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Zoológicos modernos

La paradoja de la extinción amenaza ahora a los propios zoológicos. Enfocados ya definitivamente al rescate y la preservación de especies, en los parques de fauna modernos prácticamente no quedan animales entre rejas, y fuertes movimientos batallan por el cierre de los que retrasan o niegan el cambio 

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19 de septiembre de 2018 a las 05:00

[Por Pablo Donadio]

¿Es posible el rescate de animales heridos o en peligro sin restringir su libertad? ¿Puede estudiarse lo que no se conoce? ¿Tiene derecho el ser humano a tal aventura con las demás especies? Son preguntas sin respuestas claras, que abordan un dilema vigente y caliente: el de la necesidad-utilidad de los zoológicos. Lo que sí hay con claridad es una tendencia: el ocaso de un estilo de exhibición que primó durante siglos. La valoración y estudio de animales en cautiverio ha ido evolucionando, y es casi inconcebible su atesoramiento ya como símbolo de distinción o poder, como ocurrió en el reinado de los faraones egipcios hasta en las cortes europeas más cercanas. Ahora los zoos muestran para entender, porque quien entiende ayuda a preservar. Ese cambio de eje (y mea culpa) los torna atractivos y plantea otros interrogantes derivados: si hay animales que ya han sido capturados, rescatados o nacidos en cautiverio y corren riesgo de muerte al trasladarlos o liberarlos, ¿por qué no ofrecerles un buen hábitat donde también estudiarlos para respetarlos? ¿Esto admite una nueva era de especialistas del rescate animal o de simples comerciantes modernos? Hay voces hacia ambos lados. La estrategia mundial de reservas naturales zoológicas exige que estas sirvan para preservar la biodiversidad y para concientizar a la opinión pública, con animales moviéndose en paisajes espaciosos similares a sus hábitats. ¿Pero todos los zoológicos cumplen hoy esas demandas que insumen tiempo, dinero y mayor-mejor espacio? Existen propuestas interesantes, como la del Loro Parque español, la del zoo alemán de Leipzig y la del parque natural suizo de Lucerna, junto a las contradicciones argentinas de Mundo Marino y el penoso Ecoparque porteño.

Desinformación

Para muchos especialistas, el cuestionamiento a los parques aún existentes es un problema múltiple de desinformación. Aclaran para empezar que la fauna que atesora la mayoría de estos espacios modernos llega fundamentalmente de rescates. Y algunos animales, como la famosa orca Morgan del Loro Parque de Tenerife (rescatada al borde de la muerte en playas del mar de Wadden, Holanda), representan casos paradigmáticos. Hace dos años la orca apareció en un video donde se la veía varada en la plataforma del complejo, lo que suscitó una campaña contra el zoológico de la ONG Dolphin Project, en la que aseguraba que el animal “intentaba suicidarse”. ¿Hicieron bien o mal entonces? Depende de qué se valore. Tanto la concientización sobre si el ser humano tiene derecho a disponer de los animales como las noticias negativas de zoos de todo el mundo (ataques a personas, muertes de animales, escapes) ha acelerado el necesario proceso de cambio.

“¿La película que más daño ha causado a la imagen de los zoológicos fue Liberen a Willy (1993)?”, le consultan a Rafael Sánchez Ríos, responsable del departamento de orcas del Loro Parque en el portal web El Español. “Aquella película distorsionó completamente la labor que realizamos actualmente y sirvió como escudo a un ruidoso grupo en Estados Unidos que presionó hasta conseguir la liberación de la protagonista, una orca llamada Keiko. Lo que poca gente sabe es que poco después de ser liberada murió de un simple catarro”, cuenta el especialista, que explica más sobre el caso Morgan. “Hay mucha desinformación, desconocimiento y antropocentrismo. Una buena parte de los animales que recogemos han sido desplazados por su grupo, han perdido su hábitat natural, están en peligro de extinción en la naturaleza o simplemente no poseen las habilidades necesarias para sobrevivir. La razón por la que Morgan quedó varada y herida en aquellas costas holandesas se debe a sus problemas auditivos: es sorda. Liberar al mar un animal en estas condiciones es firmar su sentencia de muerte”, comenta. Loro Parque abrió hace 40 años y sus instalaciones, presupuesto y objetivos se han ampliado y modificado a nuevas necesidades. Su trabajo con el loro orejiamarillo, especie endémica de Colombia y en peligro de desaparición total (quedaban unos 20 ejemplares hace años, hoy son más de 2.000) lo han instalado como un referente. En los últimos años, y a través de su fundación, se han invertido más de 14,4 millones de euros en proyectos de recuperación y conservación de especies en peligro. Cada año se publican docenas de artículos científicos basados en investigaciones de especies que se conservan en estas instalaciones, conocimiento que sería muy difícil, y en algunos casos imposible, de conseguir en la naturaleza.

