7 de agosto 2024 - 5:00hs

El Medio Oriente está a punto de estallar en una gran guerra regional. Una guerra que echa por tierra los esfuerzos de Estados Unidos y, sobre todo, de la Unión Europea para lograr un cese del fuego e intercambio de prisioneros del Hamás por rehenes israelíes en Gaza. Y la pregunta que los observadores internacionales se hacen es: ¿en qué medida la eliminación en menos de 48 horas del jefe militar de Hezbolá (Fuad Shukr) y del líder político de Hamás (Ismael Hanniyeh) contribuyeron a desatar la “tormenta perfecta” para esta inminente guerra?

Más allá del debate sobre la legitimización moral de esa política de eliminación puntual de terroristas enemigos que ha caracterizado a Israel por años —y que incluye en su larga lista al Sheikh Ahmed Yassin líder religioso y fundador de Hamás, el del iraní Mohammad Reza Zahedi, comandante de la Guardia Republicana Islámica en Líbano y Siria, o del mismísimo mítico architerrorista Muhamed Deif líder militar del Hamás—, la duda es en qué contribuye esta política de represalia para la (in)estabilidad regional.

La pregunta es más pertinente que nunca. La eliminación de Hanniyeh en pleno territorio soberano de Irán supone el cruce de “líneas rojas” para el régimen de los Ayatolas.

Esta política no ha contribuido a disuadir al “bloque de resistencia”, sino que, por lo contrario, la eliminación de estas figuras no ha disuadido a la estrategia elaborada por Irán de bordear y hostigar a Israel permanentemente. De hecho, se agrava con la amenaza latente de atacar a Israel frontalmente y con mayor determinación que el ataque perpetrado con misiles el pasado abril.

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La eliminación del jefe militar y el líder político de la semana pasada, sumada a la destrucción de Gaza, no le obligan a Yahyia Sinwar a cambiar su estrategia.

El analista político Akram Atallah, del periódico árabe Al-Ayyam, es contundente: Hamás va a terminar prácticamente destruido después de este enfrentamiento. A pesar del aparente apoyo que tiene la resistencia en la Cisjordania, la gente que sufre en Gaza, a la cual Hamás desprotegió en forma criminal, muy probablemente con el tiempo le impedirá seguir gobernando la Franja.

Pese a los golpes recibidos, Sinwar está jugado a mantener el pulso sabiendo perfectamente que sus cartas de negociación siguen intactas.

https://www.bbc.com/mundo/articles/crgly3epygpo
Sinwar fundó el servicio de seguridad de Hamás.
Sinwar fundó el servicio de seguridad de Hamás.

Sinwar conoce muy de cerca las debilidades de Israel con respecto a los rehenes, y tiene claro los desafíos internos y externos de Israel. Sabe muy bien la presión de la sociedad civil israelí por parar la guerra, así como los debates dentro del aparato de seguridad israelí que se opone a la decisión del premier Natanyhau de seguir la guerra hasta el fin del Hamás.

A pesar de que se quedó prácticamente sin Gaza y sin batallones, a Sinwar le alcanza con los rehenes y mantener una mínima guerra de guerrillas para conservar su vigencia y seguir condicionando la negociación. A eso se le agrega lo que para Sinwar es como un regalo del cielo: el ataque de Israel en Teherán. Ello lo acerca a su plan original que es la guerra regional que lleve al final de Israel.

Contrariamente a la opinión de Thomas Friedman en The New York Times, insinuando que el 7 de octubre es una reacción a la creciente política de asentamientos y de usurpación de tierras palestinas en la Cisjordania, la verdad es que a Hamás al igual que a Irán la ocupación israelí en Cisjordania nunca les fue de su interés. No hay que ir muy lejos en la historia para recordar que la esperanza de un acercamiento de paz entre palestinos e israelíes —desde los acuerdos de Oslo, continuados en la negociación de Camp David en los 2000, que terminaría con la ocupación— fueron básicamente destruidos por los terroristas suicidas de Hamás.

https://www.bbc.com/mundo/articles/cxw2xyzpz2lo
Pese a ser considerado uno de los más poderosos del mundo, el ejército de Israel fue incapaz de hacer frente al ataque de Hamás del 7 de octubre.
Pese a ser considerado uno de los más poderosos del mundo, el ejército de Israel fue incapaz de hacer frente al ataque de Hamás del 7 de octubre.

Para Hamás e Irán todo el estado de Israel es ocupación. No hay ni habrá ninguna opción de dos Estados. El 7 de octubre fue el momento en el cual Yahyia Sinwar entendió que debía ser el comienzo del diluvio que enterraría a Israel.

