23 de julio 2024 - 18:06hs

Ya no se trata solo de argumentar en torno a las diferencias entre reforma o transformación, o entre ajustar o modificar, o sobre la progresividad o intensidad de los cambios, sino más bien de profundizar en las ideas fuerza y las herramientas que nos permitan conectar con futuros mejores, convocantes y posibles para las nuevas generaciones. Desde diversidad de ángulos queda claro que las maneras en que los humanos se relacionan entre sí y con la naturaleza, es insostenible no sólo respecto al cambio climático y la pérdida de biodiversidad, sino también en lo cultural, político, territorial, afiliatorio y económico.

No es que a la educación le cabe la principal responsabilidad de forjar estilos de vida sostenibles, solidarios y saludables, pero sin su debida priorización y jerarquización como política pública, no se cimentan futuros mejores para las nuevas generaciones. Aun bajo el supuesto que se priorice la educación, no se trata de sólo incidir en una o varias piezas del sistema educativo, ya sean programática, institucional, docente, de gestión y financiera, para que la educación pueda sostener imaginarios de sociedad más justos e inclusivos. Esencialmente, se requiere que la educación se reinvente, no con ánimo fundacional o de desprecio del pasado y del presente, a efectos de encontrar una renovada simbiosis entre el para qué y en qué educar y aprender, con el cómo, cuándo y dónde hacerlo.

El desafío parece situarse en repensar los propósitos, enfoques, estrategias y contenidos educativos de manera sistémica y transformacional, bajo perspectivas de formación y de aprendizajes a lo largo y ancho de toda la vida y que impliquen fortalecer las sinergias entre los espacios formales, no formales e informales de aprendizaje. La alumna o el alumno apreciados y apuntalados como personas, así como la orientación y facilitación de sus oportunidades, procesos y resultados de aprendizaje por educadores empoderados y apoyados en sus roles, es el punto de referencia para repensar los sistemas educativos en su globalidad.

No es a un enfoque educativo ser “mano” en las transformaciones educativas sino el conjunto articulado de ideas fuerza sobre el bienestar y desarrollo integral del alumno enmarcado en los imaginarios de sociedad perseguidos. La educación que se ambiciona no se define sustancial y únicamente por la sumatoria de los enfoques institucionales, curriculares, pedagógicos y docentes que se puedan escoger, sino por la integración de los mismos, juntamente con otras piezas del sistema educativo, en torno a las ideas fuerza que informan visiones de la educación y de la sociedad que van necesariamente de la mano.

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Desde diversidad de instituciones y con perfiles variados, se van generando a escalas global, regional y local, diversidad de procesos de construcción colectiva sobre lo que supondría repensar la educación. Entre los aportes que suma a una visión global de conjunto de la educación, cabe destacar el realizado por el think tank suizo, “Center for Curriculum Redesign” (CCR por sus siglas en inglés). El CCR se autodefine como un equipo de futuristas, ingenieros, diseñadores curriculares, educadores, investigadores y desarrolladores de software comprometidos en forjar cambios positivos y transformacionales (https://curriculumredesign.org/about/our-team/ ).

El CCR acaba de publicar un libro seminal “Education for the Age of AI”, producido por cinco especialistas del centro, que ayuda a repensar la educación conectando el para qué y en qué, con el cómo, y a través de las interrelaciones entre aprendizajes, currículo, pedagogía e inteligencia artificial (IA). Una de las virtudes del libro, entre muchas otras relevantes, radica en mostrar en cómo se puede avanzar en sustanciar una visión de cambio de la educación. En esta columna, abordaremos dos de las puntas planteadas en el Capítulo 3 “Wisdom – Enduring Goal of Education” del libro.