Las arcas posibles

Guiado por el biólogo y documentalista Fritz Jantschke, el canal multimedia DW en Español armó un pequeño corto de acceso libre en YouTube donde analiza el zoo de Leipzig, el más moderno de Alemania, y el Parque Natural y Jardín Zoológico de Goldau, en Suiza. De ellos destaca la conservación y espacios, pero sobre todo su tarea informativa. “Para mejorar en serio, cada uno debería concentrarse en un tema y desarrollarlo de manera tal que cuando se salga de allí no se diga solamente que se pasó una tarde genial, se vio tigres y elefantes, sino que se llevó algo para cambiar el comportamiento frente al medioambiente”, afirma Jantschke. Clases con niños donde se les muestra la depredación de algunas especies por los humanos, el coleccionismo, la modificación del medioambiente por la intervención humana y su relación con la vida alejada de lo silvestre son parte central del trabajo que rescata el complejo alemán.

En las afueras de Lucerna (Suiza), el Parque Natural y Jardín Zoológico de Goldau bien podría convencer incluso a quienes proponen directamente cerrar los zoológicos. Abierto en un desmoronamiento natural de montaña, entre sus peñascos viven especies mayormente europeas, y funciona desde hace años el proyecto de liberación de los quebrantahuesos, aves desaparecidas del país y hoy nacidas en cautiverio con las que están repoblando su geografía. “¿Pero realmente pueden sentirse cómodas las especies que necesitan mucho espacio, como los grandes felinos y elefantes?”, se pregunta el documental. Pese a muchos estudios, hasta ahora ningún zoo importante prescinde de los paquidermos. Caso similar es el de los homínidos, donde los chimpancés se destacan por su composición social, que según el Dr. Jantschke torna casi imposible la construcción de un espacio adecuado. Esto ha llevado a algunas organizaciones a pedir derechos humanos para ellos, como la posibilidad de vivir en libertad. “¿La presión de atraer a los visitantes está por delante del bien de los animales?”, vuelven a preguntarse en el cortometraje. Sí, pero hacia ambos lados, como se muestra con el lobo y el oso, desaparecidos en Europa Central y cuya reproducción en cautiverio sería simple pero inconveniente por ser animales “temidos” en libertad por su cercanía al ser humano. “Se convertirían en un problema, en un perjuicio como población en la naturaleza. En cambio, en el zoo son muy queridos, desde una distancia prudencial”, cuentan.

En Australia los animales autóctonos son una atracción para los viajeros, por eso muchos parques se encuentran entre los mejores del mundo por su enfoque y espacio disponible, y se los considera santuarios de vida silvestre, incluso en cercanía de grandes urbanizaciones. Uno de ellos es el Zoológico y Acuario Nacional en las afueras de Canberra, único en su tipo por combinar animales exóticos y nativos con la interesante vida marina australiana, mientras en una colosal península del puerto de Sídney, el Zoo Taronga exhibe más de 2.600 animales individuales de 340 especies. 

Canguros, koalas, grandes cocodrilos y otras especies locales se mueven con tranquilidad en el galardonado Zoológico Tropical de Cairns, en Palm Cove, acaso la mayor colección de vida silvestre de la parte tropical del norte de Queensland. En todos ellos prima el compromiso con la educación y la investigación del medioambiente, y en algunos casos, el amparo y programas de protección contra el tráfico, como el que posee el Australia Zoo con el tigre asiático.

