19 de diciembre de 2013 19:38 hs

"En confianza, doctor, déjese de reclamar horas extra para las empleadas domésticas”, le dijo muy seria una jueza laboral al abogado Juan Ceretta. Luego lo miró fijo y le reveló su profunda convicción: “Las (empleadas) sin retiro (con cama) no tienen horas extra”.

El abogado dejó de lado la sorpresa y le explicó que, en realidad, la ley que regula el trabajo doméstico sí habilita las horas extra. “No es mi opinión, doctora, es la de mucha gente”, le respondió, y le entregó un manual de buenas prácticas para el trabajo doméstico que se editó hace un par de meses.

Ceretta dirige un consultorio jurídico de la Facultad de Derecho que funciona en el PIT-CNT. Allí, cada viernes, consultan en promedio seis empleadas domésticas que consideran que sus patrones incumplen alguna normativa. Lo más común es que no estén regularizadas en el Banco de Previsión Social, que no aporten por ellas lo que correspondería, que no se les pague aguinaldo o salario vacacional. Un equipo de estudiantes de Derecho y de Relaciones Laborales trabaja junto a Ceretta. En la sala contigua atiende una asistente social porque algunos casos revelan problemas que exceden lo jurídico.

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La ley de trabajo doméstico se aprobó en 2006 y dejó a Uruguay como referente regional en la materia. Sin embargo, el rezago en el cumplimiento es altísimo, según Ceretta, y la norma está desfasada de “lo cultural”. Eso explica que la mayoría de los juicios entablados a la parte empleadora los ganen las empleadas. Según el especialista, decir “la señora que me ayuda” en vez de “la empleada” es una muestra los prejuicios que dominan a los uruguayos. “Es negar la relación laboral”, advierte.

Ceretta está preocupado porque la ley tiene varias “dificultades prácticas” que no se previeron al momento de su redacción, sobre todo en lo relativo al trabajo “sin retiro”. “¿Qué pasa con la maternidad? ¿La empleada tiene derecho a vivir con su hijo? ¿Hasta cuándo?”, se pregunta. “¿Qué pasa si una empleada sin retiro contrae una enfermedad que lleva mucho tiempo. ¿Hasta cuándo debe el patrón mantenerla en su casa?”.

El especialista entiende que estas incertidumbres no se resolvieron porque la postura de quienes elaboraron la ley es que el trabajo doméstico sin retiro es “cuasi esclavitud” y tenderá a desaparecer. Se espera que las familias tengan varios empleados en distintos horarios, pero todos con jornadas de trabajo limitadas.

Además de los consultas por pago de rubros, el consultorio recibe cada tanto “casos paradigmáticos” como el de la peruana Estela Huaman (ver nota principal). Estos representan un desafío para el equipo porque aún hay poca jurisprudencia sobre esta ley.

Junto a Gonzalo Uriarte, director del consultorio jurídico central, Ceretta está elaborando un proyecto para ampliar los consultorios y crear clínicas de derecho de interés público. Si la Facultad de Derecho lo aprueba, allí se concentrarán los casos paradigmáticos que trascienden a los involucrados y tengan un interés para un grupo social.

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