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Venezuela 2019: más hambre, éxodo y corrupción

El país seguirá sufriendo los males que lo aquejan, o peor. No se evidencian indicadores de mejora para el próximo año, según organismos internacionales

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29 de diciembre de 2018 a las 05:00

El 10 de enero de 2019 Nicolás Maduro iniciará su segundo mandato presidencial de seis años (2019-2025) y todo indica que su gobierno será “más de lo mismo”.

Hay que recordar que Maduro, en uso de sus poderes plenipotenciarios, convocó a unas elecciones presidenciales anticipadas que se realizaron el pasado mayo, alegando la necesidad de “preservar la paz del país”. La iniciativa fue leída por muchos analistas como interés por el continuismo en una Venezuela donde, contrariando su discurso, lo menos que reina es la paz.

Los catorce países del Grupo de Lima, entre otros, no reconocen la reelección de Maduro como legítima. Aun así el gobierno se mantiene firme y, de cara al próximo año, no anuncia ningún cambio de rumbo o rectificación de sus políticas.

Si bien el mandatario ha emprendido un “Plan de Recuperación Económica”, han sido recurrentes los anuncios de planes oficiales que no hacen más que profundizar las medidas macroeconómicas que han llevado al país a la ruina, según critican sus opositores.

En materia petrolera, el gobierno afirma que aumentará la producción a través de convenios que han firmado recientemente con Rusia, pero la firma Ecoanalítica calcula que, aún en su mejor esfuerzo, el país perderá US$ 37.000 millones en 2019 en ese renglón.

Otro anuncio de Maduro es que venderán el petróleo en la criptomoneda petro como estrategia para “liberarse de las transacciones exclusivamente en dólares”. La medida está despertando extrañeza ya que el petro carece de credibilidad en los mercados internacionales.

Es probable que la bandera anti-imperialista será una de las principales prédicas del gobierno para el próximo año. De hecho, Maduro ya escribió en su cuenta de Twitter que dará “inicio al 2019 en las mejores condiciones, para hacer de Venezuela una Patria próspera e inexpugnable; no podrá imperio alguno arrebatarnos nuestro derecho a ser felices”. Agregó que “las sanciones impuestas por Estados Unidos no detendrán el desarrollo económico del país suramericano”.

En síntesis: el gobierno venezolano no ha dicho cómo combatirá una inflación del orden de 1.350.000% (cálculo del FMI), ni la caída del PBI del 18%; también habla de “felicidad y prosperidad” cual burla ante una población en situación de supervivencia; y apela al patriotismo, evadiendo responsabilidades sobre la crisis que se vive. En otras palabras, el próximo año arrancará con un balde agua fría para los venezolanos.

Lo cierto es que el continuismo del chavismo se basa en estrategias de control político de una población necesitada, por lo que no es de esperar mejoras significativas en ese plano. Y seguramente, el estar aferrados al poder tiene mucho que ver con evitar revisiones o auditorías de cuentas que no se hacen públicas desde hace años, o sobre las que se sospecha maquillaje de cifras. A esto se suman acusaciones por delitos de lesa humanidad.

Los organismos internacionales coinciden en las proyecciones de desplome económico. El FMI, por ejemplo, alerta sobre el riesgo de una pérdida del 60% de la riqueza per cápita en Venezuela entre 2013 y 2023 (índice similar al que sufren países en guerra) y proyecta una inflación del orden del 10.000.000% para 2019.

Misiones y redes de corrupción

En los comienzos de la llamada “Revolución del Siglo XXI”, el entonces presidente Hugo Chávez decía que en 2019 Venezuela sería una gran potencia económica. Lamentablemente, el país está más lejos que nunca de esa aspiración.  

Uno de los grandes legados del chavismo han sido las “misiones” (programas sociales de lucha contra la pobreza), que aún se continúan. Sin embargo, según una investigación del portal ArmandoInfo.com, desde hace unos años esas misiones se han convertido en verdaderos focos de redes de corrupción.  

Joseph Polizuk, uno de los periodistas de dicha investigación, señaló a El Observador que “detrás del hambre de los venezolanos, existe una verdadera trama de corrupción, dado que algunos empresarios, en complicidad con funcionarios del Estado, esconden en los llamados “CLAP” (Comité Local de Abastecimiento y Producción) de las misiones, todo un sistema de transacciones y colocación de dinero fraudulento en diversos paraísos fiscales”. El fraude estaría dado por sobreprecios en las importaciones masivas de alimentos que acrecientan crecientes fortunas personales.

Varios países de la región, como Estados Unidos y Colombia, también han iniciado investigaciones sobre el flujo trasnacional en torno al negocio de los CLAP. Se espera que los resultados de algunas de las investigaciones se alcancen el próximo año.

El caso de los CLAP es solo la punta del iceberg de otras redes de corrupción que son denunciadas o investigadas desde el exterior, como la supuesta vinculación de altos funcionarios venezolanos con el narcotráfico. Todo es parte de la misma madeja de depresión y caos en el que está sumido el país.

Éxodo

La ONU proyecta que los migrantes y refugiados venezolanos llegarán a 5,3 millones para fines de 2019. Hoy en día están en orden de los 3 millones.

A esta altura, el éxodo está conformado no solo por aquellas personas que rechazan la ideología chavista, sino por quienes en algún momento confiaron en la revolución y hoy sufren también las consecuencias del régimen.

Mientras tanto, un gobierno que llegó a decir en cadena nacional “al que no le gusta que se vaya” (como si fuera el dueño del país), ahora niega o banaliza el hambre y la migración; una verdadera bofetada para la ciudadanía e incluso, para una izquierda inspirada que sí creyó en ideologías solidarias genuinas, y no en la corrupción.

Lo cierto es que la crisis de Venezuela seguirá afectando a otros países de la región, sobre todo a los que están recibiendo a masas de venezolanos necesitados a pesar de no contar con los recursos o políticas públicas acordes a estos grandes volúmenes de migración.

La ONU advirtió esta semana que el fenómeno está al borde de salirse de control. Como dice el proverbio, “Que Dios nos agarre confesados”.   

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