Contradicciones argentinas

Dos casos argentinos ponen en foco el espíritu conservacionista y la desidia política. En el antiguo Zoo Buenos Aires, Cleo, la tigresa blanca, salta contra el vidrio de contención que la separa de los pintores que trabajan en el proyecto. Pupy, el elefante africano, se queda impávido en el estrecho hueco de su recinto, mientras un oso de anteojos reposa ostensiblemente triste en una canasta. Son distintas reacciones al estrés, aseguran, que provoca las obras del aún no estrenado Ecoparque, que desde 2016 debió remplazar viejas prácticas y pésimas estructuras del predio ubicado en Palermo. Pese a las promesas y las obras de restauración y acondicionamiento, solo se relocalizaron 350 ejemplares; el resto —1.200 animales— siguen allí soportando malas condiciones y los perjuicios del cambio. En la Unidad de Proyectos Especiales (UPE) Ecoparque Interactivo de la Ciudad, prometieron extremar los cuidados y aseguraron que para el 2023 las construcciones antiguas convivirán con el moderno Faro de la Biodiversidad, locales gastronómicos, centros educativos y de conservación, entre otros anuncios ambiciosos. Pero la realidad es otra. Hace apenas unas semanas, una invasión de ratas y cucarachas fue filmada por el naturalista y museólogo Claudio Bertonatti, uno de los exdirectores del zoológico y asesor al que recurrió el gobierno porteño para intentar salvar el fallido parque en el que murieron dos animales más: la rinoceronta Ruth y la jirafa Jacky.

Como contrapartida, Mundo Marino, en la costa atlántica argentina, se aleja de la vieja imagen relacionada con el circo y la animación. Hoy, el complejo ubicado en San Clemente del Tuyú no deja de tener su visión recreativa, pero la conservación gana terreno desde que cuenta con el primer Centro de Rescate y Rehabilitación de Fauna Marina de Latinoamérica, al que han concurrido veterinarios, biólogos y técnicos de toda la región para formarse y trabajar en sus países. Su fundación recorre más de 11.000 kilómetros de playa por año asistiendo a animales enfermos o lastimados, tomando muestras de ejemplares muertos y de la basura (grave amenaza para la fauna), y ya ha atendido a más de 8.500 ejemplares heridos. El centro, con el único banco de germoplasma de fauna marina de Latinoamérica, fue financiado por Naciones Unidas, presentó más de 250 trabajos de investigación, y realiza y apoya investigaciones y actividades relacionadas con la conservación que dan sustento técnico a personas e instituciones. Uno de sus proyectos bandera trata la contaminación que afecta al pingüino de Magallanes como bioindicador ambiental de contaminación oceánica por hidrocarburos en el mar argentino. Desde el año 1987 hasta 2014 fueron rescatados 2.455 pingüinos de Magallanes, el 74% empetrolados.

¿Es posible este y otros logros sin restringir la libertad de algunas especies? “Un argumento de quienes defienden la existencia de los zoos es que estos cumplen una función conservacionista, que en estos lugares se cría, aparea y encarcela a animales que se encuentran en peligro de extinción para que podamos disfrutar de ellos. Para mantener la existencia de seres debido al interés que tenemos nosotros, los humanos, en disfrutar de su existencia”, plantean críticamente desde la web Igualdadanimal.org. “Si hiciésemos caso a los activistas más desbocados y cerrásemos todos los zoológicos: ¿no necesitaríamos crear unas instalaciones donde poder curar animales heridos o desplazados, rescatar y conservar especies amenazadas, dar cobijo y cuidado veterinario a ejemplares capturados ilegalmente o abandonados, estudiar, investigar y ampliar nuestro conocimiento de la fauna, concienciar a la población de la necesidad de resguardar el medioambiente y las especies que en él habitan? ¿Dónde colocarías todos esos animales?”, contesta retóricamente Javier Almunia, doctor en Ciencias del Mar y director de la Fundación Loro Parque.

Discusiones puertas adentro

La situación en Uruguay no es menos conflictiva, con el Parque Lecocq y el zoo de Villa Dolores en el centro de la escena. Para Eduardo Tavares, director del Sistema Departamental de Zoológicos de Montevideo, el Lecocq es una institución necesaria y en condiciones de ser moderna, pero faltan recursos para ello. Sin embargo, recibirá a algunos de los animales que habitaban en el zoológico de Villa Dolores, como los avestruces.

Pese a los fondos aprobados para reabrir el predio de Villa Dolores (unos 6,9 millones de dólares que contemplan también el Planetario y el Parque de la Amistad), su puesta a punto aún no llega tras cuatro años de clausura. Ahora, el moderno zoo planificado, que tendría solo especies autóctonas y regionales (las africanas y australianas “que puedan trasladarse” irían al Lecocq), abrirá el segundo semestre de 2019 según Juan Canessa, director de Artes y Ciencias de la Intendencia de Montevideo en entrevista con El País en junio de este año. 

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