Doctor en Derecho y Ciencias Sociales. Master en Derecho Penal por la Universidad Austral. Profesor de Derecho Penal.
Las dos cárceles nuevas prometidas, en el contexto de un sistema penitenciario que acumula décadas de deterioro estructural, hacinamiento crónico y condiciones que desafían cualquier estándar mínimo de dignidad, no resuelven nada esencial.
Un Estado inteligente no es el que concentra, sino el que especializa. Es el que logra que sus funcionarios se empapen en los temas de fondo de su cartera, que construyan criterio sectorial, que dialoguen con los actores relevantes de su área. La especialización ministerial no es un capricho burocrático; es una condición de eficacia regulatoria.
A esta altura, la pregunta ya no es si el sistema falla, sino quién responde penal y políticamente por un sistema que, una y otra vez, no cumple con su deber más elemental: preservar la vida de quienes están bajo su custodia.
Cinco niños, niñas y adolescentes murieron en dispositivos creados para protegerlos, al amparo del INAU. Sin embargo, el discurso oficial insiste en nombrar estos hechos como “tragedias”, “episodios dolorosos” o “fallas del sistema”.
La aceleración del conocimiento y la capacidad futura de la ciencia mostrarán con crudeza que lo que hoy se presenta como gesto de autonomía o compasión puede haber sido, en realidad, una claudicación prematura
Sopa de letras sobre presupuesto, transparencia y Republicanismo