En primer lugar, el libro se destaca por una clara argumentación en torno a repensar los propósitos de la educación que no vienen dados por la adquisición de conocimientos o por un núcleo de competencias vertebradoras de las propuestas educativas. CCR señala que el propósito de la educación es forjar sabiduría que se entiende como el dotar a los individuos y a las sociedades del juicio crítico, la empatía y el coraje moral necesarios para alinear responsablemente decisiones con principios éticos y el bienestar más amplio de la humanidad y del planeta. Por un lado, la alusión a la sabiduría como denominador y aglutinador de las tradiciones de pensamiento oriental y occidental – por ejemplo, el pensamiento socrático, confuciano o las raíces más modernas de la educación progresista-; y por otro lado, la conjunción de la ética y del bienestar como el norte de referencia de la formación de las personas y las comunidades.

La idea fuerza de sabiduría orienta el desarrollo de las cuatro dimensiones que constituyen el marco de formación propuesto por CCR. Se alude a las dimensiones de carácter – como nos comprometemos con el mundo-, al conocimiento – que conocemos-, a las habilidades - como usamos lo que conocemos – y al meta aprendizaje – como reflexionamos y adaptamos nuestro aprendizaje. La sabiduría como idea fuerza informa el desarrollo del carácter, del conocimiento, de las habilidades y de la meta aprendizaje de los alumnos. La sabiduría puede entenderse como un principio ético, sustanciado por imaginarios de sociedad, que orienta a las personas y a las comunidades a cultivar el pensamiento autónomo y la reflexión, a desarrollar relaciones interpersonales positivas y a muñirse de habilidades y saberes a la luz de los desafíos que les plantea un mundo recientemente disruptivo. Entre otros factores disruptivos mencionamos la cuarta revolución industrial (4RI), la era poscovid-19, la sostenibilidad y la inteligencia artificial generativa (IAG).

En segundo lugar, CCR plantea la necesidad de comprimir en una educación “K-12” – comprende educación inicial, primaria y media - las experiencias acumuladas por otras personas a la largo de centurias por medio de su articulación entre el currículo – foco en el para qué y el qué – y la pedagogía – el cómo. El desafío parece estar en lo que el CCR define como los aceleradores de la sabiduría que hacen a la combinación de enfoques de diferentes disciplinas con prácticas educativas que cultivan las habilidades reflexivas y de actuación de las personas.

CCR ahonda en cuáles serían los aceleradores de sabiduría que vinculen el qué educar y cómo hacerlo. Primeramente se trata de identificar cuáles son las maneras más efectivas de conectar al alumno con la sabiduría acumulada en la historia de la humanidad evitando caer en una sumatoria de contenidos fragmentados. Como se sabe uno de los grandes desafíos que enfrentan los sistemas educativos yace en asegurar la progresión de los aprendizajes en base a la combinación de los conceptos claves y los contenidos esenciales sobre los cuales se asienta la formación.

Se sostiene que la narrativa es una técnica particularmente eficiente para el objetivo de comprimir experiencias orientado por el propósito de sabiduría ya que permite una destilación de las experiencias de personas, grupos y comunidades en una cantidad de tiempo acotado. Bajo el entendido que la narrativa no es excluyente de otras maneras de fomentar la sabiduría, CCR argumenta que la misma forja un entendimiento contextualizado y permite trabajar componentes de la sabiduría como perspicacia y discernimiento. El énfasis en la sabiduría parece estar más asociado a formar seres libres y pensantes imbuidos de sensibilidad social y cosmopolita que le permita ser personas y ciudadanos de la comarca y el mundo.

CCR arguye que una conjunto de disciplinas pertenecientes a las ciencias humanas y sociales son la vía para compartir narrativas, a saber: (i) la historia como la exploración multifacética de la experiencia humana; (ii) la literatura como el facilitador de una visión holística de la vida que es central a la sabiduría; (iii) la antropología como la documentación de la sabiduría colectiva de las sociedades que frecuentemente es compartida por medio de las tradiciones orales y los rituales; y (iv) la sociología que ilustra como los individuos navegan normas y estructuras sociales complejas.

