Qué busca Trump con la Junta de Paz que presentó esta semana y que amenaza con dejar a un lado a la ONU
El presidente estadounidense ha prometido "poner fin a décadas de sufrimiento", pero los críticos desestiman su Junta de Paz y la califican de proyecto vanidoso.
24 de enero 2026 - 12:37hs
Reuters/BBC
La idea surgió el año pasado para poner fin a la guerra en Gaza y ahora tiene una finalidad mucho mayor, más ambiciosa y de alcance global. Reuters
"Una vez que esta junta esté completamente formada, podremos hacer prácticamente lo que queramos y lo haremos en colaboración con la ONU", dijo Trump. Reuters
El primer ministro de Eslovenia, Robert Golob, expresó su preocupación por la Junta de Paz y dijo que "interfiere peligrosamente en el orden internacional general". Reuters
Esta nueva junta va tomando forma e incluye al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. EPA
Debajo de la Junta hay tres niveles, dos de ellos centrados en Gaza. Reuters
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"Juntos estamos en condiciones de (…) poner fin a décadas de sufrimiento, detener generaciones de odio y derramamiento de sangre, y forjar una paz hermosa, duradera y gloriosa para esa región [Medio Oriente] y para el mundo entero".
Esta fue la ambiciosa promesa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al presentar su nueva Junta de Paz en el escenario principal del Foro Económico de Davos esta semana.
El mundo, plagado de tanto sufrimiento y conflicto, desea fervientemente creerle.
Pero para muchos observadores y funcionarios en capitales de todo el mundo, esto es una prueba más del empeño de Trump por desmantelar la arquitectura internacional de la posguerra y reemplazarla con nuevas instituciones, dominadas por él.
"No permitiremos que nadie juegue con nosotros", advirtió tajantemente el primer ministro de Polonia, Donald Tusk, en las redes sociales.
La idea surgió el año pasado para poner fin a la guerra en Gaza y ahora tiene una finalidad mucho mayor, más ambiciosa y de alcance global.
Pero de parte del mayor partidario de Trump en Europa, Viktor Orbán, llegaron elogios efusivos: "Si gana Trump, habrá paz".
¿Qué hará exactamente esta junta internacional, presidida de forma permanente por el propio Trump?
¿Podría ser esto un intento de crear una pequeña versión personal de la Organizaciçon de Naciones Unidas?
El poder del presidente de la Junta de Paz
La idea, nacida el año pasado en el marco de los esfuerzos liderados por Estados Unidos para poner fin a la guerra en Gaza y respaldada por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, ahora tiene una ambición mucho mayor, más grandiosa y de alcance global. Y gira en torno al presidente.
Según los detalles filtrados del borrador de la carta constitutiva, Trump sería presidente de la Junta de por vida, incluso después de dejar la presidencia de EE.UU.
Bajo esta carta, sus poderes serían inmensos: tendría autoridad para invitar o no a los Estados miembros; para crear o disolver órganos subsidiarios; y el mandato de nombrar a su sucesor cuando decida dimitir o en caso de incapacidad.
Si algún otro país desea convertirse en miembro permanente, el precio es la asombrosa suma de US$1.000 millones.
Este último golpe de efecto ocurre en un mes ya de por sí convulso.
En pocas semanas se ha producido la captura del líder venezolano por parte de EE.UU., las amenazas de Trump y los preparativos para una potencial acción militar contra Irán, y las demandas para adquirir Groenlandia, que causaron conmoción en Europa y más allá.
"Una vez que esta junta esté completamente formada, podremos hacer prácticamente lo que queramos y lo haremos en colaboración con la ONU", dijo Trump.
Diecinueve países se presentaron en Davos para la inauguración de la Junta, procedentes de todos los rincones del mundo: desde Argentina hasta Azerbaiyán, desde antiguas repúblicas soviéticas hasta reinos del Golfo.
Muchos más presuntamente han "aceptado unirse".
