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Varias América Latina

La alternancia en el poder vuelve a evidenciar la vigencia total del sistema democrático chileno

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19 de diciembre de 2017 a las 05:00

El análisis interpretativo de la identidad nacional que hacen, con distinto grado de efectividad y calidad literaria, El laberinto de la soledad (1950), de Octavio Paz, El país de la cola de paja (1960), de Mario Benedetti, Lima la horrible (1964), de Sebastián Salazar Bondy, y Un país de novela (1988), de Marcos Aguinis, sobre México, Uruguay, Perú, y Argentina, respectivamente, destaca que la realidad geográfica, lingüística, política y cultural llamada América Latina es una abstracción inexacta, con tanto de ficción como de subjetividad, pues cada país ubicado debajo del río Grande tiene peculiaridades excluyentes que lo hacen muy distinto a los demás.

Dos canciones emblemáticas, América, de Los Tigres del Norte (hay también una versión de Calle 13), y Buscando América, de Rubén Blades, hablan de una Latinoamérica unida y bolivarista, sin embargo, el arte y la realidad no siempre coinciden en los hechos y más bien el arte suele disfrazarlos con un iluso optimismo.

¿Qué tienen en común Honduras y Chile? Nada, de acuerdo a la realidad electoral de los días recientes. En Honduras, a varias semanas de realizadas las elecciones presidenciales, no se ponen aun de acuerdo respecto a quién es el ganador, y con el paso de los días la erosión del sistema democrático se agrava de manera dramática. En Chile, por el contrario, a tres horas de cerradas las urnas ya se sabía quién había sido el ganador, y no solo eso.

En forma inmediata, tal como debe ser en una democracia seria y sólida, tanto el candidato derrotado, Alejandro Guillier, como la presidenta actual, Michelle Bachelet, llamaron a Sebastián Piñera para felicitarlo por el triunfo, uno de los más categóricos en la historia política de ese país. Así pues, nuevamente, ¿qué tiene que ver Chile, con Venezuela, con Perú, con Bolivia, con Argentina, donde la mandataria se negó incluso a entregar la banda presidencial a su sucesor? Chile, como ya es costumbre después del regreso de la democracia en 1990, ha dado otra notable lección de respeto y espíritu republicano, que viene a consolidar la línea de alternancia en el poder, sin la cual un sistema democrático puede devenir fácilmente parodia de sí mismo, bosquejo de republiqueta tercermundista.
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