El Observador | Leonardo Pereyra

Por  Leonardo Pereyra

Columnista político
11 de agosto 2024 - 5:25hs

“Ni loco. Yo no voto un colorado ni en pedo”. La reacción del veterano militante nacionalista fue inmediata luego de conocer la imposibilidad, la herejía política que le proponía Luis Alberto Lacalle Herrera.

Corría la primavera de 1996, y cobijado bajo un añoso árbol de un pueblo perdido de Tacuarembó, el expresidente y por entonces líder herrerista, trataba de convencer a un grupo de correligionarios acerca de las bondades de la reforma electoral que sería aprobada en el plebiscito del 8 de diciembre de ese año.

Una reforma craneada desde los partidos Nacional y Colorado para impedir, a través de un balotaje, el imparable ascenso de la izquierda hacia el poder.

Finalmente los votantes de las divisas fundacionales se unieron para llevar a Jorge Batlle a la presidencia en la segunda vuelta de 1999. Allí empezó a caer el muro que separaba a blancos y colorados, y comenzó a construirse el puente por el que Luis Lacalle Pou caminó hacia la presidencia en 2019 tras 15 años de predominio de la izquierda.

Ya quedan muy pocos como aquel veterano herrerista que ni siquiera borracho aceptaba votar a los enemigos históricos de Aparicio Saravia y de Luis Alberto de Herrera. Este 2024 encuentra al país otra vez dividido en mitades y las diferencias entre las viejas divisas a veces se tornan imperceptibles.

Y eso Andrés Ojeda lo sabe. Por eso, la estrategia del abogado mediático que se quedó con la candidatura colorada tras las internas del 30 de junio, es clara: dentro de la coalición de gobierno, todo; fuera de la coalición, nada. Y si para evitar el triunfo del Frente Amplio hay que disminuir a la mínima expresión sus diferencias con el Partido Nacional, así se hará. Y no ocultará su genuina admiración por Luis Lacalle Pou, admiración que lo hermana con los votantes nacionalistas que ven en el presidente a un líder indiscutido. Y Ojeda sabe que como Lacalle Pou no puede ser candidato en las próximas elecciones, esos blancos votarán a quien más se le parezca. Y el elegido puede ser Álvaro Delgado, el delfín del presidente, pero también este hombre que, según las últimas encuestas, trepó en las preferencias de los adversarios de la izquierda.

La encuesta de Opción de agosto mostró una caída del Partido Nacional del 28% al 20%, y un crecimiento del Partido Colorado del 7% al 13%. El sondeo de Cifra reveló una caída de los blancos del 33% al 27% y los colorados pasaron del 8% al 9%. En tanto, en la encuestas de Equipos los nacionalistas cayeron de 26% a 22% y los colorados subieron de 9% a 11%. Lejos aún, pero…

“¡Qué miedo!

Como fue dicho, Ojeda no cesa de afirmar que Lacalle Pou es su principal referente político y no duda es destacar sus virtudes cada vez que puede.

El martes 30 presidente participó en el Día del Exportador y al cierre de su discurso aludió, sin nombrarlo, a la ausencia de Yamandú Orsi en el evento, en el que había más de un candidato oficialista.

"Yo no fui de los mejores estudiantes, cuando no iba a un examen y me hacía la rata, era porque me había rifado casi toda las bolillas", ironizó el mandatario.

Las críticas de la izquierda contra el mandatario por haberse metido en la campaña política no tardaron en llegar, y tampoco se demoró el festejo de Ojeda ante la ironía del presidente.

Qué miedo les vino cuando apareció Lacalle Pou!, es brutal, saltaron todos, al unísono", dijo el candidato colorado.

Un allegado a Ojeda señaló que la comparación con Lacalle Pou beneficia antes al abogado que al propio candidato blanco: “Delgado podrá representar al gobierno, pero el más parecido a Lacalle es Ojeda”

Por su lado, fuentes coloradas dijeron que, mayormente, no preocupa en esa colectividad la cercanía de Ojeda con los nacionalistas, ni creen que afecte la “independencia” colorada. Sobre todo cuando esa estrategia, o postura filosófica, está dando cierto resultado según las últimas encuestas.

Los colorados dicen que aquellos blancos “inamovibles” como el veterano herrerista recordado al principio de esta nota son minoría; el resto está dispuesto a migrar si no se siente cómodo en su colectividad de origen, se esperanzan. Y sueñan con llegar a un eventual balotaje contra el frenteamplista Yamandú Orsi.

En cambio, en el Partido Nacional es mayoritaria la opinión de que la caída en las encuestas de los blancos responde a una coyuntura muy particular en la que se juntaron el enojo por la designación de Valeria Ripoll como compañera de fórmula de Delgado, y los hechos de corrupción que envolvieron a la administración artíguense de los Caram-Dos Santos.

Un operador blanco dijo a El Observador que los dirigentes nacionalistas ya asumieron la candidatura de Ripoll pero que en el electorado nacionalista la rabia de algunos tardará un tanto en bajar.

“Los blancos son así. Ya tiraron la bronca pero al final terminarán volviendo. Tenemos que salir de todo este barullo para poder encarar la campaña con más tranquilidad”, señaló.

Allegados a Delgado consideraron que el empuje de los colorados es una golondrina de invierno que se vendrá abajo antes de que empiece la primavera.

No obstante, hasta que se demuestre lo contrario, la figura de Ojeda ha sembrado entre los colorados la esperanza de una resurrección que parecía imposible.

Además, este martes Pedro Bordaberry confirmó que presentará su propia lista al Senado lo que es visto en el partido como una inmejorable oportunidad para disputarle votos de la derecha y centroderecha a Cabildo Abierto y al Herrerismo.

En las encuestas de setiembre se sabrá si el vuelo del candidato colorado es corto o si puede terminar dándoles una mala sorpresa a sus compañeros blancos de la coalición que lo quieren ver crecer pero no hasta el punto de desbancarlos de la carrera por el poder.

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