"En este grupo, me caen bien todos y cada uno de ellos", sonrió Trump mientras observaba a los líderes y funcionarios cuyos nombres figuran ahora en esta Junta o en los órganos ejecutivos subordinados.
Muchos otros posibles miembros se han negado cortésmente a sumarse hasta el momento.
"Es un tratado que plantea cuestiones mucho más amplias, y también nos preocupa que el presidente [de Rusia, Vladimir] Putin forme parte de algo que habla de paz", argumentó la ministra de Asuntos Exteriores de Reino Unido, Yvette Cooper.
Trump afirma que Rusia está de acuerdo, aunque el mensaje de Moscú indicaba que aún están "consultando con sus socios".
"Tal como está redactado el texto actualmente, no nos uniremos", respondió Suecia.
"La propuesta plantea interrogantes sin respuesta que requieren un mayor diálogo con Washington", fue la respuesta diplomática de Noruega.
Incluso un grupo de siete países de mayoría musulmana, incluyendo seis naciones árabes, además de Turquía e Indonesia, dejaron claro que su objetivo es una "paz justa y duradera en Gaza", que incluya la reconstrucción del enclave devastado.
Sin embargo, los detalles filtrados del estatuto de la Junta no mencionan a Gaza.
El primer ministro de Eslovenia, Robert Golob, expresó su preocupación por la Junta de Paz y dijo que "interfiere peligrosamente en el orden internacional general".
Para algunos críticos, incluidos algunos países reacios a unirse, se trata de un proyecto vanidoso de un presidente que no oculta su obsesión por ganar el mayor galardón: el Premio Nobel de la Paz, que Barack Obama recibió en 2009 al comienzo de su primer mandato en la Casa Blanca.
Los líderes mundiales saben que puede haber un precio que pagar por no unirse a este nuevo club.
"Le impondré un arancel del 200% a sus vinos y champán, y se unirá, pero no tiene por qué hacerlo". Esta fue la reprimenda de Trump al presidente de Francia, Emmanuel Macron, con la amenaza de usar su arma predilecta.
Solo Eslovenia expresó abiertamente su preocupación. El primer ministro del país, Robert Golob, dejó clara su inquietud: "Interfiere peligrosamente en el orden internacional en general".
Trump abordó esta preocupación directamente.
"Una vez que esta junta esté completamente formada, podremos hacer prácticamente lo que queramos y lo haremos en conjunto con Naciones Unidas", explicó ante la sala abarrotada que escuchaba atentamente cada una de sus palabras.
Pero al mandatario le gusta mantener al mundo en vilo.
Un día antes, cuando una periodista de Fox le preguntó si su Junta reemplazaría a la ONU, respondió: "Bueno, podría ser. La ONU simplemente no ha sido de mucha ayuda".
"Soy un gran admirador del potencial de la ONU, pero nunca ha estado a la altura de su potencial. La ONU debería haber resuelto todas las guerras que yo resolví", añadió.
¿Un nuevo aspirante a principal artífice de la paz?
La ONU, con sus 193 miembros, perdió hace tiempo su papel de principal garante de la paz.
Cuando entrevisté al secretario general del organismo, António Guterres, en octubre de 2016, en su primer día de mandato, apenas unas horas después de una inusual aprobación unánime por parte del Consejo de Seguridad, prometió "un impulso a la diplomacia para la paz".
Durante la última década, los esfuerzos de la ONU se vieron frustrados por el estancamiento del Consejo de Seguridad, el creciente número de actores que obstaculizan la paz y los estados que financian guerras en todo el mundo, así como por el constante deterioro de su propia posición frente a los actores más poderosos del mundo, incluido EE.UU.
"Todos debemos celebrar el activismo de Trump para poner fin a las guerras", apunta Martin Griffiths, un veterano de la ONU que cree que este nuevo esfuerzo es "obviamente un reflejo del fracaso del Consejo de Seguridad de la ONU y de la ONU en general".
Pero Griffiths, ex subsecretario general de Asuntos Humanitarios y Coordinador del Socorro de Emergencia de la ONU, advirtió: "Lo que hemos aprendido a lo largo de estos últimos 80 años, a través de muchos fracasos y torpezas, es el valor de la inclusión, de ser representativos de la comunidad global, no solo de los amigos de Trump".