Israel sabía esto de antemano, y eso obliga nuevamente a formular las preguntas con mayor ímpetu. No solo en qué falló Israel el 7 de octubre, sino en qué medida Israel está también interesada en esta escalada contra Irán. ¿No era claro que estas acciones llevarían a esta situación de tensión? ¿No será que la concepción estratégica de Natanyahu justamente coincide con la de Sinwar, y que ambos esperan al enfrentamiento final?

Dar respuestas a este dilema nos lleva a ver en qué medida los intereses tácticos y estratégicos de Israel coinciden y en qué medida son contradictorios.

Fuad Shukr era un blanco legítimo. Era el jefe militar de mayor rango de Hezbolá. Tenía a cargo el arsenal de armas más avanzadas del grupo, en particular de los misiles de precisión, misiles de crucero, misiles costeros, cohetes de largo alcance y vehículos aéreos no tripulados… además de haber sido el responsable directo de ataques terroristas contra Israel.

Ismael

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Iraníes con banderas palestinas e iraníes llevan el retrato de Ismail Haniyeh en Teherán
Iraníes con banderas palestinas e iraníes llevan el retrato de Ismail Haniyeh en Teherán

, considerado como el brazo político de Hamás, fue ridículamente definido por el Wall Street Journal como mediador en el conflicto entre Israel y Hamás. Es cierto que Haniyeh difiere de Yahya Sinwar y el recientemente eliminado Mohammed Deif, líderes militares que pasaban su tiempo escondidos en los túneles de Gaza. A diferencia de ellos pasaba su tiempo en los hoteles cinco estrellas de Qatar y era la cara diplomática de la organización terrorista. Elegido como líder político en 2017, antes de ser exilado de Gaza, se convirtió ciertamente en la cara política e internacional de Hamás, creando una imagen de moderado. En realidad, la verdadera diferencia entre él y Yahyia Sinwar es que el segundo quiere la exterminación de Israel con bombas y cuchillos… Haniyeh prefería con cianuro.

Haniyeh fue uno de los promotores de lograr una "Hudna" con Israel: es la búsqueda del cese al fuego cuando el islam es golpeado por enemigos más fuertes, y ello con el fin de rearmarse y volver al ataque. No hay nada en este concepto que invite a un tratado de paz, más bien lo contrario.

Pero es claro que el carácter de estos enemigos no fue lo que condujo a Israel a su eliminación. Toda personalidad por mas importante que sea es sustituible y eso Israel lo sabe.

A nivel táctico, a corta escala, la intención de Israel fue clara: hacerle entender a Hamás y Hezbolá que Israel les aguanta el pulso hasta el final y que los alcanza en el lugar que sea. Las políticas de represalia de Israel desde tiempos de Ben Gurión hasta la fecha siempre tuvieron como meta: llevar la guerra a la casa del enemigo y no dejar ninguna acción sin responder, sin tener miedo a una escalada bélica regional. La guerra contra Egipto en 1956 fue un claro ejemplo de cómo el nivel táctico, es decir la lucha contra los “fedayín” (la prehistoria del terrorismo de la OLP) podía llevar a un conflicto regional que terminó con la derrota militar de Egipto.

Precisamente a nivel táctico quien entendió mejor que nadie a Israel fue el cantautor Bob Dylan con su canción de 1983 dedicada a Israe: “The neighborhood bully”. En síntesis, en un “barrio duro” se juega con las leyes del barrio sin dejar pasar ninguna oportunidad de confrontación sin responder.

Sin embargo, hoy como ayer, el nivel táctico no nos conduce a nada si no va acompañada por un criterio estratégico claro. Y he aquí que, más que la eliminación de dos personajes importantes en el sistema militar y político de Hezbolá y Hamás, la meta era enviar un mensaje a dos actores políticos antagónicos: Teherán y Ryhad.

El mensaje a Teherán era hacerle entender que la estrategia de atacar a Israel con sus proxis evitando la represalia israelí a su propio terreno soberano se acabó. Israel podrá sangrar en el intento, pero Teherán mucho más, especialmente en un momento en que el régimen de los Ayatolas está en constante presión interna. No solo el creciente desafío de las mujeres iraníes quienes valientemente arriesgan su vida en su lucha contra el régimen de los Ayatolas, no le pasa desapercibido al régimen, sino lo que enloquece a los dirigentes máximos iranies, es el gran número de iranies en posiciones importantes dispuestos a arriesgar sus vidas colaborando con el Mossad israelí. No hay mejor prueba de ello que la eliminación de Haniye en los edificios mismos de la Guardia Revolucionaria que es corazón de la defensa de la revolución islámica.