Asimismo, la sabiduría se desarrolla a través de lo que CCR define como temas interdisciplinares y el desafío de hurgar en su complejidad. Se trata de visualizar a la interdisciplinariedad como complementaria de la disciplinariedad que conjuntamente coadyuvan a la formación integral y balanceada del alumno como persona.

Entre los enfoques interdisciplinares más prometedores, CCR menciona el pensamiento sistémico que refiere esencialmente a la capacidad de reconocer las intrincadas interacciones que hacen a la naturaleza multifacética de desafíos globales, y a la toma de conciencia del impacto que pueden tener las acciones emprendidas por las personas y las comunidades en el abordaje de dichos temas. También se alude a la alfabetización en sostenibilidad, cambio climático, medio ambiente y temas asociados que implica poner la mirada, de mediano y largo plazo, en el bienestar de las futuras generaciones y el delicado balance de los ecosistemas que conforman los humanos con la naturaleza.

Respecto al cómo de educar, CCR hace referencia a un abanico de estrategias pedagógicas para forjar el desarrollo de la sabiduría desde edades tempranas. Por un lado, se menciona el aprendizaje experiencial que tiene por objetivo involucrar a los alumnos en situaciones de la vida real que les permita, asimismo, reflexionar y aprender de las experiencias vividas – por ejemplo, actividades de voluntariado o de servicios comunitarios y/o al aire libre, aprendizaje basado en proyectos (ABP), y/o la participación en ejercicios de simulación y de juego de roles. Por otro lado, la exposición de los alumnos a diversidad de perspectivas, a través de la interacción con personas de diferentes orígenes y puntos de vistas, coadyuva al desarrollo de la reflexión independiente, y constituye un antídoto frente a cancelar al otro por pensar u obrar distinto, o negar la diversidad y/o las diferencias entre personas, grupos, credos y tradiciones.

Asimismo, CCR resalta la importancia de incorporar principios de inteligencia emocional en las dinámicas de las clase por los educadores. Crucialmente esto implica el cultivo de las habilidades vinculadas a reconocer, entender y movilizar emociones a través de la empatía, la escucha activa y la comunicación respetuosa.

En tercer lugar, CCR argumenta sobre el rol de las tecnologías y en particular de la inteligencia artificial generativa (IAG) con sus luces y sombras. Las luces tienen que ver como la IAG – referencia a los grandes modelos de lenguaje (LLM por sus siglas en inglés) – no solo facilitan la adquisición de conocimientos sino también el pensamiento crítico a través de la toma de decisiones en ambientes virtuales donde se pueden explorar diferentes alternativas y anticipar posibles resultados en función de las valoraciones que realiza cada persona.

Por otro lado, las sombras refieren a los efectos negativos que una alta dependencia en Internet y los dispositivos digitales tienen en la reorganización de los circuitos neuronales y que tornan dificultoso a las personas pensar reflexivamente y en profundidad, y en definitiva ser libres. Uno de los claros y conocidos ejemplos es como los algoritmos de IA de las plataformas de redes sociales priorizan el contenido alineado con las creencias y preferencias de los usuarios. Ciertamente los sesgos de los algoritmos se contraponen a la consideración de diversas perspectivas, de entender la complejidad y los matices de cada tema, y de reconocer las propias limitaciones del conocimiento que una persona dispone.

En síntesis, repensar la educación en clave de cambio implica hurgar en nuevas maneras de entender y conectar el para qué y en qué educar, con el cómo lograrlo. Tal como sugiere el think tank suizo, “Center for Curriculum Redesign” (CCR), si el propósito de la educación yace en alimentar la sabiduría de los alumnos como seres libres, pensantes y proactivos, se requiere reimaginar como la integración con sentido complementario de los saberes disciplinares e interdisciplinares, movidos por la necesidad de comprender en profundidad el mundo desde el humanismo, y actuar de conformidad a principios éticos, puede llevar a que los alumnos sean protagonistas de sus aprendizajes y de cimentar futuros mejores.

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