim de Venecia; es por eso que el espacio del Tajamar ofrece además de museo, galería, restaurante, una tienda de regalos y un parque verde con esculturas.
La primera apuesta de Robinson era conseguir el castillo del Parque Rodó, pero ante la imposibilidad y la propuesta de instalarse en Carrasco, no lo dudó. “Es un muy buen punto para el arte porque estamos cerca del aeropuerto y queremos que sea un centro referente para el turismo, estamos estratégicamente bien ubicados”, opinó.
La galería propone traer a Uruguay obras contemporáneas y modernas de museos internacionales que nunca han sido exhibidas en el país. Esta particularidad convierte al proyecto en una iniciativa “trabajosa”, según definió Robinson, ya que el costo de transporte y seguro de las piezas es de elevado costo.
“Soy responsable de las obras, porque yo salgo a buscarlas y las obtengo porque me conocen en el medio. Tengo una trayectoria y una confianza que no puedo quebrantar”, explicó.
Considera que en Uruguay no existen espacios artísticos del nivel de su emprendimiento. Dijo que se trabaja mucho con el arte local y con obras de artistas del Mercosur, y que esa es una de las características que los diferencia.
Otra de las diferencias que resaltó Robinson es el espacio al aire libre con el parque de esculturas, que propone además como un lugar para eventos empresariales. “Ha gustado el lugar porque hay pocos espacios en Montevideo donde comer al aire libre en un ambiente verde controlado, ver una exhibición y comprar algo”, explicó.
A diferencia de buena parte de las grandes exhibiciones de arte de gran calibre en el mundo, la mayor parte de las actividades que propone el espacio son gratuitas. “Es un emprendimiento que visualizo para que la gente se acerque al arte y que no sea para una elite”, enfatizó Robinson.
Conjugar arte y negocios
“Hacer negocios también es un arte”, reflexionó Robinson. Para construir un emprendimiento redituable es que la empresaria se decidió por anexar un restaurante y una tienda de obsequios, que son las que le proveen la caja diaria.
“El uruguayo no tiene costumbre de comprar obras de arte, menos aún si no son locales o no conoce al artista. Pero es una cuestión de educación y está en mí saber mostrar y fomentarlo”, opinó Robinson.
De todas formas, uno de sus públicos objetivo es el turista, y aseguró que en los meses que llevan funcionando han sido visitados fundamentalmente por argentinos y brasileños, que según explicó, son grandes coleccionistas. “Podemos hacer que vengan al país y compren obras de arte internacionales del mismo nivel de las que se ven en Europa y Estados Unidos. Es mucho más cerca y las divisas quedan en el país”, dijo.
Además, Robinson pudo constatar muchas visitas de público japonés y alemán, y agregó que su personal está bien preparado para recibirlos, ya que casi en su mayoría hablan inglés, portugués y algunos incluso manejan francés e italiano.
Robinson tiene la concesión del Tajamar por cinco años y la posibilidad de prolongarla por dos más, pero la idea que maneja es presentarse próximamente para extenderla, porque sino no llegará a recuperar la inversión realizada.
“Hasta ahora el dinero proviene todo de mi inversión, pero llega un momento en el que tiene que empezar a manejarse solo”, indicó.
Según la empresaria, una obra de arte en el mercado tiene un plazo de venta de entre seis meses y un año, por eso espera en un año o dos comenzar a ver que alcance tendrá su emprendimiento a nivel económico.
“Es un proyecto nuevo, es Uruguay y obviamente es una sociedad diferente a la estadounidense, que está muy arraigada en el consumismo”, subrayó.
Pese a conocer las perspectivas, Robinson aseguró que si pensara solo en los números se hubiese quedado en Estados Unidos.
“Toda la vida hice lo que me gusta, tengo que tener amor por lo que hago y además adoro Uruguay y eso también me motivó a venir”, dijo.
Además de llevar en la sangre el generar empresas, Robinson atribuye a su educación en Estados Unidos su espíritu emprendedor. “Te enseñan más que nada que para triunfar tenés que intentarlo y caerte, pero también saber levantarte. Ellos cuentan cuantas veces te levantás, no cuantas te caés. Aquí se cuentan más las caídas”, dijo.