El mensaje a Ryhad va también incluido en la acción en Teherán. Israel en conjunto con los Estados Unidos son los únicos que pueden contener a Irán que es el máximo competidor de Arabia Saudita en la disputa chiita y sunnita en el mundo árabe. A pesar de la constate reprobación a Israel por su política contra los palestinos, el líder saudita Ben Zalman disfruta este momento. Entiende claramente que a pesar del intento de acercamiento de Teherán hacia Ryhad, el Irán radical chiita sigue siendo su enemigo mortal y no Israel, y un Israel fuerte y determinado es también del interés de Arabia Saudita.

En este punto, el carril táctico y estratégico de Israel coincide y han resultado exitosos. Sin embargo, en el nivel estratégico, se desprenden dos carriles que son aparentemente contradictorios y que envuelven a Israel en un peligroso dilema.

La acción de Israel en el Líbano e Irán aparentemente rompió el carril estratégico más promisorio que era la vía propuesta por Biden y Anthony Blinken, la cual el mismo Thomas Friedman anunciaba como la verdadera carta estratégicamente ganadora para Israel.

La estructura concebida por Anthony Blinken secretario de Estado y Jake Sullivan asesor de seguridad nacional, incluye la conformación de un bloque para contener a China en el plano económico y a Irán en el plano militar. El grupo económico I2-U2, compuesto por la India, Israel, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos, asimismo como el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa, conocido como IMEC son diseños estratégicos destinados a fomentar vínculos comerciales y de suministro de energía entre la Unión Europea y la India, a través de los aliados de Estados Unidos en el Golfo Pérsico.

La idea de una gran alianza geoeconómica pro-estadounidense que se extienda desde la UE, a través de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, hasta llegar a la India, que sería acompañada por un tratado de defensa mutua con Arabia Saudita, que también implicaría la normalización de las relaciones entre Arabia Saudita e Israel. Esta alianza significaría que todos los aliados de Estados Unidos en Oriente Medio, incluyendo a Jordania, Egipto, los Emiratos Árabes Unidos, Israel, Arabia Saudita y Bahréin operen como un equipo coordinado contra la “coalición de resistencia” iraní.

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Pence y Natanyahu se reunieron en Israel / AFP / POOL / Ariel Schalit
Pence y Natanyahu se reunieron en Israel / AFP / POOL / Ariel Schalit

A primera vista parece imposible que Israel pueda rechazar esta carta ganadora. Sin embargo, esta carta fue y es aún boicoteada por Natanyahu. Muchos atribuyen ese boicot al precio que tendría que pagar Natanyahu para entrar en esta iniciativa. Ello sería el final de la guerra, que con seguridad llevaría a la caída de su gobierno.

Fuera de tales cálculos políticos personalistas que no son despreciables, tampoco debe dejarse de lado los cálculos estratégicos alternativos de Israel, que sin ninguna duda enfurecen a la administración americana y que para Israel pueden llegar a ser vitales.

El precio que pagaría Israel por la liberación de una primera tanda de rehenes, es ver al Hamás salir de los túneles. Israel debería retirarse del control del paso Filadelfia en la frontera con Egipto, que es la bomba de oxígeno de Hamás. A ello le debemos agregar la pérdida de control del pasaje de la población del sur de Gaza al norte, que implicaría el probable pasaje de terroristas armados.

En pocas palabras, un tratado de cese de fuego y luego fin de la guerra, puede darle la oportunidad a Hamás de transformar su derrota en pronta recuperación.

A todo eso se le agrega la frase más difícil de deglutir para la coalición de gobierno de Natanyahu, la de comenzar un proceso creíble de negociación para el establecimiento de un Estado palestino.

La negación de Natanyhau a abordar tal desafío, aísla peligrosamente a Israel, y la pregunta es a qué apuesta en este momento en el que optó por la escalada a conflicto regional.

Es muy probable que esta vez la contribución de Egipto y Jordania a la defensa de Israel no esté asegurada. Más aún, Biden, saturado ya de Natanyahu, le hizo entender a Israel que Estados Unidos colaboraría medianamente en la defensa contra los misiles de Irán y Hezoblá pero no ayudaría a Israel en lo que se prevé será el ataque al corazón de Irán y del Líbano.

Natanyahu juega una partida de póker sumamente complicada por su resistencia al arreglo estratégico. Quizás también entienda o intuya que por más enojo que haya contra él en lo personal, Biden no dejará solo a Israel en momentos de necesidad.