El propio Guterres lamentó recientemente que "hay quienes creen que el poder del derecho debe ser reemplazado por el derecho del poder".
Preguntado en una entrevista con el programa Today de la BBC sobre la constante afirmación de Trump de haber puesto fin a ocho guerras, respondió con naturalidad: "Son ceses al fuego".
Algunos ya se han roto.
El acuerdo de paz temporal entre Ruanda y la República Democrática del Congo pronto se desmoronó, Camboya y Tailandia comenzaron a intercambiar acusaciones y más a lo largo de su frontera, e India cuestionó el papel central de Trump en el fin de su conflicto con Pakistán.
Esta nueva junta va tomando forma e incluye al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.
Pero solo la enérgica mediación de Trump podría haber puesto fin a la guerra de 12 días entre Irán e Israel.
Su participación personal finalmente logró un alto al fuego en el destructivo conflicto de Gaza el pasado octubre, lo que alivió tanto el sufrimiento de los palestinos como la angustia de los rehenes israelíes.
Su decisión de centrarse por completo en esta catástrofe, en parte en respuesta a las presiones de sus aliados árabes más cercanos y de las afligidas familias israelíes, lo impulsó a presionar al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y a Hamás para que llegaran a un acuerdo.
Pero tan solo la primera prueba para la Junta —pasar de la primera fase del acuerdo para poner fin a la guerra de Gaza— resulta ya abrumadora.
Incluso ahora, mientras se va conformando lentamente, la nueva Junta incluye a Netanyahu, quien ha prometido impedir el establecimiento de un Estado palestino, y a líderes árabes que insisten en que el único camino hacia una paz sostenible debe conducir a la autonomía palestina y al fin de la ocupación israelí.
Y la otra gran guerra en la agenda de EE.UU. y Europa es la de Ucrania. El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, se ha negado a sentarse a la misma mesa que Moscú y Minsk.
Debajo de esta junta existen tres niveles, la mayoría centrados en Gaza: una Junta Ejecutiva, una Junta Ejecutiva para Gaza y el Comité Nacional para la Administración de Gaza.
Los tres órganos reúnen una combinación de altos funcionarios estadounidenses y multimillonarios, así como respetados expolíticos y exenviados de la ONU con un profundo conocimiento de Gaza, junto con ministros y jefes de inteligencia árabes y tecnócratas palestinos.
Debajo de la Junta hay tres niveles, dos de ellos centrados en Gaza.
Incluso algunos críticos reconocen que Trump ha puesto sobre la mesa una batalla ancestral de otro tipo: la exigencia incesante de reformar la arquitectura de la ONU posterior a la guerra, incluido un Consejo de Seguridad que ya no se corresponde con el mapa político mundial de las principales potencias en cada región.
Argumentan que no es adecuado para su propósito.
"Quizás una consecuencia positiva no intencionada de lo que ha hecho Trump es que estos temas volverán a ocupar un lugar prioritario en la agenda internacional", reflexionó Mark Malloch Brown, ex vicesecretario general de la ONU.
"Salimos de un período de liderazgo extremadamente débil en la ONU y creo que esto podría ser un llamado a la acción", agregó.
Irónicamente, el intento de Trump de guiar al mundo hacia la paz coincide con el auge de las discusiones en muchas capitales para reemplazar a Guterres, quien finaliza su segundo mandato a finales de este año.
Trump, que anteriormente declaró que podría poner fin a la guerra de Ucrania en un día, ha aprendido en su último año en el poder que la búsqueda de la paz es un proceso prolongado y peligroso.
Aunque ahora elogió una región de Medio Oriente donde solo ardían "pequeños focos de conflicto" y prometió que un acuerdo en Ucrania "llegará muy pronto".
A su vez, se regocijó en su nuevo papel como aspirante a principal artífice de la paz.
"Esto es para el mundo", exclamó.
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