El director y guionista David Ayer está fuertemente vinculado a la ciudad de Los Ángeles. Allí nació y creció, pasó una turbulenta adolescencia –coqueteando con pandillas callejeras– y allí vive aun hoy día.
Por eso, es de comprender que haya ambientado casi todos los filmes que ha escrito en esta ciudad (las notables excepciones son U-579 y la próxima Fury, ambas desarrolladas en la segunda guerra mundial, pero también parte intrínseca del propio Ayer, ya que el artista sirvió en la Marina). También, sus guiones de películas en Los Ángeles –Día de entrenamiento, Dark Blue, SWAT, Harsh Times y esta que ahora nos ocupa– dramatizan el conflicto criminales versus policías.
Y este conflicto es uno que Ayer ha cubierto bastante minuciosamente, ya que ha presentado policías corruptos, policías honestos, criminales desesperados, criminales malvados, etcétera, con exhaustividad. En la mira completaría este estudio sobre el individuo angelino con el policía humano, el hombre normal.
En la mira cuenta la historia de Brian Taylor (Jake Gyllenhaal) y Mike Zavala (Michael Peña), dos patrulleros del turno diario de la Policía de Los Ángeles. Su rango es bajo, policías de a pie digamos, que son medianamente honestos, tratan de cumplir con su trabajo lo mejor posible, se llevan muy bien entre ellos (casi como hermanos) y lo máximo que aspiran es terminar día a día de jornada con tranquilidad.
Sus personalidades son dispares: Taylor es bromista, algo extremo, poco dado a relaciones formales; Zavala es responsable, hombre casado y religioso, ancla moral del otro por momentos. Su interacción, razonable. Su amistad, creíble.
En una llamada de rutina, nuestra dupla tiene la mala suerte de destapar el primero de varios asuntos de drogas que los ponen en la mira de un poderoso cartel mexicano. La violencia irá in crescendo a medida que transcurre la película, con el agravante de que los protagonistas nunca llegan a entender de modo cabal qué es lo que está ocurriendo.
El Ayer guionista y el Ayer director se dan la mano en En la mira para realizar la que es por el momento su mejor película. El recurso de falso documental –amparado en que el personaje de Taylor está obsesionado con realizar un registro de lo que es día a día– podría preocupar en un principio (¿un Actividad paranormal con policías?), pero el resultado es todo lo contrario. Su uso es moderado –la película está narrada en tercera persona, de manera usual– y aporta momentos extremadamente contundentes en lo técnico (en particular un masivo tiroteo sobre el final, que ¡mamita!). Asimismo, y ya asociado al libreto, permite darles a los protagonistas y su historia un aire cotidiano, mundano, humano y normal, que le da otra dimensión a aquello que se mira.
Los dos protagónicos son por demás correctos. Gyllenhaal de a poco se ha ido desmarcando de ese rol repetitivo de “joven con cara de conejo encandilado” (que inició y marcó a fuego a partir de ese clásico imperdible que es Donnie Darko) y con el paso de los años y las películas se ha vuelto alguien bastante versátil, como es el caso.
Por su parte, Peña es un rostro reconocible como secundario en varias producciones hollywoodenses desde hace tiempo y es un actor confiable. Aquí cumple con dignidad. Y más allá de su desempeño individual, es la química que logran ambos lo mejor de sus actuaciones. Completa, con apariciones breves, un buen elenco secundario: Natalie Martínez, Anna Kendrick, Frank Grillo y especialmente David Harbour (el televisivo Elliot Hirsch de la recomendable The Newsroom). Mucho más que un simple policial, En la mira es un sólido retrato, un fresco sobre dos tipos comunes que andan en una patrulla y tratan antes que nada volver a sus casas cada día. Y es también uno de los mejores filmes de su director y guionista. Hay que agradecer entonces su estreno en nuestras pantallas grandes, incluso un año después de su estreno comercial internacional.