El único planeta que tenemos, nuestra casa, está en llamas. Nuestra pieza en esa casa, Latinoamérica, está en llamas. El humo tiñe el cielo, el hollín vuelve negra a la lluvia. A medida que la temperatura sube, la superficie que cada año se incendia aumenta.
Lo mismo que está pasado en Brasil, Paraguay y Bolivia, ocurre en otras partes del mundo. Ahora lo que sigue. Los incendios cada vez más grandes se vuelven incontrolables, las cenizas llegan hasta aquí. Se incendia la Amazonia, el Chaco, inédito en magnitud -van más de 10 millones de hectáreas calcinadas- horripilante para cualquiera que entienda lo que eso realmente significa para el presente y el futuro. Pero en general no se entienden las implicancias de lo que sucede. En el estado de anestesia general sobre este tema, no importa cuantas señales se sumen, cuantos signos se agreguen, aunque caiga una lluvia negra, por más que nuestros pulmones se vean amenazados, este seguirá siendo un tema secundario o terciario. Son simplemente “cosas que pasan”. Incendios, sequías e inundaciones siempre hubo. Claro que nunca tantos y tan grandes.
Conviene repasar el significado de lo que está pasando. El deterioro se acelera. Estamos presenciando un fenómenos frecuente en varios ámbitos: un loop, un circuito de retroalimentación que se acelera. Vamos pedaleando en bajada. El deterioro que acelera el deterioro. Me debilito, me enfermo, me debilito más. Me va mal, recurro al alcohol para olvidar, me va peor.
El paso uno, el origen, es que a medida que siguen las emisiones de gases de efecto invernadero, la temperatura se vuelve anormalmente alta y aumentando y las sequías se vuelven mucho más frecuentes.
El paso dos ocurre cuando coinciden altas temperaturas con sequías. Lo que sucede en el centro del continente. En zonas con hojarasca y madera, los incendios se hacen más frecuentes y devastadores. Lo hemos visto en Grecia, en Rusia, en Canadá, en Australia, en todas partes. Ahora se dan con violencia extrema en América Latina.
El paso tres ocurre cuando esos gigantescos incendios se desatan generando un desastre de biodiversidad, emiten calor en gran escala y con cantidades enormes de humo y dióxido de carbono, lo que retroalimenta a la situación inicial y acelera el proceso. Lo que técnicamente se llama un loop de retroalimentación positiva. Como cuando se acerca un micrófono a un parlante y se produce un acople ensordecedor. Los incendios seguirán y serán mayores, los hielos se seguirán derritiendo, los océanos acidificándose.
Pero en muchas sociedades eso no inquietará. La mayoría de la gente quiere consumir información breve, graciosa, que cause un cierto asombro pasajero. De modo que aunque la actual es en cierto sentido una era de la información, lo que es dramáticamente importante para el futuro de la civilización, para un niño o niña que nazca hoy, convive con una multiplicidad de banalidades “entretenidas”.
El gradual deterioro ya nos ha golpeado hace poco y lo hará cada vez más.
Cuando la Amazonia funcionaba, generaba ríos de agua en los cielos, algo tan maravilloso y poético como real. Estos ríos pasaban por el este de Bolivia, bajaban por el noreste de Argentina y regaban a Uruguay. Muy cada tanto este flujo, este cauce invisible se alteraba y generaba alguna sequía. Ahora esos ríos se harán cada vez más escasos y erráticos y la alteración se hará cada vez más frecuente como bien supimos muy recientemente.
Por si los incendios fueran poca señal, en este momento los ríos Paraguay y Paraná se están secando, hay una bajante histórica. El propio Amazonas tiene una bajante histórica. Pero hablar de estos temas ni da votos, ni genera simpatías ni dinero. No divierte ni reditúa.
Estos loops de deterioro llevan a cruzar los puntos de no retorno. los ecosistemas a cruzar niveles de deterioro tras los cuales ya no pueden restablecerse. En algunos años la Amazonia se convertirá en un pastizal semi árido y aquí cabe preguntarse ¿cuánto lloverá en Uruguay cuando colapse la Amazonia? En este caso el concepto, para el lector que quiera profundizar es el de “puntos de no retorno” o tipping points. Ese nivel de deterioro a partir del cual el proceso ya es imposible de frenar. El fumador que deriva en un EPOC. ¿Cuando se cruza ese punto? Es muy difícil de saber. Ese es uno de los muchos aspectos que hacen difícil el manejo informativo del tema y que la gente lo comprenda. Nunca veremos la noticia de que se cruzó el punto de no retorno que lleva a una decadencia irreversible de la Amazonia. Tal vez ya haya sucedido.
En cualquier caso es importante enterarse de que está colapsando la gran fuente de agua del continente, mientras en la cordillera los hielos se derriten. Menos agua de deshielos, menos agua de las florestas . Nadie puede sorprenderse cuando llegará la próxima sequía que se lleve cientos de millones de dólares de Uruguay.
Es poco probable que se hable de eso en campaña electoral. Es algo que no tiene un culpable único y concreto. Preocupar a la gente no da votos. El verdadero colapso, sino hay reformas profundas, ocurrirá dentro de algunos años, pero no podemos saber exactamente cuántos. Nuestra psiquis no está preparada para pensar en plazos lejanos e imprecisos.
Para Uruguay además de una grave amenaza, se trata de una oportunidad enorme, el ser el laboratorio de las soluciones cada vez más urgentes que se necesitan. Hemos licitado en esta semana áreas para sacar hidrógeno del mar, hemos licitado antes bonos cuya tasa está atada a cuán bien trabajemos para solucionar el problema, en el campo hay quienes contra viento y marea dan la pelea por el campo natural, el silvopastoreo, y tantas otras estrategias que intentan revertir desde la producción de alimentos y de fibras naturales el camino equivocado que se sigue transitando hacia un destino del color de la lluvia que ha caído en estos días.
La gran Jane Goodall, que ha visitado a sus 90 años América Latina, lamentablemente sin pasar por Uruguay, propone que estos temas hay que explicarlos desde la esperanza, desde la oportunidad, desde explicar lo bello que puede ser el futuro en armonía con la naturaleza, sin humo, sin incendios masivos, con energía barata y limpia. Y tiene razón. Sigamos intentando porque la alternativa es inimaginablemente oscura. Cuando la tecnología logre bajar las emisiones de metano de nuestras vacas ¡qué alegría!, cuando la electrificación nos independice en el precio de la energía de los vaivenes violentos de Medio Oriente, ¡qué festejo! Cuando llegue la urea verde a precio accesible para el productor libre de energía fósil, ¡que distinción! Los países vecinos protestan ante la exigencia de que no se deforeste, tanto mejor para nosotros que hemos sabido tomar esta lógica exigencia en una obvia oportunidad.
La tarea es sumamente compleja. Sostener el crecimiento y de ser posible acelerarlo mientras se “descarboniza y desmetaniza”, generar empleos y mejores salarios mientras se emprenden reformas para lograr esos objetivos, lograr el cambio cultural que le de la mano derecha a quienes trabajan en el centro del problema desde la ciencia, deje a este tema tan importante por fuera de la polarización política y todo a la vez y con urgencia.
Y si lo anterior no se logra, y si la sociedad global y local sigue anestesiada, prepararse para un continente que será muy distinto y peor del que tenemos en el presente. A hacer sombra, a hacer agua, a prevenir incendios, a prepararse para el riesgo estructuralmente creciente. Especialmente para la producción agropecuaria, a cielo abierto y totalmente expuesta a un clima cada vez más inestable.