Natanyahu calcula que justamente un Biden ya liberado de la presión del ala progresista del partido Demócrata, y sin obligaciones electorales, puede ponerse firmemente al lado de Israel, aunque esto sea solamente como una ayuda en momentos de vida o muerte.

Natanyahu está convencido que a pesar de las objeciones del mundo occidental, Israel puede terminar de liquidar los últimos residuos de Hamás y ser aún parte de una coalición con países del Golfo Pérsico y Arabia Saudita sin pagar el precio de entrar en una negociación por el Estado palestino y sin aceptar las condiciones presentadas por Hamás.

Aunque el riesgo que toma de Natanyhau, al negarse al arreglo es muy alto, no necesariamente esta equivocado en sus cálculos.

Pero la objeción que le hacemos a la estrategia de Natanyahu es que si bien tiene razón en no hacerle concesiones tácticas a Hamás a pesar del riesgo que eso acarrea a la vida de los rehenes, sus objeciones a no entrar en negociaciones por un Estado palestino como exige Arabia Saudita, son superables, y obviamente que para ello necesitaría un cambio de coalición gubernamental.

Las objeciones sobre el paso Filadelfia, sobre el control de pasaje de terroristas de sur a norte asimismo como la demanda de Natnyahu al Hamás de entregar la lista de los rehenes vivos, son demandas justas y logrables. Hamás a pesar de no estar derrotado y de aún estar en control de la negociación, sabe que no tiene mucho más a dónde ir. La opción de salir de los túneles con una bandera de victoria aunque sea pírrica puede ser mejor que la gran guerra regional a la que apuesta Sinwar, a fin de destruir a Israel.

Muy probablemente esta guerra regional golpee fuertemente a Israel pero puede perfectamente terminar en una nueva Naqbah (expulsión de palestinos) más que en la destrucción de Israel. Sinwar lo sabe y también tiene en cuenta ese detalle. Ser un nuevo Haj Amin el Husseini uno de los responsables de la Naqbah de 1948, no es demasiado tentador. Los propios palestinos lo despreciarían.

Y aquí vamos al punto de la negociación por un Estado palestino que como sostenemos en este artículo, Natanyhau debería abordar ya, y eso viéndolo en forma contra-intuitiva desde su propia perspectiva ideológica (contraria a la creación de un Estado palestino). Ni él, ni nadie, piensan que tal negociación aunque se aborde con seriedad pueda llevar a buen puerto. Natanyahu haría en esa negociación lo que hizo siempre, decir “sí a la negociación” y a la vez trabar todo progreso.

Pero la razón más importante por la cual esta opción no puede prosperar es que los palestinos mismos no la quieren. No la quisieron en el pasado y no la quieren ahora. Tuvieron muchas oportunidades de tener un Estado independiente y las rechazaron todas. La razón es sencilla: no pueden aceptar al Estado sionista al lado de un Estado palestino. En definitiva la idea de Palestina “desde el río hasta el mar” es el sueño palestino, que no se cumplió, y no se cumplirá.

Para los palestinos la utopía y la “justicia” que supondría el exterminio de Israel es más importante que la posibilidad de tener un Estado independiente

Lo paradójico es que la posición de Natanyahu y la de los palestinos llevan al mismo final que es la negación a la opción de un Estado palestino independiente al lado del estado de Israel.

Por esta misma razón, y contrariamente a la negatividad de Natanyahu, Israel debería entrar en la vertiente que le ofrecen los americanos cuanto antes. Mejoraría la posición estratégica de Israel en el tablero regional y global.

Hay que ser claros. Entrar en esta vertiente no traería la tan deseada paz a la región. No es esa la razón detrás de la estrategia americana. Más aún, esta estrategia confrontaría a la coalición sunita, americana e israelí con la coalición de resistencia iraní en una forma más dramática, llevándola a ser quizás un detonante de conflicto mundial o cuanto menos a una nueva Guerra Fría.

Pero Israel no queda aislado del mundo democrático a pesar de las protestas post-colonialistas en las universidades americanas y pasa a ser socia predilecta y legítima del resto del Medio Oriente.

Aquí concordamos con Thomas Friedman: es vital para Israel un cambio de coalición gubernamental, y el abordar seriamente la vertiente que le abre un “sionista” como Biden en los últimos meses de su mandato. Ni Kamala ni Trump abordarían el tema de Israel con la misma buena intención que tiene un idealista del viejo orden liberal en el que Israel esté incluido. Lo que pretende Biden en sus últimos suspiros como presidente coinciden con el mejor interés de Israel en estos momentos y por ello es importante que, a pesar de las justas objeciones de Natanyhau, Israel debería entrar en el esquema.

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